Tuesday, July 24, 2007

Marbiella

La semana pasada me pegué una escapada a Madrid. Nada de ocio: archivos, archivos y más archivos (y alguna tajadilla con algún amiguete por la calle Huertas). Escribiré más adelante sobre mi encuentro con la Historia y “mi personaje” en el Archivo del Congreso de los Diputados…

Pero el fin de semana, me bajé a Marbella. Desde que era un niño he pasado los veranos en el mítico pueblo. Después de todo, hay muchas cosas que me unen a él, de forma extraña: toda la familia de mi madre, mi amigo-poeta-novelista Alejandro Pedregosa, estudiarla en mi tesis doctoral… y esa sensación de amor-odio que siento por ella. Recuerdo cuando las playas estaban llenas de espigones y, mirando hacia el interior, Sierra Blanca tapaba el horizonte. Creo que hasta el clima era diferente, más fresco. Recuerdo hasta ríos y torrentes… e incluso algún jardín. Hoy Sierra Blanca sigue estando ahí, pero las aristas verticales de cualquier edificio mediocre tapa su vista. Sobre los arroyos y torrentes no hay más que cemento y papel, mucho papel y mucha cinta de vídeo de prensa del corazón.

Todavía sigue oliendo a mar. Mediterráneo por los cuatro costados. Y todavía se ve África. Parece que el gusto de divisarla al horizonte al final de la tarde, como una aparición misteriosa y exótica, todavía no nos lo han quitado. Démosles tiempo.

Monday, July 23, 2007

Décimas de la muerte


Esta última semana he tenido el blog un poco descuidado. Intentaré recuperar el tiempo perdido en los próximos días...
Mi madre me regaló por mi cumpleaños algo del todo "oportuno" para levantarme el ánimo: una reedición de Las Décimas de la Muerte, compuestas por un hidalgo de la Ciudad de Cuenca (siglo XVII). Hay algunas que me han llamado la atención. ¿Creemos que lo sabemos todo, que nadie ha sentido ni pensado antes que nosotros?

Oh tú que estás sepultado
En el sueño del olvido,
Si para tu bien dormido,
Para tu mal desvelado!
Deja el letargo pesado,
Despierta un poco y advierte
Que no es bien que de tal suerte
Duerma y haga lo que hace
Quien está desde que nace
En los brazos de la Muerte



¿De qué sirve anhelar
Por tener y más tener,
Si esto en tu muerte ha de ser
Fiscal que te ha de acusar?
Todo acá se ha de quedar,
Y pues no hay mas que adquirir
En la vida que el morir,
La tuya rige de modo,
Pues está en tu mano todo,
Que mueras para vivir.

Tuesday, July 17, 2007

29

Hoy cumplo 29 años. No sé por qué siempre me ha preocupado esto de la edad: quizás por vivir tan obsesionado, profesional y personalmente, con eso del pasado y del presente. Como virtud o como defecto, creo que tengo buena memoria. Por eso en estos días vivo como si fuese una raya en el espacio del tiempo: durante 24 horas revivo y recuerdo lo bueno y lo malo de mi pasado, y por otro lado hago perspectivas y cábalas sobre lo que me deparará el futuro.

En días como hoy valoro mi vida. Lo positivo y lo negativo que he vivido, lo que he progresado y lo que he perdido. Dejemos lo que puedo haber ganado para otro momento. Y ocupémonos de lo que he perdido… lo tengo claro: imaginación e inocencia. Quizá ambas van unidas. Recuerdo cuando en el pueblo de Huelma (Jaén), con 3 ó 4 años me imaginaba que llegaría un día en que podría ser futbolista, miraba a mi alrededor pensando y creyendo que todos éramos iguales, o me dejaba convencer por las palabras de un padre que me aseguraba, cogiéndome la mano y mirando a las estrellas, que podía hablar con mi abuelo Miguel que, sin despedirse, había “decidido” subir al cielo. Eran años donde pensaba que mis padres eran perfectos: ni en ellos ni en nadie veía la avaricia, el egoísmo, la vanidad, la doble faz de la verdad. Nadie quería hacer daño a nadie. La desigualdad no existía.

Hoy he perdido todo eso. Seguramente he dejado de imaginar, de ser positivo y, definitivamente, he perdido la inocencia. Seguramente también río menos. Esto de pretender tener los pies en el suelo quizá acaba alejando de lo que llamamos felicidad. 29 años han impuesto el realismo sobre todas las demás cosas. Quizá el peso de la realidad es demasiado poderoso.

