Wednesday, December 31, 2008

Ciudad Pegaso, el presente y nuestra responsabilidad


Otro año que se va. A algo más de 4 horas del 2009. Quedan atrás 365 días en que mi vida ha cambiado de forma radical. Londres es ya recuerdo, como el ser becario o el estar solo. Pero como le pasa al tiempo, pasado, presente y futuro se entremezclan.

Pudo ser el caso de la noche del sábado pasado. M. y yo fuimos a un concierto en "Ciudad Pegaso". Una barriada fundada por el Instituto Nacional de Industria, dirigido por Juan Antonio Suanzes, allá por 1956. Destinada a ser residencia de los obreros que trabajasen en la fábrica de la empresa estatal de camiones, es un pequeño y sencillo barrio a 11 kilómetros de la Puerta de Alcalá. Ahora es un espacio por el que han pasado los años, un suburbio con olor a último franquismo, pero con la fuerza reivindicativa que da la humildad del suburbio.

Allí nos dimos cita M., nueva en mi vida; mi viejo amigo y compañero Alex, conocido de Londres; y los amigos de este último. La ocasión lo merecía: un concierto de Rock de una banda de amigos que celebraban 20 años tocando juntos.

Era un local pequeño pero acogedor. Por la barra, por nuestras manos y por nuestros labios desfilaron bebidas de gente que ya ha pasado la barrera de los 30: whiskeys con hielo y, sobre todo, mucha ginebra con tónica. Y cubriendo todo, desde una esquina del local pero inundando las almas de los presentes, los mejores clásicos del blues y del rock n' roll. Van Morrison, Jimmy Hendrix, Dylan... hasta Tom Jones! Tras el intermedio, de principio a fin, The Rolling Stones.

Fue cuanto menos especial escuchar cómo se cerraba el concierto. Los tambores, rifs y aullidos de 'Sympathy for the Devil' lo cubrían todo, uniendo el tiempo de los sueños de los 60 con la vida de todos aquellos treintañeros un poco pasados y azuzados por la crisis económica. Los muros vibraban con lo salvaje e irracional del rock, con el 'tum, tum' repiqueteante del bajo y la percusión. El local levantado por el franquismo retumbaba y cambiaba de sentido. Como el de nuestros cuerpos que, ya pasados los treinta, tienen responsabilidad directa en el curso de un mundo que no hace nada más que empeorar. Así, mientras apuramos los últimos segundos del año, cada vez tenemos menos excusas para justificar que no somos responsables de lo que tenemos.

Monday, December 22, 2008

Nuestra televisión pública

Hasta que me vuelve la inspiración, seguramente con la entrada de año, he aquí un vídeo incomparable. Poco que comentar porque las imágenes hablan por sí solas. Después de tanto tiempo luchando por la libertad de expresión, por el fin del analfabetismo en España, por el conocimiento como vía para la libertad... esto. En un gobierno democrático y socialista, es más que paradójico. Ya sé que la aceptación de los discursos oficiales, de lo "normal" de lo que se dice que "está bien" es el sedante para el cambio, la trampa para frenar el inconformismo e incluso soñar en algo nuevo. Pero esto es demasiado descarado.

Friday, December 05, 2008

Nosotros frente al espejo


Contemplarse en un espejo es una situación extraña, ¿o no les parece, queridos lectores? Seguramente no recordamos la primera vez que lo hicimos, pero tenemos grabado a sangre y fuego esa sensación, que se repetiría una y otra vez, de preguntarse a uno mismo: ¿ése soy yo? ¿ese aspecto tengo?

Mirarse a un espejo es un momento emocionante. Solos, frente a frente. Tu yo interior, el que mejor se conoce y, generalmente, el que mejor se acepta. Y tu yo exterior, tu imagen, lo que los demás ven. He tardado mucho tiempo en hacer coincidir a los dos. Han pasado años y años pensando que tenía dos yo: el interior, el mío, el auténtico... y el externo, el que todos veían, el que nada decía de mí. Sin embargo, ambos eran erróneos: seguramente somos nosotros por fuera y por dentro. Y es díficil hacer coincidir al pensamiento, al sentimiento, lo que se esconde tras nuestras pupilas y lo que, un día frente al espejo, vemos que somos. Pero a veces, llega un momento en que uno y otro coinciden: alma e imagen se reconocen, se miran, se identifican, se dan la mano y, por qué no, se abrazan y son una.

Friday, November 28, 2008

5, 0.33 a.m.

Nubes que encierran al Castillo Rojo. 0.33 de la madrugada. Vino en mano. Humo blandiendo mi teclado desde la izquierda. Y el sonido de la soledad golpeando en mi cabeza. Y frente a mí, el resplandor de todo lo que esta ciudad ha sido y, seguramente, ya no es. Escapo por un momento de todo, del estrés de la preparación de unas clases, de la vida de una ciudad de provincias que no espera.
Mañana, despertar temprano. Desperezarse. Una ducha. El frío seco de Granada. Maleta improvisada. Y el destino de una ciudad imperfecta, de plástico. 5 horas hasta mi destino. 5 días hasta mi destino. Y de camino a los 5 meses contigo. Llegaré entonces a una estación que no me dice nada. En una ciudad del norte, en el centro de España. Tan importante para el poder que nos comanda. Tan importante para el futuro de nuestro país. Y que a mí no me dice nada. Y en el centro de todo, tú.
Todos caminamos hacia la muerte. Y, supuestamente, a la búsqueda de una felicidad inalcanzable. Pero siempre hay algo. Siempre. Siempre hay algo que nos desborda, que nos hace perder la razón, que desetiqueta nuestro pensar, que nos hace perder el sentido de las cosas. Siempre algo que nos transporta a no sabemos donde. Para unos un anhelo, para otros una esperanza inalcanzable. Y para otros como yo, una realidad. Duermiendo en lo cotidiano está lo que nosotros esperamos. Sólo hay que encontrarlo. Tan fácil como eso: neblinas que sólo hay que descifrar hasta formar parte de ellas y perdernos en la eternidad. Ánimo lectores, todo aquello está junto a nosotros. Sólo hay que tener ojos para encontrarlo, acercarse, abrazarlo y hacerlo nuestro. Vamos allá.

Wednesday, November 19, 2008

Es una historia que se escribe en los portales

Las letras de Quique González son fotografías de un pasado y un presente que nos pertenece. Sus versos son como fotografías, sus palabras como fotogramas que, al sonido de un arpegio o de un rif de guitarra, hacen que nuestras sensaciones se descuelguen por las notas de lo cotidiano, de lo propio, de lo que no es ajeno.
Las historias de sus canciones son humanas. Son sentidas, llenas de sentido común, lejanas de metáforas inalcanzables y cercanas a lo cotidiano. Son letras donde aparecen autobuses rojos, chicas dispuestas a todo, perdedores, boxeadores en retirada, conserjes que atisban cómo restregamos nuestros cuerpos por los portales, salitres pegados a la piel que hacen imposible olvidar a una chica, días de feria, músicos fracasados en el backstage, bocas de metro donde parejas se unen para siempre, amigos de la infancia que recuerdan cuando eran reyes y corrían por la playa con palomas atadas a los dedos.
El sábado pasado Quique González tocó en Granada. Fue en la Industrial Copera. Un concierto temprano, a eso de las 21.40 de la noche. Vimos el concierto los dos, con mis nervios entre las letras de Quique y la piel de ella. Después, el día siguiente, el domingo. Y una nueva despedida. A la madrugada de ese día, mientras que veía como su autobús encaraba el norte, en mi cabeza rebotaba aquello de ‘es domingo por la tarde, la suerte es una ramera de primera calidad’, a la vez que sentía el golpear de las olas y el olor del salitre, mientras veía cómo su figura se alejaba. Mientras yo gritaba para mí el imposible de ‘tengo que olvidarte de alguna manera’. Después, me consoló aquel verso que me hacía asegurar que tenía ‘una estrella de reserva en la estación de sus caderas’. Aunque sea una historia que se escriba en los portales, tengo que confesar que vuelvo cada día allí. Sé que me espera.

Tuesday, November 11, 2008

Memoria Histórica


Garzón, huesos escondidos, sombras de represión que se alargan, voces que piden el silencio... memoria histórica. Tan importante que incluso ocupa portadas de periódicos compitiendo con la crisis económica, las declaraciones de la reina Sofía y el noviazgo de la Duquesa de Alba. Hace unos días El Mundo publicó un artículo donde, por una vez, recababa la opinión de los especialistas del pasado: los historiadores. Es cierto que algunos no lo eran (v. gr. Pío Moa), aunque también contasen. Algunos amigachos míos dejaron sentir su voz también. Los más radicales y los más jóvenes: todo un orgullo. He aquí una selección agrupada en PP, PSOE, IU e inclasificables. En negrita, mis amigachos. En subrayado, las barbaridades. Entre paréntesis, tras el asterisco, mis comentarios. Espero los vuestros.


Derecha
El pasado pesa en España porque el presente lo manipula. ¿Por qué Garzón pierde su tiempo y el dinero de los españoles en investigar lo que no tiene investigación judicial posible? El Consejo General del Poder Judicial debería investigar al juez para ver si se dedica a lo que debe.
—FERNANDO GARCÍA DE CORTAZAR (* y tu eres el primero)


Se puede juzgar al franquismo todo lo que se quiera, pero es competencia de los historiadores, no de los políticos ni de los tribunales. Sin embargo, los asesinatos de más de 100.000 personas por ambos bandos no fueron delitos comunes. Se cometieron por grupos políticos.
—STANLEY G. PAYNE ( * Aprendete las cifras Stanley: 80.000 represaliados por la República... más de 150.000 por el franquismo)

No es adecuado suscitar de nuevo los rencores propios de una guerra civil donde los dos bandos participantes tienen mucho de que arrepentirse (...). No se puede hablar de genocidio, sino de delitos comunes que se cometieron en ambas partes. El amor y el perdón es lo único que puede permitirnos salir adelante.
—LUIS SUÁREZ (del Opus Dei: * ¿puede perdonar y amar quién está enterrado en una cuneta? Si amas y perdonas, condena a Franco y a su régimen, y no dirijas su Fundación)

Es un disparate. Todos seríamos criminales de guerra. Quien gana las guerras legisla, y eso vale para los Capeto y para Robespierre, para Napoleón y para los del Dos de mayo. Si el Caudillo es un criminal de guerra, también lo son Largo Caballero, Indalecio Prieto y quienes asesinaron a Nin. Mala fue la represión franquista, pero peor habría sido la de Stalin si hubieran ganado los republicanos.
—FERNANDO SÁNCHEZ-DRAGÓ (* ¿ Se puede condenar a quien no cometió un asesinato?)

El sumario es históricamente falso, judicialmente inspirado en el modelo chequista. No hubo genocidio, sino grados de terror en los dos bandos...
—PÍO MOA ( * ¿no hubo represión franquista? ¿nuestro sistema judicial es democrático o 'chequista'?)

Izquierda
No sé qué pretende con el procedimiento penal. Un juez no puede establecer la verdad histórica (...). El recurso de la Fiscalía está muy bien argumentado.
—SANTOS JULIÁ

Más a la izquierda...
La sublevación del 36 fue más que una simple rebelión militar. La eliminación consciente y premeditada de un colectivo, en este caso social y político, es genocidio y su declaración no prescribe.
—ANTONIO ELORZA (* no estoy de acuerdo con esta palabra: aunque la represión fue brutal, es exagerada, por las cifras, las víctimas y el carácter)

Tiene un sentido más simbólico que práctico, aunque la Ley de Memoria Histórica ya era suficiente. La represión fue un plan de exterminio, como también lo fue la persecución de la Iglesia durante la guerra.
—JOSÉ ÁLVAREZ JUNCO

Si se sigue la doctrina emanada de Núremberg (...), el delito de detención ilegal no prescribe. Existe en España la visión generalizada de que el franquismo fue más permisivo que otros regímenes de corte fascista, cuando la dictadura fue brutal y sistemática en la represión.
—ALEJANDRO QUIROGA

Si los franquistas cometieron o no crímenes contra la Humanidad lo decidirán los jueces; lo que los ciudadanos sabemos es que destruyeron la primera democracia española aniquilando a quienes la apoyaban.
—GREGORIO ALONSO

[Por cierto, a esos dos últimos: nos debemos unas pintas]

Wednesday, October 29, 2008

La Alhambra apagada


Varias preguntas con respuesta: ¿Cuál es la mayor fuente de riqueza de Granada? El turismo. ¿Cuál es la 'joya de la corona' de nuestras 'atracciones', la razón por la que gente cruza mares, océanos y montañas para llegar a nuestra ciudad? La Alhambra.

El domingo pasado, 26 de octubre, todos los españoles cambiamos la hora para ahorrar energía; los granadinos en esto no somos especiales y también lo hicimos.

Esta foto fue tomada ayer al atardecer. Refleja los contornos de la Alhambra, el cielo azul y gris, preparado para esa tormenta que caería cuando ya nos anocheció. Pero, pero, pero... la Alhambra, el castillo rojo... ¡está a oscuras! ¡Alguien ha olvidado cambiar las manillas del reloj automático de encendido del alumbrado! ¡Y ayer estábamos a martes! ¿Pasará también hoy?

El domingo es el día en que el Albayzín recibe más visitas. Las calles están sembradas de grupos y parejas de turistas. El destino predilecto es el mirador de San Nicolás, para el que la calle donde habito es paso casi obligado. El domingo, mientras trabajaba, escuchaba a los turistas preguntarse dónde estaba la Alhambra, si había desaparecido. Sus cámaras preparadas, listas para captar el momento granadino por excelencia, ahora lleno de oscuridad. Y los labios de las parejas enamoradas, listos para besarse y paralizados por una Alhambra que no era.

¿Es tópico decir que en Granada somos un poco chapuceros? ¿Que alguien no cumple con su obligación? Opinen lectores y, si pueden, no duden en acercarse al Albayzín al anochecer. Quizá contemplen el espectáculo de la Alhambra como siempre fue: sin luz eléctrica y atravesada por los contornos del aire granadino.

Saturday, October 25, 2008

Carreteras secundarias

Dicen que es difícil recorrer el camino que la vida nos tiene guardado. En cambio, preferimos tomar autopistas de peaje, carreteras en las que no se ve el paisaje... pero que nos llevan en menos tiempo a nuestro destino.

Nos cuesta trabajo recorrer las carreteras secundarias, aquellas que sentimos más propias, aquellas en las que somos más nosotros. Es en esas rutas donde encontramos los mesones con caras amables, las especialidades de la casa y, en algunas, las cálidas chimeneas donde arden los troncos en invierno. Pero son más solitarias. Pocos se atreven a utilizarlas, porque vivimos pegados al reloj, a nuestro punto de destino, a aquello que se nos tiene trazado.

Con la vida pasa igual. En teoría, para nosotros, afortunados del primer mundo, nuestra vida consistiría en etapas muy claramente marcadas: acabar el bachillerato, entrar en la universidad, conseguir un trabajo, conseguir una novia, conseguir una iglesia donde casarnos, conseguir casarnos, conseguir una hipoteca -incluso ahora-, conseguir tener hijos, conseguir pasar los días dando una buena educación a nuestros hijos... y el ciclo se repetirá con ellos hasta que nos alcance la muerte.

Confieso que hasta el momento había discurrido por esta autopista. Todo perfecto. Dentro del guión. Es más, al final de cada tramo, a cada paso por el peaje, veía las caras de los que me rodean saludando con una sonrisa modélica. Pero la vida juega malas pasadas. Y, a veces, de las autopistas parten ramales que llevan al campo, a la vida salvaje, a lo real, a lo imprevisto y al sentimiento. Llevo más de tres meses discurriendo por una de esas carreteras secundarias, con baches, con un futuro incierto pero con un paisaje y unos olores maravillosos. Un camino díficil con el que no contaba pero del que, por el momento, no me puedo apartar. Mientras tanto, queridos lectores, ¿seguiréis esperándome en el siguiente peaje de la autopista donde puede que nunca llegue o nos encontraremos en alguna carretera secundaria?

Thursday, October 16, 2008

Cuando las palabras parecen volver del exilio


Desde joven crecí con el rock and roll. Nunca me he perdonado ni entender ni apreciar lo necesario la música clásica o la ópera. Pero el rock y el pop, lo tengo hasta en la sopa. Soy de esos pocos locos que todavía se compran discos, los buenos, después de bajárselos.

Por otro lado están los libros. Confieso que, no hace muchos años, me costaba lo suyo abrir un libro, sentir interés por lo que en él se decía, tener la calma para pasar las horas en silencio. Pero milagros de la naturaleza aparte, los libros se han acabado convirtiendo en compañeros de los mejores momentos de mis días.

Por el rock y por los libros, el sábado 18 de octubre será un día especial. A las 12 horas, en la Biblioteca de Andalucía, presentaremos el libro de Jordi Vadell: "En cada lamento que se hace canción. Una interpretación de las letras de José Ignacio Lapido".

Lapido es ese músico granadino que marcó sus primeros compases en 091 y, desde hace unos años, en solitario. Sus canciones rebosan sentido, sus letras son espejos de un mundo muy especial... y su música es rock and roll en castellano. Sin embargo, no ha sido apreciado por el público quizá como merecía. Tenía una canción que anunciaba el tiempo en que "las palabras vuelvan del exilio". Esperemos que este libro, páginas de letras y melodías, lo saquen de ese ángulo muerto donde nadie lo ve. Allí os esperamos, Jordi Vadell, el autor; Enrique Ortiz, el poeta y prologuista; Lapido, el artista; y un humilde servidor, poeta y músico frustrado. Por la noche nos vemos en la Sala 'El Tren': allí presentará su último disco, 'Cartografía'.

Sunday, October 12, 2008

Ante la paradoja, sigamos soplando


Podría decirse que las paradojas mueven el mundo. También la ironía. Y a veces, van unidas. Aunque no tengan gracia.

Crisis por allí, crisis por acá... las cifras y los gráficos desnucados inundan los periódicos, los telediarios, los programas radiofónicos. No hay mal que por bien no venga: la realidad pone a prueba a nuestros políticos y, también, a nuestros medios de comunicación. Algunos políticos empezaron diciendo que esto era una "desaceleración", y otros se alejaron súbitamente de un neoliberalismo que inunda su programa (no creo que sea necesario dar nombres o siglas que, ahora, poco importan). Y los medios de comunicación, por fin, publican noticias: esto sí que es paradójico. La prensa amarilla parece interesarnos menos (salvo el caso de la Duquesa de Alba, incólume a crisis mundiales). Los telediarios aparcan las noticias de sucesos y por fin hablan de la realidad y de nuestros problemas. Y los periódicos publican hasta reportajes de investigación tratando de descifrar qué sucede.

¿Y qué sucede? La paradoja más increíble del capitalismo desde sus comienzos. O, mejor, la segunda más grande. Ya el Crack del 29 supuso un aviso con convulsionó los bolsillos del hombre común, del gran capital y de los propios países y sus destinos: que pregunten a la vieja Europa por sus años treinta y cuarenta... y mirará hacia otro lado. Sólo se solucionó con la intervención del Estado: Roosevelt y Keynes, mano a mano, con un plan de inversiones en infraestructuras, un plan de estabilización brutal...

Y ahora, ahora algo similar: señores de chaqueta y corbata, con el pelo hacia atrás, bien peinado, oliendo a colonia de precio exhorbitado y con la sonrisa cómplice del ególatra y del impune. Dos preguntas:

1. ¿Quién tiene la culpa de la crisis? Todos los diarios parecen apuntar a esa clase de cuello alto que se mueve entre parquets, oficinas de rascacielos y calles principales de las ciudades del primer mundo, aquellos que llevan gemelos y clamaban por su libertad de acción, su responsabilidad de lucro y su capacidad para crear riqueza... a cualquier precio.

2. ¿Qué hacer? La Reserva Federal de EE.UU. interviene, el BCE también. Se rescatan bancos, empresas en caída libre. Ahora la mano del Estado es tomada como agua de mayo y no como "zarpa" intervencionista. Cada gobierno, por muy liberal que sea, planea un plan masivo de intervención y llama a la calma de nuestros bolsillos. Y en las próximas horas, el G-7 se reúne para dar solución a una sangría económica que parece no tener fin.

La paradoja reside en la impunidad de unos seres que reclaman la libertad de acción por encima de las fronteras, del sentido común y, por supuesto, de las leyes. La paradoja reside en un sistema, el capitalista, que no se sostiene tal como lo conocemos: un sistema que tras la Caída del Muro de Berlín proclamó su éxito, el fin de la Historia y hasta de los boquerones en vinagre. Y la paradoja reside, en fin, en un Estado que ahora es llamado a intervenir en un campo, el de la economía, cuyo secreto de desarrollo era en teoría la no-intervención. Las voces del mercado están ahora calladas. Tan sólo se oye el rugir de las bolsas desplomándose. Las conferencias de prensa de los ministros de economía y los presidentes llamando a la calma. Los teóricos neoliberales han hecho mutis por el foro. Seguramente no irán muy lejos, pues tendrán sus bolsillos llenos, pero sin duda llegarán a un lugar seguro. Y mientras tanto, nosotros, sigamos soplando para que el tinglado no se venga abajo.