Pero en días como hoy también miro con esperanza al futuro. Creo sinceramente que no he perdido el tiempo. Y que he aprendido, he aprendido muchas cosas. Y esa es mi clave, mi secreto: no quiero dejar de aprender, de interesarme por lo nuevo. Mirar, mirar, buscar, buscar, avanzar, avanzar. Puedo haber perdido grandes dosis de imaginación y de inocencia: como decía Lorca, he comprendido que el gusano se ha convertido en mariposa, y que no había nada de magia en ello. Pero me quiero agarrar con todas mis fuerzas al inconformismo, a empezar cuestionándome a mí para cuestionar todo lo demás. No quiero una vida de “mano, parque, paseo” ni cosas por el estilo. ¿Misión imposible? Seguramente, pero me mantiene en pie y animado la esperanza de que, cuando acaben mis días, mire hacia atrás y piense que he aprovechado el resplandor de vida que he tenido. Después de todo, parece que sigo siendo un soñador. Lo mismo esa es la clave para seguir adelante.

Wednesday, July 11, 2007

¿Qué hacer?


Acabo de leer en El País que una ONG dedicada al apadrinamiento de niños, Intervida, está siendo investigada por desviar dinero a fines particulares:

La sede central y otras dependencias de la Fundación Intervida en Barcelona están siendo registradas hoy por orden de la juez del juzgado de instrución número 17 de Barcelona, que ha decretado el secreto de las actuaciones que se llevan a cabo. [...]

La juez ha tomado esta determinación una vez admitida a trámite la querella que el Ministerio Fiscal presentó contra esta ONG por los presuntos delitos de apropiación indebida, delito societario, estafa y asociación ilícita. Según la Fiscalía, los gestores de la Fundación Intervida habrían desviado millones de euros procedentes del apadrinamiento de niños del Tercer Mundo hacia la constitución de empresas e instituciones privadas.
Ante estas cosas... ¿qué hacer? Desde hace más de 4 años tengo apadrinado a un chico con esta organización. Su nombre es Eudaldo y es de El Salvador. Me enviaron entonces su foto: pura carne de cañón de 12 años. Supongo que ahora rondará los 17 y pocas cosas habrán cambiado. Se pocas cosas de él, salvo el dibujo que siempre recibo por navidades. Por un lado me siento engañado; pero también siento odio hacia unos directivos que han jugado con la pobreza y con los intentos de alguna gente de acudir a la llamada para paliar la crítica situación de algunas personas (seguramente para limpiarnos nuestra conciencia). ¿Hasta dónde hemos llegado? El colmo de la miseria humana: la pobreza, la pena y la miseria como inversión y negocio.

Pero ahora, ¿qué hacer? ¿Bloquear las transferencias mensuales? Si lo hago, no pagarán los culpables, y acabarán pagando los de siempre. Y si no lo hago, seguiré con la cara de tonto que tengo. Acepto consejos.

Tuesday, July 10, 2007

Estrés, mierda y churros


Me ha dado el agobio. Y yo que creía esto de la adaptación superado. Acabo de encerrarme en casa, apagar el móvil, y en este preciso momento el teléfono está sonando y me niego a cogerlo. Quizá tenía Megan razón cuando me decía en un comentario pasado que me ve como un extranjero en su tierra (yo también la veía a ella en Michigan). Es curioso, seamos los blancos más racistas que los negros (lo que creo verdaderamente), sea la Alhambra maravilla del mundo o no (¿quién duda de que no lo sea?) o nuestros políticos granadinos se peleen por quién es el que ha apoyado menos a la candidatura de la Alhambra… hoy yo quiero escribir este post para relajarme. Aunque se me vea (se me olvidaba, Anónimo) más guapo junto a mi hermana y Awen.