Monday, October 06, 2008

Hagan juego, señoras y señores


Hagan juego, señoras y señores: barra libre para el nacionalismo. Leo sorprendido la noticia de que, en una ayuntamiento del País Vasco, un concejal del Partido Socialista de Euskadi colgó en el Salón de Plenos del consistorio la bandera del mítico grupo heavy "Iron Maiden". Lo hizo en protesta a ver colgada la "Ikurriña" por los concejales de ANV. Lo mejor, sus declaraciones, llenas de sentido común y de ironía:

"El mismo derecho que tienen ellos para poner la ikurriña, porque sienten la ikurriña y creen que deben ponerla, pues tengo yo para poner la de Iron Maiden porque siento esa música de Iron Maiden"

Seguramente el esperpento, como dejó claro Valle Inclán, es el mejor arma de la verdad. También la ironía, el surrealismo, y tantas cosas que se apartan de lo conforme, de lo establecido. Romper las reglas de lo cotidiano, sacar el sarcasmo a la palestra y hacerlo bailar con lo que se detesta, seguramente es la mejor forma de ridiculizar y dejar en evidencia lo que no tiene sentido.

¿Y qué me dicen ustedes señores y señoras lectoras? Hagan juego, por favor. ¡Barra libre!¿Resurrección del Reino Nazarita? ¿Independencia de Andalucía Oriental? ¿Conformación del virreinato de Sevilla y sus alrededores? ¿Creación del Cortijo independiente de Andalucía? Podíamos poner las cuadras en el parlamento, los porqueros en los ayuntamientos y, por qué no, las bibliotecas en las calles. Quizá así todo deje de parecer asquerosamente normal. Post incendiario, disculpenme ustedes. Pero escucho "a los Maiden", que le voy a hacer.

Friday, September 26, 2008

El martes


El martes pasado rubriqué el fin de unos años y el comienzo de otros. Firmé el contrato con la universidad. Dejé de ser eterno becario para pasar a profesor ayudante doctor. Estos años han sido estupendos y es de esperar que los que vienen también lo sean. Mejorar profesionalmente es importante, por supuesto, pero no creo que en ello resida la felicidad. Ni mucho menos.

Han sido muchos años de trabajo. Becas que se piden y que a veces se conceden. Horas y horas en la biblioteca, carretera en busca de documentación, archivos municipales mugrientos, peleas con archiveros, tecleo incesante, fotocopias y compras de libros y revistas, congresos, viajes y más viajes. Y de repente, el pasado martes, ante mí, cinco copias de un contrato que prácticamente no leí: las cláusulas estaban en un teórico "convenio colectivo" que, por supuesto, no tenían en la oficina de la universidad y que, también por supuesto, yo no tuve inconveniente en no leer. Firmé casi sin darle importancia, dos firmas en cada hoja. El bolígrafo se deslizaba suavemente, con facilidad, casi con vida propia. Pero no ha sido fácil llegar hasta aquí. Y os aseguro que más lo será seguir adelante. Pero cuando me levanté de esa mesa, llevaba esa sonrisa y la mirada perdida que últimamente me acompaña... y que sólo cambié cuando me di cuenta que había olvidado mi casco en la oficina. Al llegar a casa, al comenzar a vivir la semana, comencé a sentir el peso de la responsabilidad: llegar hasta aquí y seguir en el camino no valdría nada si fallase en mi trabajo, si fuese un mal docente, si abandonase la investigación. Reconocer un supuesto triunfo es fácil, no así una derrota.

Tuesday, September 16, 2008

En este blog no se habla de amor


Este blog está llegando a su fin. Al borde de cumplir dos años, repaso los post, el pasado que he ido dejando relegado y que me acompaña. Y he caido en la cuenta de algo sorprendente: en este blog no se habla de amor. No es algo premeditado, no es algo calculado fríamente. Sencillamente, ha sido así.

Nunca traté de definir este blog. Más bien fue tomando forma de forma espontánea, dejándome arrastrar por la necesidad de escribir, reflexionar o contar algo. Y por supuesto, es y ha sido lo que es por vuestros comentarios. Seguramente en el último año se ha hecho más literario, más reflexivo, más profundo. Pero aún así, el amor ha estado ausente.

Pero no hablar de amor es no hablar de la vida. Si en algo los seres humanos somos iguales, además de en el hecho de nacer y morir, es en el hecho de amar. Porque creo que todos somos capaces de hacerlo: unos con más intensidad que otros, unos de una forma o de otra. Es algo que no podemos hacer sólos: necesitamos un cuerpo, una persona, que nos provoque una reacción. Es ese cuerpo un buen día extraño y ajeno... y que llegado un momento queremos hacer nuestro, hundirnos en él y no dejarlo escapar.

El amor es ese sujeto ausente que siempre está presente en nosotros. Del que no se habla, pero que siempre está ahí, inundando nuestro ser, nuestros ojos e incluso las teclas de nuestros PC. Puede que el amor no haya estado en este blog: ni en mis posts ni en vuestros comentarios. Pero ello no quiere decir, queridos lectores, que vosotros no lo tengáis a vuestro lado ni yo al mío.

Tuesday, September 09, 2008

La Historia para seguir viviendo

(Con el permiso de la otra autora, pego abajo el artículo publicado en Granada Hoy el 8 de septiembre de 2008. Es largo, pero quizá os interese)

El padre de Gabrielle García nació en 1911 en el pueblo granadino de Cijuela. Pese a su origen y posición humilde, aprendió a leer y a escribir. Antes de la Guerra Civil llegó a ser secretario local del Partido Socialista en el lugar donde había visto la luz. Durante la contienda participó en el Batallón Granada. Y, seguramente, el 7 de febrero de 1939 cruzó la frontera con Francia avergonzado y desgarrado por la España que dejaba atrás. Comenzó entonces su caminar por los campos de concentración franceses, por los campos de trabajadores nazis en las costas de Normandía y, con mucho esfuerzo, la libertad y la resistencia. En un intento de escapar a su pasado, todavía con la capacidad de amar pese a los desastres que sus ojos habían contemplado, contrajo matrimonio con una mujer francesa que, enamorada de él, le había protegido no dando su nombre a unos soldados alemanes. Con los años, tuvo dos hijas y construyó una casa con sus propias manos. Pasó el resto de sus días en Saint Maló (Francia), junto a un mar que le recordaría un exilio del que jamás regresaría.

No conocemos más del padre de Gabrielle. Ni siquiera su nombre. Y lo que ha llegado a nosotros lo hizo, como un huracán de recuerdos, en una cafetería granadina el pasado 12 de agosto. Junto a Plaza Nueva, Gabrielle nos habló de su padre. Y de cómo decidió ir en busca de su pasado, porque “quería conocer el significado de las palabras”.

Gabrielle todavía recuerda a su padre “gritar en silencio”: “Granada, Granada”. También el silencio de sus padres. Y una terrible confesión prueba del dolor y del amor ilimitado de su padre hacia ella: “Si tú tuvieras que pasar por donde yo he pasado, te mataría”.

Todo eso hasta 1967. Sólo la incógnita de un silencio perpetuo. Pero una carta cambió su vida: en esa fecha, su tío y algunos jornaleros de Moraleda de Zafayona anunciaban su presencia en las cercanías del Monte Saint Michel. Y, entonces, la visita de esos hombres a Saint Malo. Gabrielle recuerda verlos avanzar hacia la casa con sus ropas desgastadas, sus pantalones anchos, sus sombreros de paja, su humildad y su dignidad de campesinos arrastrando junto a las murallas de piedra de la playa de Saint Malo. Quedó tan fascinada por un pasado que la llamaba que, con el consentimiento de su padre y con sólo dieciséis años, marchó hacia Andalucía montada en un camión cargado de emigrantes hambrientos. Los intentos de su madre de hacer de ella “una francesa” no habían logrado alejarla de un pasado que necesitaba desentrañar. Al anochecer de este agosto, Gabrielle justificaba su viaje: “fui a España para traerle a mi padre las palabras que necesitaba para seguir viviendo”.

Y las encontraría. Las encontraría en los caminos polvorientos de Andalucía y, sobre todo, en la pobreza que rodeaba a los más humildes. Lo comprobó al llegar a Cijuela y Moraleda. Los vencidos en la Guerra Civil seguían allí, sepultados en sus cuevas, hambrientos, sin apenas vestidos. Recuerda cómo, al verla, su tía Paquita le confesaba su “vergüenza por ser tan pobre”. Entonces Gabrielle le cogió la mano. Su tía la miró. De tanto sufrimiento pasado, “no podía llorar”, recuerda.

Su tía Paquita conservaba la dignidad del vencido, la hondura de una pobreza que marca el rostro, que expresa el pasado y anuncia el futuro. Pero en su familia también quedaban las brechas de la Guerra Civil: algunos eran vencedores. Fue el caso de su tío-abuelo, cómplice con el franquismo y que llegó a renegar de su sangre. Gabrielle recuerda verlo en su pueblo, con la cabeza baja y sin voluntad de mirarla a los ojos. Su tía le dijo: “Aquí está la hija de tu sobrino”. Ella se acercó en busca de un pasado que no temía. Pensó, sin atreverse a decirlo en voz alta: “levanta la cabeza que vea la cara del hermano de mi abuelo”. Él no lo hizo.

En esos días de agosto, Gabrielle ha visitado por primera vez el cementerio de Moraleda. En él está enterrado su abuelo. Sin embargo, no pudo encontrarlo: no había lápida que cobijase su memoria. Lo mismo le sucedía a otros muchos nombres perdidos en el pasado, pero vivos en la memoria de muchos de nosotros. A día de hoy, los únicos restos de su paso por la Historia siguen siendo unos pequeños montículos de tierra coronados por dos ramas en forma de cruz o unas pequeñas flores artificiales.

No está claro qué es más sorprendente, si la Historia o su rescate. Si los hechos del pasado o los que los enlazan con el presente. Preguntamos a Gabrielle del por qué de su lucha, del por qué de su curiosidad, del por qué de abandonar unas cómodas vacaciones, dejar a su familia y viajar al sur a visitar sola el tiempo más agreste de su familia. Para ella, luchar por su memoria es un deber imprescindible: los vencidos “fueron tan humillados que a mí me tocaba limpiar esa humillación”. Hoy dice haber “puesto cuerpo a las palabras”. Confiesa, con lágrimas en los ojos y con la voz temblando, pero con el orgullo y la seguridad del que abraza una convicción, que es la primera vez que entra en Granada diciéndose que es suya, que por fin le pertenece: “antes entraba con miedo, con dolor, pero ahora no”.