La siguiente anécdota me pasó la primera semana que andaba por aquí. Tras resaca brutal de bienvenida, caminaba yo junto a un coruñés casi ajeno a Granada por la Plaza de Bibrambla. Era mi adaptación a la ciudad, y todavía no había visto el rasgo más característico de nuestras gentes. Buscando una terraza para desayunar churros, intentaba yo impresionarlo: “esta es la Catedral”, “esto es la Alcaicería”, “este burro-aguador es un adefesio”, etc… hasta que llegamos a la mítica Plaza de Bibrambla. Caminábamos decididos hacia la terraza en busca del mentado café con churros. Cuando de repente:

X: “Mierda”
X acababa de pisar, resbalar y surfear sobre la mierda más pastosa y grande que he visto en Granada en todos los días de mi vida. Gelatinosa, olorosa, asquerosa… y marrón, muy marrón (claro). Para colmo, calzaba náuticos… con suela blanca. Yo intentaba disculpar la situación:
“Desde luego, es que la gente no tiene educación, bla, bla, bla”.
Y de repente, cual profeta oscuro de la noche (o de la mañana) rugió, o mejor, sopló el aullido del granadino típico, en toda su esencia metafísica. Un hombre sentado en un banco junto a nosotros, espetó:
“Titi, desde luego, llevas mierda y suerte pa tor día”.
No pude contener la risa. Intenté justificarme ante X:
“Ves, esto es la malafollá granaína, que también debes conocer”.
X respondió: “pues no tiene ninguna gracia”. Y digo yo: ¿quién ha dicho que la tenga?
Después de limpiarse afanadamente su suela, desayunamos. Dejé a X en la facultad de Derecho, donde acudía como miembro de un tribunal a cátedra. ¿Olería mal aquel día en la universidad?

Friday, July 06, 2007

Granada, 6:00 a.m.


Jueves 28 de junio, dos días después de mi llegada a Granada. Eran las seis de la mañana. De repente, jet lag al acecho: ojos de par en par, cuerpo que no responde para seguir durmiendo… desesperación. ¿Qué hacer? Como un turista más, cogí la cámara de fotos y me lancé a las calles de Granada. Fue entonces cuando descubrí el “Adefesio” (post anterior), pero también las calles vacías de mi ciudad.
Por extraño que parezca, nunca había estado “en el otro lado”. Eso de las 6 y las 7 de la mañana eran para mí, a veces, horas para volver a casa. Pero no horas para pasear y contemplar la ciudad. Supongo que ese jueves era uno más de esos tíos raros que pasean al perro, leen el periodico en un banco, o sencillamente, andan por la calle.

Después de fotografiar el “Adefesio”, caminé sin rumbo. La Carrera de la Virgen Arriba, Puerta Real, Plaza del Carmen (Adefesio ecuestre sobre el ayuntamiento), Plaza de Bibrambla, Catedral, San Agustín… Eran calles que todavía no habían despertado para el turismo, decadentes: entonces sí se sentía el silencio de la Plaza de las Pasiegas, se contemplaban las fachadas desconchadas y deshechas de algún edificio con banderas reivindicativas… y justo en frente de todo eso, los mendigos que nunca vemos dormían a las puertas del mercado, en el corazón de la ciudad. Poco a poco, la ciudad iría despertando y esa realidad pasaría desapercibida. Llamé al apartamento de mi hermana, justo en el centro. Entonces, bajamos, desayunamos y fuimos Granada.

Monday, July 02, 2007

Adefesio


En las guías turísticas se dice que Granada es la ciudad del agua. El agua y las fuentes. Y creo que en parte es así. Las fuentes y pilares de esta ciudad son especiales, no sólo por su belleza, sino por el espacio que crean, el sonido del agua al caer, la atmósfera que generan… Pero como bien sabemos, nada es inmutable. Y de las primeras cosas que –tristemente- me sorprendieron al volver a Granada ha sido la “Fuente de las Granadas” (foto).

Hoy me dejaré la diplomacia en casa: un adefesio. Horrenda. Brutalmente fea. Cuando uno la contempla, le pasan por la cabeza todos los estilos de la historia del arte. Uno puede decidirse por las proporciones o el equilibrio (renacimiento), el movimiento y los efectos (barroco), o incluso por algo conceptual o abstracto (arte moderno). Pero en Granada somos más originales: como amamos el estilo ecléctico o “remordimiento español” (o granadino), creamos una infame expresión de las artes plásticas y la colocamos en el centro de la ciudad. Desproporcionada, enorme, de bronce al completo (no recuerdo una fuente completamente de bronce en ningún lugar del mundo), anti-ecológica, estorbando en la perspectiva del paseo, haciendo desaparecer las vistas populares del Barranco del Abogado… y fea, muy fea.

Cuando tomé esta foto, sobre las 7 de la mañana, pensé que quizá la decadencia de una ciudad tiene mucho que ver con su mal gusto. Ese intento de rememorar un pasado que ya no es, con unos gustos que ya no son, de forma tan imperial y ajena a la propia esencia de la ciudad. Granada levanta fuentes enormes y, mientras tanto, sus ríos recorren el subsuelo, sepultados y mudos para siempre. Quizá aquella agua fresca de mi ciudad hoy no sea más que agua putrefacta de alcantarilla.