¿Por qué viajar al pasado? ¿Por qué desentrañar las palabras que anidan en los huesos de los que nos han precedido? ¿Por qué buscar respuestas en los que todavía callan? Sin duda puede haber muchas razones, muchas, necesarias. Para Gabrielle había una y definitiva: “lo hago porque lo necesito”. Y no sólo por su padre, sino también por ella, por sus hijos y por esos hombres y mujeres que vieron morir a sus hijos.

Pese a haber pasado su vida fuera de España, Gabrielle está conectada con España y su Historia. ¿Lo estamos los españoles? Al comienzo de la entrevista confesaba con rabia su experiencia esa misma mañana. Acudió a la Facultad de Derecho, en busca de las aulas, los muros y el espacio donde fue catedrático Fernando de los Ríos, el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la II República. Emocionada, preguntó a una alumna por su recuerdo. La alumna, seguramente extrañada, le respondió que no conocía a ese personaje ni tenía por qué hacerlo.

El pasado no es algo inerme y escondido. Nos rodea día a día, se asoma a nuestras vidas. Es necesario acercarnos a él, avistarlo, rescatarlo y tenerlo presente. Es el nicho donde reposan las tragedias, pero también el origen de nuestros derechos. Y, en España, los derechos fueron conseguidos con mucho dolor, sangre, silencio y, por supuesto, esfuerzo. El pasado no es un tiempo lejano ni ajeno: es nuestro, deambula o reposa por las calles de Granada, en nuestras vidas y en las de los que se han ido. Encontrarnos con él es imprescindible para encontrarnos con nosotros mismos y, por supuesto, con nuestro futuro.

Ese atardecer de agosto, junto a un taxi, emocionada y sonriente, Gabrielle García se despidió de nosotros y de Granada. Nos abrazó y nos besó, con esos gestos que cruzan las generaciones y la Historia. Mientras que su taxi se alejaba, nos quedamos pensando en sus últimas palabras antes de levantarse de la mesa del café: “Hoy las frases ya no están enterradas en un hoyo en la tierra: hoy, por fin, han vuelto a su tierra”.

Sunday, September 07, 2008

London Calling... Granada is calling

Fin. Menos de una hora para salir para el aeropuerto de Stansted. Acabo de terminar mi última maleta. Mi último día en Londres. Mi última mirada a Londres.
Pero ya miro con otros ojos. Ya mi maleta es más ligera que hace dos años, aunque llevo más cosas en ella.
Y por fin, Granada. Mis nuevos ojos, y siempre maleta a mano, se complacen en ver mi futuro en Granada.
Estos dos años me han cambiado la vida. La vida, la mirada, el corazón y hasta la piel.
Ahora será Granada la que llame a todas las ciudades, bajo una bomba nuclear o la moral que nos aplasta a todos. Bienvenidos, queridos míos, aquellos que quieran luchar conmigo junto al río.

Tuesday, September 02, 2008

Capaces de todo



Este fin de semana estuve por Coventry, en la casa de mi amigo Peter. Coventry es una ciudad hecha pedazos. El 14 de noviembre de 1940 la Luftwaffe alemana llevó a cabo uno de los primeros bombardeos masivos sobre una ciudad: su intención era reducir a cenizas a la ciudad al completo. Coventry era por entonces una pequeña ciudad medieval, donde se encontraban algunas fábricas de la industria automovilística inglesa.
La nueva Coventry, llamada 'la ciudad de la reconciliación', es horrorosa. No queda nada del pasado. Tan sólo los ahora viejos edificios de posguerra, levantados en cemento visto, con cristales desgastados y marcos metálicos ya de otro siglo.
La catedral gótica merece la pena. Data del siglo XIV. Pero de ella sólo quedan sus muros. No hay techo, no hay bóvedas, no hay arcos. Sólo una alta torre clavada en su ángulo, y unas vidriras ausentes en unos vetustos muros de piedra.
Junto a ella, la nueva catedral, al orden de los tiempos. En una pequeña sala, el horror que no debe ser olvidado: fotos de las gentes masacradas por las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Cuerpos quemados. Carnes desprendiéndose de los huesos y muerte.

Al día siguiente, cruzando esos preciosos campos de las 'Midlands', fuimos a Stratfod-upon-avon, ciudad natal de Shakespeare. Todavía conserva el carácter de algunas casas medievales, estilo Tudor, y de algunas calles angostas. Allí está la tumba del poeta inglés. Fue tan grande que todavía nos queda en la memoria, e incluso a su muerte tuvo el privilegio de ser enterrado en la sacristía de una iglesia junto al río, en suelo sagrado.
Los seres humanos somos capaces de todo. Podemos destruir millones de vidas apretando un botón, en el tiempo que tomamos una taza de café o incluso menos. O podemos escribir obras donde vertimos toda nuestra naturaleza: nuestro egoismo, nuestra maldad, la lucha por el poder, nuestra capacidad de amar, nuestra avaricia y, en definitiva, todo lo que somos. La grandeza y la miseria de nuestra especie, capaz de crear brillo y horror interminable. Pero hay algo cierto en todo eso: cuando nos aupamos a la técnica, cada vez son más los que pueden apretar un botón y masacrar a millones de personas, cada vez son más los que podemos utilizar un ordenador como yo ahora mismo, o incluso construirlo. Pero siempre serán pocos, o excepción, aquellos capaces de crear belleza, de construir ideas, de transmitir mensajes que duren para siempre y que cambien en el mundo.

Tuesday, August 26, 2008

Nombres


Nuestros nombres son de las cosas más casuales y definitivas que encontramos en la vida. Casual porque no depende de nosotros: en todo caso de la voluntad de unos padres, de un suegro o una suegra. Y definitivo porque nos acompaña hasta la muerte: esas letras van en nosotros desde que salimos del paritorio hasta que volvamos a posarnos en la tierra. Su pronunciación traerá reacciones, provocará imágenes y sonidos.

Pero aún así, la voluntad de los padres a veces se ve doblegada. Nos dan un nombre. Nos imponen cómo seremos llamados. Pero la vida y los que nos rodean reformulan o vuelven a moldear nuestro nombre. Así, a veces, llegamos a tener varios.

Tengo, a grandes rasgos, tres nombres: Miguel Ángel, Migue y Miguel. A grandes rasgos porque no cuento con otros calificativos, no menos importantes (Chillo, Migui, Miki, Miquele... y por supuesto, Bobby). Tres nombres que han barajado mi vida y la gente que ha pasado o pasa por ella. Nunca entendí por qué escogían uno u otro. Y cuando me preguntaban cómo quería ser llamado... la verdad es que no sabía qué decir; solía dar a escoger entre este pequeño abanico de nombres.

Tener tres nombres se ha convertido en algo natural. Tanto que me siento interpelado con igual fuerza por cualquiera de ellos. Además, a día de hoy no podría decir quién me llama de una forma u otra. Aunque sin duda, existen tendencias: Miguel Ángel es preferido por mi familia y por algunos amigos, es mucho más imperativo y quizá presentable; Migue es mayoritario en los amigos del sur, y tiene un tono más coloquial y juvenil (nunca viene mal); y Miguel siempre ha sido algo del norte, de fuera de Granada.

Miguel fue el último nombre en llegar. Comenzó a sonarme bien en Michigan. Todos me llamaban así. Fue como ser rebautizado. Empezar de nuevo a 10.000 kilómetros de distancia. Esta tendencia ha proseguido en Londres y, por supuesto, también en Madrid. No renuncio a mis otros dos nombres, pero confieso que con Miguel comienzo a encontrarme, es más mío. En todo caso, quizá la belleza o el acierto de los nombres no resida en ellos mismos, sino en aquellos que los pronuncian. ¿Están, queridos lectores y lectoras, de acuerdo?

Tuesday, August 19, 2008

Latest news: the last round


Finalmente tomé la decisión: me quedo con el pequeño piso con vistas a la Alhambra. Está medio cavado en la roca, cerrado por rejas de forja granadina sobre una pared de mortero blanca. Dentro, el frescor del verano y la calidez del invierno necesaria para empezar una nueva vida. Fuera, la Alhambra y Granada a mis pies. Tranquilos lectores, ya ofreceré fotos y cenas de bienvenida a todos vosotros. Anonymousgr, ¿te atreverás a venir?

Más cambios. Ahora estoy en Londres. Llegué la madrugada del domingo al lunes. A las 4 de la mañana estaba en Victoria Station. Y cómo no, llovía a mares. Corriendo con mi maleta, en manga corta y con la garganta palpitando, perdí el bus nocturno por los pelos. Tras esperar, con la ropa y el corazón calado en la marquesina de la parada, conseguí coger un "double decker" a las 4.20. Al llegar a casa, me esperaba, como siempre Yen. Y es que, aunque muchas cosas han cambiado, en Londres y en West Norwood me encuentro como en casa. Nos pusimos al corriente con sendos vasos de agua.

Ayer... convaleciente en casa. Trancazo importante. Sedado con ibuprofeno. Pero eso no me impidió degustar el pescado con berengena con salsas raras-chinas de Yen, amén de esa botella de Rioja que sobrevivió al viaje. Había tanto que contar...

Otra vez aquí. Dejar de hacer maletas será difícil. Hasta entonces... último round antes de volver a empezar.

Tuesday, August 05, 2008

Buscando casa en Granada


Después de Michigan y Londres, comienza a llegar la hora de volver a casa. 30 años recién cumplidos. Un trabajo a la vista. Y una estabilidad en la vida que aterra. Pero ha llegado el momento definitivo: es hora de independizarse.

Cuando le comuniqué la noticia a mi madre la entendió como una traición. Esperaba al día de mi boda para que saliese de casa. Pero si no lo hago ahora, ¿cuándo?

Los genes tienen el misterio de lo ajeno que nos es propio: tomamos decisiones y anhelamos cosas que eran propias de nuestros padres, pero de repente pasan a ser nuestras. El caso de la vivienda es un buen ejemplo.

Cuando mis padres llegaron a Granada en 1983 soñaban vivir en un carmen en el Albayzín. Nunca lo hicieron, pero en cambio vivirían en la casa en la que he pasado casi toda mi vida. Hoy, en agosto de 2008, en el momento de volver a aterrizar a Granada, su hijo resucita su sueño haciéndolo propio: quiero vivir, por todos los medios, en el Albayzín.

Ya sé que es incómodo, ya sé que hay cuestas, ya sé que no hay grandes supermercados, ya sé que incluso puede ser peligroso, que casi no llegan los coches. Pero qué vamos a hacerle, soy amante de los retos, de lo imposible y de cualquier cosa en la que merezca la pena creer.

Bajo los más de 40 grados granadinos, llevo dos días viendo pisos y apartamentos. Estoy en una encrucijada: ya tengo dos apartamentos candidatos. Espero que el buen tino de mis lectores me ayude a decidirme. La situación es la siguiente:

1. Piso de unos 70 metros cuadrados en la parte alta de la cuesta del Chapiz. Calidades estupendas, a estrenar, cocina integrada en un salón muy amplio, mucha luz, dormitorio de matrimonio, dormitorio pequeño, baño de tamaño medio... y vistas al Generalife. ¿El problema? El precio: 600 euros + 30 euros de comunidad + luz y agua (casi unos 700 euros mensuales). Es una maravilla pero uno se pregunta: ¿me encierro en una jaula dorada de la que no pueda salir? ¿Se acabaron los viajes, los libros y los discos?

2. Piso bajo un carmen en la cuesta de las Tomasas. 45 metros cuadrados. Despensa, baño pequeño, cocina pequeña, salón y dormitorio de matrimonio de tamaño medio. Calidades buenas. 550 Euros todo incluido. Caseros de confianza y un detalle: con tres ventanas al exterior, veo la Alhambra desde la Torre de la Vela hasta el Generalife. No hay antenas, no hay casas, no hay árboles entre mi posible cama y ella.

¡Oh dilema! Decidme, oh lectores, cuál es la mejor opción: optamos por la comodidad y el lujo, con el peligro de encerrarnos en unos gastos que no nos hagan libres; o por algo más pequeño y humilde, con el brillo de la Alhambra ante mis ojos todos los días.

Vivir mirando a la Alhambra me da miedo. También habitar en las calles del Albayzín. La mayoría de los caseros con los que he hablado llegaron al barrio y nunca se fueron. Temo llegar al Albayzín, y también a Granada, y encadenarme a la Alhambra, a su vista, a su luz, a sus tardes, a sus colores de turbión o de tormenta... encerrarme y no volver a salir jamás.

Tuesday, July 29, 2008

El tío Fernando


El tío Fernando no era una persona especial. Al menos, a primera vista. No era inteligente, no era especialmente sensible, tenía un carácter fuerte y difícil... pero era el tito Fernando. Hay personas que son grandes sin tener grandes cualidades. Grandes en sí, grandes por estar ahí toda una vida, por lo que sus gestos, sus palabras y su presencia significan para nosotros sin que ellos lo sepan. Creo que ese era el caso de mi tío Fernando.

Como gran parte de los malagueños, hablaba sin parar. Recuerdo que lo visité unos días cuando fui de archivos a Málaga para la tesis doctoral. Me quedé en su piso. Pasábamos la tarde en la terraza, viendo el tráfico, al fresco, y él hablaba de su vida. Sin que se diese cuenta, yo lo interrogaba sobre la guerra civil, los años cuarenta, su trabajo, sus amores, el no tener hijos... La entrevista más difícil que he hecho en mi vida: al final opté por no tratar de casar las fechas o los acontecimientos y escucharlo tranquilamente. Así era él.

Mi tío tenía la grandeza de los hombres sencillos. La sencillez del que te ama, del que no pronuncia grandes frases ni ideas abstractas. Pero también la sencillez del hombre bueno, del abuelo que fue para todos sus sobrinos-nietos y del padre que fue para todos sus sobrinos.

Recuerdo que afrontaba la muerte con una tranquilidad absoluta. Antes de su operación, lo llamé desde Londres: "Espero estar en casa pronto, y si muero, pues mira, me encuentro con tu tía, que ya estoy cansado de vivir". Sin embargo, pasó dos meses en el hospital, tratando de agarrarse a la vida y, con ella, a todos nosotros.

Siempre me pregunté por qué estaba obsesionado con el tiempo. Su piso estaba repleto de calendarios y relojes. Antes de acostarse, meticulosamente, iba uno por uno cambiando la fecha para el día siguiente. Finalmente, antes de apagar la luz, besaba el retrato de su mujer que ya no estaba, mi tía Anita.

Ya nadie cambiará las hojas de los almanaques de su casa, ni dará cuerda a los relojes que marcaban sus últimos días de espera. Mi tío descansa para siempre enterrado en el tiempo, aunque él ya no pueda escuchar el tic-tac de sus horas. Lo haremos nosotros por él.

Thursday, July 24, 2008

30


Hace poco más de un año escribí un post, "29". Como este que ahora escribo, estuvo motivado por cumplir años, por dar un paso más en la vida... y un paso más hacia la muerte. Recordaba entonces que había perdido la inocencia, que la imaginación y la esperanza comenzaban a desvanecerse en mí. También hacía una declaración de mi inconformismo: no quería una vida de "mano, parque, paseo".

Ha pasado un año desde entonces. Hoy vuelvo a leer lo que escribí y permanece más vivo que nunca. Sigo con fuerzas para agarrar la vida hasta ahogarla y hacerla gritar, estrujándola contra mi pecho, sacando lo mejor de ella y, así, obteniendo lo mejor de mí. Pero amigos, los 30 son diferentes. Son más oscuros. Pasé ese día con un extraño pensamiento en la cabeza: por primera vez no sólo pensaba que me estaba haciendo mayor... sino que entró en mí la idea que me estaba acercando a la muerte.

Pensé entonces que era terrible. Terrible porque, como estos últimos días han dejado claro, tengo muchas personas alrededor que me hacen tremendamente feliz: algunas conocidas, otras en proceso de conocer y otras por venir. Excepcionales.

Pero por primera vez he avistado en el tiempo el punto de llegada, la muerte, el final. En un momento en que mis convicciones religiosas se desvanecen poco a poco, abrazo con más fuerza que nunca la vida y contemplo a la vez la posibilidad de desvanecerme. Pero esta imagen. Esta imagen hace que lo negro se vuelva claro, que lo dramático se vuelva natural y, por qué no, que la muerte que algún día encontraremos todos se convierta en vida: "El camino al jardín del Paraíso", de E. Smith. Hoy sueño llegar al final de mis días con esa inocencia, con una mente joven y repleta de sueños; y llegar de la mano de alguien con quien, tras compartir los días, comparta la nada.

Friday, July 18, 2008

Invitación de última hora


Ayer se cumplió la fatídica fecha: 30 años a la espalda. Bueno, para celebrarlo y con ganas de mirar al frente y de seguir viviendo, expongo:

Que todos los lectores de este blog están invitados a una fiesta en mi casa este sábado 19. El evento dará comienzo a las 21.00. Traigan ustedes bañadores si quieren pero, sobre todo, muchas ganas de divertirse. Todos los lectores saben donde vivo, incluido Anonymousgr, que ya un día probó el sabor de las noches delarquianas, así como su amarga resaca. También antiguos profesores de inglés y demás amiguetes. Pueden venir acompañados si no traen con ustedes a una legión o manípulo. Para mas detalles, estoy a su disposición en mi teléfonó móvil. Ah, y todo, en Granada.

Y acabo con una cosa que me grito a mí mismo: ¡Larga vida a Bobby! (el treintañero)

Tuesday, July 15, 2008

Realidad > Ficción / Reality > Fiction


En ocasiones uno piensa que este blog es completamente ficticio. Que la red, el teclado y las pantallas no son reales. Pero hay momentos en que la vida te saca de tu error: lo cibernético y la realidad se cruzan en tu camino.

Era uno de los días más importantes de mi vida. Después de casi 15 años estudiando vinculado a la universidad, había llegado el momento: por fin optaba a un contrato, a una continuidad laboral... y las becas que tanto me han dado (incluido los miedos) quedarían aparcadas para siempre.

Jueves 3 de junio. Granada. Calor asfixiante. Estrés sin control. Logro salvar contratiempos de última hora (Nadia, ya he perdonado el incidente del curriculum y el vaso de agua). Bajo la cuesta de Cartuja. Todo dispuesto: excepto las tasas de la tramitación del contrato. Junto a la casa de una ex-novia había un Caja Granada, recuerdo. 1.30 de la tarde: no habrá demasiada gente, pienso. Pagar el recibo, todo listo, entregar la documentación en el Hospital Real... y pasaporte al futuro, a una vida cómoda, a una casa propia... y a Granada.

Entro en el banco. Alguien está en la caja, haciendo unos trámites. Bermudas, polo azul, cabello negro y tez morena. Se vuelve y me mira con una cara de sorpresa, de incredulidad; pero al mismo tiempo, una cara repleta de la complaciencia típica de la persona que sabe que algo debía suceder. Tuvo que verme agobiado. Yo sudaba, estresado, con mi camisa azul entreabierta. Amablemente, me sonríe tras mirarme de arriba a abajo: "Adelante, pasa antes, yo no tengo prisa"

No le doy importancia a su inusitada deferencia. Entonces, gestiono el pago. El administrativo, no muy hábil, pone pegas a mi gestión. "Contratación profesor ayundante doctor. Con este nombre tan largo no va a ser posible identificarlo". Entonces, el chico joven -porque es joven-, junto a una silla donde había dejando mi ordenador portátil, le ofrece una solución: "Incluya su nombre en quien realiza la transferencia". "Claro", respondo yo como si supiese más de bancos que el mismo JP Morgan.

Saco los 30 euros. Los pago. Firmo el recibo. Lo incluyo en la documentación... y, todavía sudando, dejo el banco. Antes, me despido amablemente del extraño joven.

Hospital Real. Llego al registro. Deposito la documentación. Todo correcto. Sólo cabe esperar.

Salgo por el patio lateral, mirando el agua de la fuente. Pienso que realidad, ilusión, informática, pasado y futuro se han cruzado conmigo esa mañana. Sí, Anonymousgr era el hombre del banco. Ha vuelto a quedar demostrado: la realidad siempre es más poderosa que la ficción.

Tuesday, July 08, 2008

El viaje de la media luna


El domingo pasado cogí un autobús desde Málaga a Madrid. Terrorífico: la máquina se caía a cachos, renqueaba subiendo cualquier repecho, íbamos apretados como sardinas, no había películas ni radio... Pero en la tripulación se dejaban sentir el "efecto AVE": el mortífero trayecto a Madrid queda reservado para las economías más humildes.

La media de edad de los pasajeros rondaba los 20-30 años. A mi lado, una chica con el pelo oscuro, piel más o menos oscura, labios amplios, muy de verano, algo nerviosa en su actitud, y con ropa bastante ceñida. Podría ser cualquiera de nosotros: en actitud y aspecto era andaluza por los cuatro costados.