Reencuentro boquerón


Entrañable, sencillamente entrañable. El viaje, largo pero sin complicaciones: durmiendo como un ceporro la mayor parte del camino. Me esperaban en el aeropuerto de Málaga mis tíos Martín y Carmen, mi madre, mi hermana… y una amiga entrañable: Blanca. Qué sorpresa, qué alegría, qué alboroto (perrito Piloto). Paseo por la calle Larios, cafelico en una terraza, sol y colores a raudales, gente gritando por las calles, tropezones con la multitud sin “excuse me” que valgan… y el culmen: pescaíto en un chiringuito del paseo marítimo (Polo, nos preguntamos a qué altura del paseo vives!). Por cierto, si a alguien le quedaba alguna duda, Blanca es Awen. Perdón querida amiga, he desvelado tu identidad. Sólo te falta ya tener un blog.

He vuelto / I'm back


Pues sí, que sigo con el blog. Parece que todo este tiempo fuera de Granada me había servido de poco. Pensaba que no iba a tener nada que contar, que nada sería interesante… pero la vuelta ha puesto de manifiesto los contrastes, las virtudes y defectos de esta ciudad y la sociedad con la que me he topado. En fin, seguiremos escribiendo con la filosofía de decir algo interesante, tratando de esquivar el peligro de la vanidad y el super-ego que supone siempre tener un blog, y tratando, como decía Agamben, de hacer la realidad posible y lo posible realidad. Los post siguientes son mosaicos de la primera semana en Granada… perdón por el atracón.

Tuesday, June 26, 2007

The End?



A menos de una hora de salir para el aeropuerto de Detroit. Estos dos últimos días han sido agridulces. Deshaciendo una vida, desmontando una casa, haciendo la maleta, cerrando una puerta para abrir otra, pasando página. Cada papel, cada mueble, cada fotografía colgada, cada caja de cerillas de un bar, cada esquina de Ann Arbor en estos últimos días, son como una puerta en el tiempo para contemplar el año que he pasado aquí.

Comencé a escribir este blog con motivo de mi llegada a Ann Arbor, animado por mi amigo Esteban. La verdad es que me he encontrado cómodo compartiendo impresiones, sentimientos, anécdotas, polémicas o cualquier tontería. Se cierra la puerta de mi vida aquí. Me pregunto si también debo cerrar este blog. ¿Será este el último post?

Saturday, June 23, 2007

Un hombre cualquiera


Mi amigo George es una persona común. Uno de aquellos hombres cotidianos que, con sus grandezas, miserias y contradicciones, construyen el mundo.

George es un hombre de su tiempo. Hoy tiene 78 años, dos rodillas artificiales, dos operaciones a corazón abierto y sobrepeso. Ha presenciado más de tres cuartos de siglo de historia de los Estados Unidos. Y el mundo que le rodea, siempre pequeño, se le escapa de las manos. Mi amigo George entiende que negros y blancos deben estar separados; pero su nieta, de 16 años, se empeña por defender su amor con un chico negro del Instituto. Mi amigo George cree en la paz; pero siente que América está en peligro y la guerra puede estar justificada. Mi amigo George desea ver el mundo; pero me reconoce que, por su vejez, es muy tarde para viajar.

George Kempf es de origen alemán. Su familia llegó a Michigan a finales del siglo XIX. El único rastro de su ascendencia europea es su sangre, su apellido y su religión luterana. Nació en una granja hoy cercana a Ann Arbor. Hijo de granjeros, desde pronto quiso escapar de la vida rural. Trabajó toda su vida vendiendo ropa de hombre.

Conoció a su mujer en la calle Main. Ella trabajaba en una tienda de ropa de mujer justo enfrente. Un día la invitó al cine. Ella aceptó. Dos días después, la invitó a la bolera. Todo siguió su curso y estuvieron 38 años casados. Según mi amigo George, sólo tuvieron dos discusiones fuertes. Parece que fueron felices. Tuvieron tres hijos varones. Buscaban una hija pero nunca llegó. Uno de sus hijos, con tan sólo 17 años, decidió poner fin a su vida. Todavía la tragedia queda patente en la voz de George cuando lo recuerda.

Un día George enviudó. La soledad lo liquidaba. Un par de meses después de la muerte de su mujer recibió una llamada de una vieja amiga, Nancy, también viuda. Los dos matrimonios salían juntos frecuentemente:
-¿Cómo lo llevas?
-Bien, respondió George.
-Es un infierno, ¿verdad?, replicó ella.

George y Nancy comenzaron a compartir tiempo juntos. Al principio esquivaban la soledad compartiendo el almuerzo. Después compartieron las cenas. Y finalmente, compartieron una segunda vida. Optaron por no casarse: él perdería la atención médica gratuita del hospital universitario y ella su pensión.

Hicieron proyectos juntos: George compró una casa junto a un lago, pero casi no pudo disfrutarla con Nancy. Su salud era débil y sus hijos siempre fueron distantes. Diabética, un día tuvieron que amputarle las dos piernas. Dejó su casa y la trasladaron a una residencia. George siguió a su lado, visitándola cada día. Un día, mi amigo la acompañó dándole el almuerzo. Después, tuvo que marchar a misa. Ella le suplicó: “por favor, vuelve después”. Él no lo hizo. Esa fue la última noche de Nancy, y el bueno de mi amigo George confiesa que nunca cesará de culparse por faltar a su promesa.

Seguramente mi amigo George, del que en estos días me despediré para siempre, es un hombre como otro cualquiera. Con una vida cualquiera, viviendo en un lugar cualquiera. Con los defectos y virtudes de cualquiera. Es un ser humano. Y le echaré de menos.

Thursday, June 21, 2007

Amiguetes


Ya quedan pocos días. Hoy, me ha aparecido en el salvapantallas de windows esta foto. Y claro, uno recuerda buenos momentos, recuerda a los amigos, y atisba más cerca que nunca la ilusión de volver a verlos. El otro día Alex me confesó que, en una reunión cervecera con Andrés y Fernando, pusieron una silla vacía junto a ellos, colocaron un vaso de cerveza y hablaban con ese "ente" como si fuera yo. Hasta me dirigían la palabra y cosas así (me servían cerveza, contestaban como si fuese yo, etc.). Y creo que fue entre la segunda y tercera cerveza. No sabéis las ganas que tengo de veros a todos y estar con vosotros. Pero estáis mal de la cabeza. Nada cambia.

Monday, June 18, 2007

El pasado oscuro de los políticos

Pasado y presente de una buena imagen.

Sunday, June 17, 2007

Chicago, fin de escena




… y vuelta a Ann Arbor después del viaje a Chicago. El último día y medio en Chicago fue espectacular: tour en barco por el río, navegando entre rascacielos. Luego, largo paseo por el centro (‘The Loop’, ‘The Magnificient Mile’), subida a rascacielos (John Hackock Tower, Sears Tower), museos (Instituto de Arte de Chicago)… pero quiero destacar dos cosas especialmente.

Jueves noche. Tenía que escoger entre blues y jazz. Aposté por esto último. Tomé un tren hacia el norte y llegué al mítico “Green Mill”. Es un local que lleva funcionando desde principio de siglo, con un ambiente de los años 20, donde todas las noches hay jazz en directo. De hecho, era uno de los lugares favoritos del mismo Al Capone. La atmósfera era espectacular, era como trasladarse al pasado: gente bailando jazz y swing, músicos empleándose a fondo y descansando para tomar un trago de whiskey, hombres con sombrero, mujeres con vestidos de otra época, y muchos solitarios (como yo mismo) apoyados en la barra tomando whiskey o cualquier cóctel. Mucho humo. Me tocó sentarme junto a un tipo grande, gordo, rapado, con chaqueta y corbata azules, fumador de Marlboro (Light), que no hablaba con nadie… y que bien podía ser un jefe del hampa de antaño. Después de dos whiskeys, pues qué otra cosa se puede beber en un bar así, volví a casa. Afortunadamente había metro todavía a esas horas.