Pero Rashida es marroquí. Nació en un pueblo junto a la frontera con Ceuta, en la zona de Tetuán. Lleva 7 años en España. Decía que su nombre significa "camino recto", pero desde luego, su vida en nuestro país dista mucho de serlo: ha tenido todo tipo de empleos, algunos de sus jefes la han explotado, aunque habla bien de algunos; algunos españoles han llegado a insultarla por la calle o a colgarle el teléfono cuando pedía trabajo y confesaba su procedencia; otros, sobre todo los andaluces dice, también se han portado bien con ella; y no lo duda: lo mejor del país es la sanidad. Ahora lucha por legalizar su situación. Pero aún no está segura: en su bolso llevaba un manojo de papeles, nóminas, e incluso tickets de supermercado para probar que vive entre nosotros.

Pero Rashida también es creyente. Hablaba emocionada del Islam, de cómo Jesucristo, bajo otro nombre, también es un profeta para ellos, de su relación con Dios... Siempre es un placer ver la cara y escuchar la voz de alguien que cree en algo y le hace feliz. Pero también estaba la otra cara, la de la moral, la que nos diferencia. Mientras que el autobús cruzaba La Mancha quijotesca, a la media noche, ella hablaba emocionada; yo la miraba y, por la ventana, veía una media luna perfecta. Habló entonces de lo malvados que son los judíos, de que no sería capaz de compartir su vida con un hombre que no se convirtiese al Islam, de la pérfida naturaleza de la mujer...

Aunque la media luna esté sobre nosotros, cada uno la mira de una forma. Cuando la vi marchar, con su maleta y su ropa occidental, pensé que la mayor lucha de Rashida no estaba con las autoridades españolas o con el desprecio de algunos de nosotros. Seguramente estaba consigo misma.

Saturday, June 28, 2008

Tardes de imposibles


Vi el pase a la final en Madrid. Casualidades de la vida, por esta ciudad han pasado esta semana mañicas, amigas granadinas... y gente de Michigan. Buscamos un cutre-bar en la zona de la calle Arenal, y empezó el espectáculo.

Era un local pequeño. Dos grandes mesas... pero abarrotadas. En una de ellas, un grupo de amiguetes madrileños, trabajadores del barrio (dependientes, fontaneros, empleado de loterías...), con perro incluido. Todos uniformados con los colores de España, pintados hasta las cejas (y las calvas). Y sobre su mesa, sólo un vaso, del que todos bebían. Era un florero de 5 litros de capacidad, que descansa en el bar desde hace años, esperando en una vitrina hasta que suceden eventos míticos como el del jueves.

En la otra mesa estábamos nosotros, cañeando, tapeando y cada vez más gritones. Rápidamente la atmósfera nos unió: gritos de España, insultos al árbitro, apoyo a la "roja"... nos llevaron a pintarnos también con los ya míticos colores, beber del florero, compartir las tapas...

Apareció por allí una cámara y una reportera de "La Sexta", que nos acompañaron durante todo el partido. Grabaron al perro, entrevistaron a algunos, y también tapearon con nosotros. El dueño del bar, también en ese éxtasis de camaradería, sacó una pata de jamón de lomo salado y dijo aquello de: "sirvase usted mismo". El hueso, por supuesto, fue para el perro, que aullaba apoyando a la selección.

El momento sublime fue el tercer gol. Un brasileño, hincha de la selección, dependiente de una tienda en esa misma calle, se levantó de golpe, comenzó a saltar, se subió en una mesa... y nos enseñó su trasero con alegría y postín. La cámara de "La Sexta" no perdía detalle. Y todos nos preguntábamos atónitos por qué el culo de nuestro atrevido compañero tenía un color tan rojo.

Tardes como las del otro día son extrañas pero merece la pena vivirlas. Son tardes que te sorprenden con lo inesperado y lo imposible. Tardes en las que hasta el príncipe y su señora están a punto de romper el protocolo y besarse; en las que abandonamos las fronteras sociales, saltamos y nos abrazamos con el vecinos; en las que rozamos una felicidad imposible olvidando los demás problemas; y, por supuesto, tardes en que gana la selección.

Thursday, June 19, 2008

Lamentos que duran una eternidad


Hay lamentos que duran una eternidad. Último día en Londres. Despedida de la ciudad. Visita rápida al British Museum: en una sala a media luz, más o menos escondida de la marabunta de turistas. Los relieves del palacio de Asurnipal, arrancados de sus paredes originarias, ya sin raíces, descansan en una sala apartada y callada de la planta baja.

Silencio a mi alrededor. Poca luz, casi penumbra. Y enfrente, ella, inmortalizada en su dolor. Atravesada por las flechas. Gritando en su última hora, despidiéndose de un cuerpo que deja de ser suyo, enseñando las fauces a un presente que la devora, que la sepultará en el tiempo y en la roca para siempre.

Han pasado más de 2800 años desde su muerte. Y todavía queda ahí, en un bajo relieve, petrificada, demostrándonos que cualquier tiempo pasado no fue mejor, dando ejemplo de su trágico fin, sin llegar a desvanecerse jamás. Es una fiera, pero su dolor es tan humano que conmueve. Hay pérdidas, sufrimientos, dolores que se arrastran para siempre, que marcan una vida y que hacen que el presente no sea igual. Porque el dolor y las heridas también nos construyen. Porque nos hacen ser quienes somos. Porque hay lamentos que duran una eternidad.

Saturday, June 14, 2008

Canciones para escapar (VI)

Varios dias desconectado. He dejado sin contar muchas cosas. Porque en algo mas de diez dias deje Londres, me despedi de todo aquello con sorpresa/promesa de ultima hora incluida. Volvi a Granada, donde solo estuve dos dias. Despues Madrid, (escapaba de mi ciudad?) compartiendo un par de dias geniales con mi hermana, los libros y nuestro pasado al calor de un ribeiro en un barato restaurante gallego. El jueves escape a Barcelona: concierto de Radiohead.
El concierto, en la tomadura de pelo del Forum, solo de "6" para un grupo "10". La mitad del publico se durmio y los temas no estuvieron bien elegidos. "Street Spirit", por ejemplo, no estuvo entre ellos.
Ahora fin de semana con noruegos y gente variada. Todo, en un atico alquilado junto a la calle Aribau, donde Carmen Laforet pasaria sus agnos de estudiante en su "Nada". Ayer Sagrada Familia y barrio gotico. Hoy Parque Guell y algo mas. Y magnana temprano, Madrid y Feria del Libro otra vez.
Lo dije hace tiempo: tengo suerte. Aunque "me desvanezca, otra vez". Nos vemos pronto.

Wednesday, June 04, 2008

Judíos y masones: “enemigos de España”


Como es sabido, para Franco los enemigos de España eran los “judíos, masones y comunistas”. Daría prueba de tan temible amenaza para la integridad de la Patria hasta en su último discurso en el balcón del Palacio de Oriente. Ante un Juan Carlos atónito, el anciano y entrañable dictador que decidió morir matando, como si de una receta gastronómica se tratase, diría aquello de: “todo responde a una conjuración judeo-masónica en lo social y comunista en lo político”. Un poco de masones y tres cuartos de kilo de judíos.
Esta semana tuve la oportunidad de acercarme a estos terribles enemigos de España. Me faltaron sólo los “rojos” (¡y los separatistas1), pero de estos ya conozco a algunos.

Primero fue el turno de los judíos. Fui a la presentación de un libro en una sinagoga española y portuguesa de Maida Vale. Era un templo de judíos sefarditas: aquellos hijos de Sión expulsados de España y, más tarde, de Portugal. Mis sospechas no se vieron confirmadas: los sefarditas de Londres no tienen rabo ni cuernos. Todo lo contrario: demostraron ser seres encantadores, muy educados, que todavía tienen clavado el exilio de su tierra. Y han pasado más de cinco siglos. Mantener su identidad está por encima de todo: aunque tienen un aspecto plenamente occidental, se preocupan constantemente por lo que fueron. Tras la presentación y el consiguiente vino, el rabino nos dio un paseo por algunos de los cuadros y retratos del templo: conocía a la perfección la fecha y nombre de sus predecesores. La mayoría de los asistentes eran ancianos, conversando en inglés e incluso alguno en ese español con ecos medievales. Al escuchar al autor hablar sobre el tema del libro, la vida de los judíos conversos en España entre el siglo XVI y XVIII, lo observaban con tristeza, con la mirada perdida. ¿Sería cierto aquello de que todavía conservan en sus bolsillos las llaves de las casas de las que fueron expulsados?

Y luego fue el turno de los masones. “La Gran Logia Unida” tiene su templo al otro lado de la LSE, por lo que era imprescindible conocerla. Visitamos gratuitamente el museo y un señor masón, también sin rabo y sin cuernos, nos ofreció un agradable “tour” por el edificio. En teoría la masonería nacería en la época medieval, se dice que impulsada por los canteros de las catedrales. Su principio fundamental es combatir la ignorancia, por lo que acogen en su seno a miembros de cualquier religión. Sostienen que la sabiduría puede cambiar el mundo y a los hombres, resolviendo cualquier problema. Utopía que, mañana mismo, podríamos abrazar cualquier de nosotros.
Visitar el “Gran Templo” fue sobrecogedor: una sala con símbolos masónicos en todas las dimensiones y colores. En un lado, casi en el centro, el sillón del “Gran Maestre”, actualmente el Duque de Kent. Y alrededor, 1.600 asientos para todos los hermanos. Impresionante. Al acabar, el guía se ofreció a responder “cualquier pregunta”. Me atreví a preguntarle qué se hacía en el templo, si se tomaban decisiones, se hacían discursos… Respondió que “las actividades del templo eran meramente ceremoniales”. Mi cara estupefacta de “no me has respondido” le hizo replicar: “las actividades del templo son secretas, salvo para los miembros de la masonería… pero en Internet puedes encontrar la respuesta”. Será por falta de interés o por reacción de repulsa… pero hasta hoy no lo he hecho; si algún lector conoce la respuesta, bienvenida sea.
En definitiva, dos ejemplos más de las oportunidades de la ciudad de Londres, donde es posible “bajar a los infiernos”, encontrarse con estos “seres infernales y diabólicos” y ver que nosotros también debemos ser criaturas del averno, pues somos tan parecidos…

Friday, May 30, 2008

Jordi


Y llegó Jordi Pujol. Desde luego, una de las cosas que aprendí ayer es que el aspecto tiene poco que ver con el liderazgo y el carisma político. Pujol paseó sus 78 años por la LSE, habló en un inglés casi perfecto (de gramática, que no de pronunciación), con los mismos "tics" que todos conocemos.

Reflexionó sobre los retos de Cataluña en el siglo XXI. Dio un repaso por los logros, problemas y defectos de Cataluña. Fue claro: ni su partido ni él quieren la independencia de España. Tan sólo aspiran a ser reconocidos y controlar algunas atribuciones. Su discurso fue de altura, independientemente de las opiniones que uno pueda tener. Si Carod era un propagandista, radical y sin fondo, Pujol era todo un líder, un político capaz incluso de hacer autocrítica en algún momento. Por ejemplo, admitió que no habían sabido explicar a España ni a sus regiones lo que pretendían, que habían estado distantes y que se habían olvidado de que España no era sólo Madrid.

Su discurso tuvo puntos de humor. Su personalidad le hace brillar y, seguramente, también su cultura: había leído a historiadores como John Elliott, hablaba francés, alemán e inglés (como mínimo) y también demostraba haber visto mucho mundo.

Al terminar el acto, estábamos encantados. Pero fueron pasando los minutos comenzamos a desinflarnos: pensándolo bien, Jordi no dijo nada. Pero sin duda algo más que Carod.

Tuesday, May 27, 2008

Josep Lluis


El 15 de mayo pasado nos visitó en la LSE Josep Lluis Carod Rovira, vicepresidente de la Generalitat catalana. Este post nace con todo el respeto que se merece alguien elegido en unas votaciones democráticas, pero no dejaré de exponer mi opinión.

La figura de un nacionalista que se declara de izquierdas es todo un retrato del estado patético al que ha llegado, en algunas cuestiones, el mundo contemporáneo. La nación y la igualdad entre los hombres son contradictorios: a la hora de gobernar y decidir, ¿qué pesa mas, el individuo o la nación? A no ser que estemos concibiendo las naciones como si de clases sociales se tratase, no entiendo nada; aunque bueno, eso lo explicaría todo.

Algunas pinceladas para situar a los lectores en el acto. Sala lujosa, con unos 60 asistentes. Según me comunica algún investigador amigo, llegó a contar 14 personas pertenecientes al séquito político que provenía de Barcelona. Si a eso le sumamos los alumnos de la sociedad catalana de la LSE y demás asistentes, y tenemos en cuenta que la charla fue impartida en catalán, comprenderemos el poco sentido crítico que tendrían las palabras de Carod en uno de esos "templos de la sabiduría", que diría Unamuno.

Vamos al contenido. O mejor, a lo que no se dijo: no se pronunció en ningún momento la palabra "España", y sí "Estado español". Tampoco se habló de la Comunidad Valenciana, Baleares o Cataluña de forma diferenciada: ni se empleó el término "Países Catalanes", sino "Cataluña" para referirse a todas esas regiones y, oh sorpresas de la geografía, al sureste de Francia ("Cataluña del Norte", fue llamada). También hubo sorpresas históricas: Cataluña tiene 1.200 años de vida cuando, oh ignorante de mí, pensaba que las naciones nacieron en el siglo XIX como fenómeno contemporáneo (Hobsbawm es un ignorante y yo sin saberlo).

El momento estelar llegó con las preguntas. Ninguna cuestionó el discurso homogéneo de Carod. A todo el mundo le pareció bien que Cataluña fuese sólo catalano-parlantes, que la identidad de los catalanes fuese homogénea, que no hubiese diferencias. En un momento dado, crecido ante un público fiel, domado y preparado para aplaudir, Carod afirmó que los "españoles y Madrid somos genéticamente centralistas". Hasta los más fieles se asustaron de sus palabras, pues el jefe del gabinete de prensa se levantó de su silla, se acercó a los periodistas y, apuntándoles con el dedo, les advirtió: "no apuntéis eso, que se ha pasado". En fin, homogeneidad al canto desde un discurso que pide el reconocimiento de su diferencia. Paradojas... o extremos que se juntan en un punto.

Durante la charla, mi amigo Peter, inglés e historiador, no paraba de darme con el codo y, con cara de sorpresa, apuntaba con su dedo a frases e ideas del texto repartido en inglés. Tras el acto, le pregunté qué pensaba. Respondió que le había parecido increíble, pero que también le había sorprendido que nosotros, sentados a su lado, estuviésemos tan indignados. Le comenté que quizá con el problema nacionalista de Escocia el se sentiría igual... y me contestó: "¿y a mí que más de da? Tengo cosas más importantes por las que preocuparme".

Seguramente el discurso homogéneo, victimista y, por qué no decirlo, esencialista del bueno de Carod es importante y consigue sacarme de mis casillas. Pero también es cierto que, a veces, la mejor respuesta es no prestarle atención y verlo en la distancia. El problema es que el nacionalismo, tanto español, catalán o cualquier otro, es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de otros. Pero lo cierto es que causa un hastío... En fin, mañana más: Jordi Pujol cerrará los seminarios.

Friday, May 23, 2008

Rincones secretos de Londres


A veces, para encontrar los "rincones secretos del alma", hay que visitar los servicios de chicas y echar un vistazo a sus muros. Algunas pruebas de ello en un bar londinense:

How do I know if he's the one? Is this love? (¿Cómo puedo saber si el es el chico de mi vida? ¿Es esto amor?)

Love is something you don't get (El amor es algo que no alcanzas)

Open your heart to love to enter (Abre tu corazón para que entre el amor)

Does anyone know what they want to do with their life? I have no idea. What's it all about? (¿Alguien sabe qué quieren hacer con su vida? No tengo ni idea. De qué va todo esto?)

Wednesday, May 21, 2008

Oslo, con suerte



Vivo entre las páginas de los libros y el aire de todo lo que me rodea. No hay tiempo muerto. O trabajo u ocio al 100 por 100. Probablemente este tipo de vida no parezca estable ni relajada, pero confieso que me he acostumbrado... y que seguramente a partir de ahora lucharé para que nada de esto cambie.

Este fin de semana nos escapamos a Oslo (Noruega). Me llevé a mis dos buenos amigos chinos a visitar a mis también buenos amigos noruegos. Como algunos lectores recordarán, ya nos vimos las navidades pasadas, e incluso en marzo en Londres. Prácticamente nos raptaron: debíamos conocer la fiesta del 17 de mayo, la Fiesta de la Constitución, el día nacional de Noruega. Esa era la excusa, pero el fin de semana no ha tenido desperdicio.

Oslo es una capital de provincia, fría, muy cara y muy bien ordenada. Pero a veces hasta en latitudes tan extremas pasan cosas excepcionales. Como que un grupo de noruegos, chinos y un español perdido acaben en un concierto del supremo Nick Cave. Como que en la fiesta de la Constitución nos inflemos de comer un desayuno noruego, español, chino, malayo y centroeuropeo mientras que brindábamos con champán. Y mientras tanto, el inglés, esa lengua tan ajena pero que a todos nos une, borraba las fronteras de países y seres tan distintos. Y también el alcohol, porque las calles de Oslo también estuvieron unidas por la cerveza noruega (e incluso las caipirinhas).

Al día siguiente, hubo tiempo para todo: para superar la resaca, visitar el fiordo de Oslo, el centro, la modernísima Ópera, el peculiar Vigelandspark (que razón tenías Polo), el Hollenkollen, el museo vikingo... o charlar con mi amigo Morten, tal vez la persona que más disfruta con una conversación, una confidencia o un pensamiento sincero.

Dos chinos, un español y muchos noruegos. Mi vida dista mucho de ser normal. Sé que es excepcional, que tengo suerte, mucha suerte.

Tuesday, May 13, 2008

La muerte de un perro


Hay cosas tan importantes en la vida, que al escribir un post como este a uno le tiemblan los dedos. Catástrofes que barren el globo. Injusticias que claman al cielo, al infierno o a cualquiera de los dioses que unen o dividen a los humanos. Por eso, hablar de la muerte de un animal, de un sólo animal, hace que se levante en mí el recelo de la culpa, el sentimiento de ser egoísta, de estar fuera de la realidad y de obviar los problemas que tejen o hacen sufrir al mundo.

Hoy ha muerto mi perra Malena. Algunos indicios me prepararon para el momento en que, en una conversación telefónica al final del día, he tenido conocimiento de ello. Ha sido en una clínica granadina. Las dos mujeres de mi vida tomaron la valiente decisión de interrumpir su vida, de acabar sus días.

Es complicado escribir sobre ellos, explicar la relación que tienen o han tenido con nosotros. Expresar cómo estaban con nosotros día a día, cómo nos han acompañado. Cómo nos miraban, se acercaban buscando una caricia o una mirada cruzada. Cómo esperaban al oirnos llegar y eran sinceros al vernos, agradeciendo nuestra presencia, una caricia, una palabra, un juego, un mimo. Y cómo, todo eso, era tan importante para nosotros.

Son tan poca cosa que pensamos que iban a estar ahí para siempre. Se hacen tan cotidianos que se hacen imprescindibles. Sabemos que llegará el final y, cuando nos viene a la cabeza ese pensamiento, lo apartamos rápidamente, pues quizá no queremos reconocer hasta qué grado nos importan. Nunca he alcanzado a comprender si son importantes porque nos ayudan, por el bien que nos hacen, o porque significan para nosotros mucho más de lo que reconocemos o queremos aceptar. Porque después de todo, somos sus "amos".

Después de todo, creo que sin ellos no sería yo. Gracias a ellos, cuando era niño, comprendí qué era la juventud, que era la vejez y qué era la vida y la muerte. Completaron el significado de palabras como fidelidad, nobleza, simpatía, compañía, alegría o cariño. Y también completaron lo que hemos vivido, pues desde hace mucho, han estado ahí: marcando los días con sus despedidas y sus bienvenidas en la puerta, haciendo que queramos volver a casa, a refugiarnos en ellos y a buscar el entendimiento y la comprensión que a veces nos humanos no nos damos.

Sean lo que fueren, son algo intrascendente para el resto del mundo. Tampoco tienen que cambiar la Tierra. Su pérdida seguramente será anónima salvo para un puñado de hombres, y seguramente, así debe de ser. Pero para esos, para unos pocos, cuando no estén la vida habrá cambiado.

Tuesday, May 06, 2008

Una ventana al lago Michigan


Que la vida no es lineal, que las ventanas del pasado se abren en el momento más inesperado, es algo de sobra conocido. Cuando menos lo esperamos, cuando estamos en el día a día de nuestro plácido y rutinario presente, se abren esas las ventanas de par en par. Porque son ventanas, no puertas: no podemos pasar por ellas, volver a deambular por aquellos días, ver esos espacios, hablar con las gentes que allí dejamos; pero sí podemos asomarnos a su recuerdo, ver una y otra vez lo que recordamos, revivir lo sentido, lo vivido, las alegrías y las penas que todavía hoy marcan a sangre y fuego lo que somos. Valoramos entonces qué ha supuesto aquello que hemos dejado atrás. Lo que no ha merecido la pena, ya sea bueno o malo, se difumina, se pierde, no vuelve a ser comtemplado. Pero lo que es importante, aquello que nos ha hecho lo que somos... retorna una y otra vez, acompañándonos en el hoy y condicionando lo que queremos que nuestro futuro sea. Es entonces, sólo en ese momento, cuando comprendemos en su justa medida lo que nos ha hecho felices e infelices, cuando separamos lo mediocre de lo excepcional, lo gris de lo brillante.

Hoy se ha abierto una ventana a Michigan. La excusa de unas más o menos corrientes fotos de barbacoa me han llevado otra vez allí. Hoy he vuelto a ver la inmensidad del Lago Michigan, su azul sin fin; las dunas blancas de Sleeping Bear Dunes; las casas de madera, idílicas, alzadas a más de metro y medio del suelo para escapar del frío; las sensaciones de andar, ya en manga corta, por las calles de Ann Arbor, por Main St, por Liberty St -la calle donde un día viví-, pasear por los parques, el campus o la biblioteca de la universidad. Y por supuesto, he vuelto a conversar con los amigos que allí dejé, a comunicarnos como solíamos hacerlo: hablando poco pero entendiéndonos más que he logrado entenderme con nadie. He vuelto a revivir las cenas con vino, carne, tabaco de liar y whiskey, a pensar que España y los míos estaban lejos pero que era feliz. Nunca pensé que todo aquello fuese tan importante. Nunca fui consciente: cuando más me alejo, cuanto más distante quedan aquellas noches, más vuelve a mí todo lo que fui y que, ahora, no puedo dejar de ser.

Tuesday, April 29, 2008

Si toleras esto... / If you tolerate this...

La memoria y la historia golpean la una en la otra, como las olas del mar en la interminable playa del tiempo.

“Si toleras esto, tus hijos serán los siguientes”. Esa es la respuesta que, un humilde campesino galés le dio al cantante y compositor de los Manic Street Preachers a su pregunta: ¿Por qué dejaste a tu familia, tu casa, tu tierra y fuiste a luchar como voluntario a España? Esa respuesta, que da título a esta canción sobre la guerra civil, siempre me había parecido llamativa. Sabiduría campesina, sentido común del hombre pegado a la tierra y a lo que más quiere, coraje en movimiento. Un día, en un libro vi un cartel dirigido a reclutar voluntarios para la defensa de la República: “If you tolerate this, your children will be next”. Este descubrimiento, pecado de historiador, no invalida poner en juego una vida por algo en lo que se cree.

Fueron muchos los que viajaron a España para ayudar a la República frente a los sublevados. Algunos de ellos célebres: George Orwell, André Malraux, el mítico fotógrafo Cappa, Hemingway… Otros eran hombres comunes, cuyos nombres se pierden en el tiempo o en el recuerdo de esas familias que cada vez los recuerdan menos, pues la muerte no diferencia entre republicanos o nacionales.

Conocí a algunos de esos hombres comunes el sábado. La organización de brigadistas, hijos de la guerra y exiliados españoles de Londres prepararon un evento conmemorando esos días: “¡Viva la República!”. Se sucedieron documentales, poesías, charlas, venta de objetos conmemorativos, confesiones de testigos… Fue algo agridulce. Dulce porque los ves en su mundo, reconocidos por sus familiares y amigos, charlando, abrazándose e incluso emocionándose con aquellos años, con un sufrimiento que marcó sus días. Y agrio porque nadie escapa al tiempo. Son cada vez menos los que quedan: el tiempo se los acaba tragando a todos. Ver a estos antiguos voluntarios, a esos niños envejecidos, con su mirada sonriente y perdida, sus pantalones de pana, algunos de ellos con boinas vascas, apoyados en sus bastones… entristece. Es obvio que el tiempo puede con todos nosotros. Pero quizá lo más triste es ver que quizá también puede con los sueños. Que no alcanzaron ni alcanzarán aquello por lo que lucharon. A cambio, tuvieron la tortura de que ese recuerdo, la trágica y mítica hora de la guerra civil, se convirtiese en el recuerdo central de su vida. Son seres sin importancia pero que, aún siendo vencidos, estando envejecidos, tienen en sus ojos la dignidad y la honra del que ha soñado, del que se ha atrevido a lanzarse a por aquello que creía.

Thursday, April 24, 2008

Encuentro con la biología animal y vegetal


Este post viene inspirado por el fantástico blog de Sensualista, por una conversación con una amiga tiempo ha (T., lo prometido es deuda), y por un día de primavera.
Estas cosas suceden de improviso. Uno se levanta, se ducha, desayuna viendo los periódicos digitales, sale de casa, toma el tren… y cree que se enfrenta a otro día normal. Pero debía haberlo sospechado. Era distinto: hacía sol y la temperatura era más agradable.
Empezaron a suceder cosas extrañas. Comencé a comportarme de manera rara. Al llegar a la British Library, en el momento de escoger sitio… en lugar de hacerlo en una mesa en el hall, donde hay mas luz natural e incluso flexo… me vi “tomando posiciones” en un pupitre sin flexo, sin apenas luz natural… pero con unas “vistas” más que interesantes. Empezando a leer el primer libro, ante la poca luz, pienso en lo que había hecho y me digo: “Que cosas tienes, Bobby”. No le doy importancia al asunto, lo veo como una mera anécdota.

15.00 p.m. Tras tomar el metro, llego a la peluquería, donde tenía cita. Es una academia de peluquería donde es más económico pelarse… pero parece que es una escuela de prestigio. Está llena de chinitos, chinitas, japonesitos, japonesitas y gente de todas las nacionalidades mejorando sus cualidades con la tijera. Muchos de ellos parece que tienen buena posición económica, e incluso vienen con intérprete. Bien. Siguieron sucediendo cosas extrañas: mientras que me pelaba una coreana, Yujin, a su lado estaba una intérprete, también coreana. Mientras que Yujin estaba, tijera en mano, tratando de darle sentido a mi enorme cabeza… yo entablé conversación con la intérprete. Se llamaba “Moon” (“luna” en inglés), y tenía la belleza de esas orientales que en aquellas películas de Hollywood hacían perder la cabeza a los marinos americanos. Llevaba tres años en Londres, había vivido en Marruecos, conocía Granada y las cuevas del Sacromonte, amaba la paella, el flamenco… ¡pero bueno!, me dije a estas alturas… ¡cualquiera pensaría que le estoy tirando los tejos a la chica! Y seguramente, sin darme cuenta, lo estaba haciendo.

Salí a la calle. Oxford Street. 17.30. Hora punta. Hacía calor. De las tiendas entraban y salían mujeres y hombres; por la calle paseaban mujeres y hombres; pero yo sólo veía a las primeras. Habían dejado atrás el invierno, los abrigos, los jerseys, los impermeables londinenses… habían llegado las camisetas con tirantes, las faldas y otros elementos de la vestimenta femenina tan perniciosos para los ojos de los hombres.

Debo escapar de aquí, pensé. Caminé hacia Marble Arch… y crucé a Hyde Park. Atravesé el parque hacia el sur… pero no sirvió de nada: en el césped, apoyadas junto a los árboles, junto al lago, paseando a perros, dando de comer a las ardillas, haciendo deporte, montando en bicicleta… estaba acorralado por mujeres.

La primavera había llegado. De improviso. Lo tenía que haber sospechado. El primer aviso fue aquel día en la biblioteca de la LSE cuando, al andar, me llevé por delante a una chinita por estar mirando a una chica en el otro lado del vestíbulo.

Le ha costado. Hemos tenido nevadas, vientos y, por supuesto, lluvia. Pero la primavera ya está aquí. Y uno, a sus treinta primaveras (que no veranos), ha perdido el miedo y el pudor a reconocer el placer de disfrutar de la belleza, de los cuerpos, de las miradas, del olor de la carne, de los gestos y, en definitiva, de la sexualidad. Mirar, (con la impunidad de mi soltería) desear y disfrutar de una mujer en todas sus esferas, afortunadamente, ha dejado de ser un tabú. Sólo hay un problema: hoy ha vuelto a llover.

Monday, April 21, 2008

Humor y política

Quién me iba a decir a mí que un tío vestido de falangista iba a tener tanta gracia.

Thursday, April 17, 2008

Una giornata particolare


El buen cine tiene la capacidad de emocionarme. Aunque sea en una sala medio vacía de South Kensington, en un patio de butacas antiguo, rodeado por espectadores de avanzada edad a los que nunca vi el rostro.

Tras un día en la British Library y una rápida conferencia en un congreso de nacionalismo, hoy he ido al cine. He visto 'Una giornata particolare' (¿un día especial?), de Ettore Scola, protagonizada por Marcelo Mastroianni y Sofía Loren.

La película cuenta una historia peculiar. En la Italia fascista, Hitler llega a Roma. Todo un bloque de pisos de cualquier 'quartiere' romano va en masa a ver al Führer y al Duce; un bloque que bien podría ser la sociedad. Sólo quedan tres personas en el edificio: la portera fisgona y cotilla, plasmación de eso ojo que siempre nos mira y censura; Sofía Loren, una madre de familia casi analfabeta, con seis hijos y un marido 'camicia nera', aparentemente volcada con el fascismo; y Marcelo Mastroianni, un locutor de radio apartado de su profesión por su homosexualidad.

Y poco más, o casi nada más, es el guión de este film: él y ella se encuentran, buscan la conversación del uno con el otro. Ambos quieren escapar a un mundo que los margina, que no los tiene en cuenta y que calla su voz. La necesidad de escapar de la soledad, de buscar un abrazo, luchar por un futuro mejor les lleva a un amor perfecto... pero imposible a la vez.
Marcelo Mastroianni nos hace sentir que el cine, a pesar de los años, las ropas de otra época o las lenguas ajenas, es algo humano. Algo que podemos tocar con nuestras manos, que nos puede hacer llorar y que hace que tengamos ganas de abrazar a alguien. Mastroianni tiene ese olor del hombre cotidiano, del hombre común, pero que acaba siendo más héroe que cualquier caballero legendario. Siempre viste con ropa tradicional, sin esperpento, y mira con esos ojos de cualquier hombre, sonríe o se entristece como cualquiera de nosotros. Mastroianni vive las historias que nadie cuenta, que a todos nos pasan desapercibidas. Muchas de las cuales pueden habernos sucedido a nosotros. Quizá esas son las más importantes.