Viernes mañana. Había algo que no podía dejar escapar. Ver algún edificio de Frank Lloyd Wright. Tenía que seguir los consejos de Awen. Mi tren era a las 12.15. A las 10.30 bajaba de la Sears Tower, tercer rascacielos más alto del mundo. Y me dije: “qué cojones”. Metro al canto y traspuse a la vieja, tranquila y LEJANA localidad de Oak Park. Allí estaba la casa y el estudio de Wright, además de una treintena de edificios que realizó en su primera época. Todo tan cerca de mis ojos… pero sólo podía visitar uno: me decidí por el Templo de la Unidad, quizá una de sus primeras obras importantes (en la foto). Increíble, un nuevo concepto de arquitectura. Pero como sucede con todas sus obras, hay que interactuar con el edificio, estar allí, ser actor para comprender y sentir qué es realmente lo que tenemos delante. Quizá de lo mejor del viaje. Todas estas impresiones… en 10 minutos. Volví corriendo a la estación de metro, corrí también al albergue donde tenía mi maleta, y volé hacia la estación. Por supuesto, perdí el tren y tuve que esperar hasta las 6 de la tarde al próximo. Más paseos por la “Wind City”. El tren llegó con una hora de retraso a Ann Arbor, pasada la medianoche. Ah, RENFE, qué gran compañía.

Pese al poco tiempo en la ciudad, dejo en Chicago muchas cosas. El volver a encontrarme en un viaje solo, toda una ciudad para mí, con tantas cosas por hacer, por ver y por descubrir por mí mismo, bajo mi libre elección. Pensar, estar solo, mirar hacia atrás y hacia delante. Ver el camino recorrido me anima, pero ver el futuro todavía más. Y tengo claro que en ese futuro, esta vez, no faltará el blues. Volveré a Chicago. Entonces, quizá recuerde estos días con una ligera sonrisa.

Saturday, June 16, 2007

Weekend in Sleeping Bear Dunes / Fin de semana en las Dunas del Oso Dormido

El fin de semana del 8 al 10 de junio nos escapamos al norte del Estado. Si en Ann Arbor hace frío, a 5 horas de conducción en coche... os podéis imaginar. Pero eso es en invierno. En esta época del año la zona es algo espectacular. En la punta noroeste de la península de Michigan, junto al lago Michigan, está Sleeping Bear Dunes. Es un sitio plagado de dunas, lagos interiores, bosques, vegetación, fauna. El nombre del lugar viene por una vieja leyenda: hace muchos años hubo un incendio en Wisconsin, al otro lado del lago. Una osa y sus dos oseznos escaparon lanzándose al lago Michigan... comenzaron a nadar hasta llegar a la península de Michigan... La madre oso llegó a la península, y permaneció esperando a sus hijos. No obstante, agotados por el cansancio, acabaron ahogándose justo antes de llegar a la costa. Según los indios, el dios Manitou presenció la escena y decidió levantar dos islas (las islas Manitou) justo donde los dos oseznos perecieron; la madre quedaría inmortalizada, para siempre, en una duna con forma de osa, mirando eternamente al horizonte del lago Michigan.

Thursday, June 14, 2007

Orgia arquitectonica


Si he cometido un error este agno, ha sido no venir antes a Chicago. Lo he dejado para el ultimo momento. Acabo de llegar a la ciudad y estoy destrozado. Despues de dejar la bolsa en el albergue, me he pasado recorriendo el downtown toda la tarde. Impresionante. Ya me lo dijo ayer mi amigo Sergio tomando una Guiness en la terraza del Cafe Felix en Ann Arbor: 'Chicago es una orgia arquitectonica'.

Las lineas, las aristas, el acero, el cemento, la piedra... y sobre todo el cristal se mezclan en los edificios. Los perfiles de esta ciudad estan clavados en las alturas. Fue aqui donde hacia 1885 se construyo el primer rascacielos del mundo. Fue despues de un incendio que liquido la ciudad antigua. Y luego llegaron arquitectos que revolucionaron las historia de la arquitectura, pero tambien la vida moderna: Sullivan, Mies van der Rohe, Frank Lloyd Wright. Todo tuvo lugar aqui.

Chicago se merecia otro 'Poeta en Nueva York'. Aqui la naturaleza esta sepultada: el lago Michigan, espectante, aguarda a la ciudad en su costado y en el invierno la azota con vientos helados. El rio Chicago... no es mas que un pretexto para ser recubierto de puentes, cemento y rascacielos. La hierba, salvo en los parques junto al lago, esta ausente.

Esto no es Nueva York. Es algo nuevo. Los muros y los perfiles de los edificios tienen vida, giran, se agolpan unos junto a otros, bailan, brillan, tiemblan con la luz.

Y todo, en una ciudad tan cargada de historia. Las paradojas de este pais vuelven a manifestarse en una historia que ha quedado oculta: Chicago fue fundada por un frances, un tal La Salle, un hombre de color. Por sus calles se persiguieron Al Capone y Elliott Ness bajo la 'Ley Seca', hasta que el primero fue condenado por evasion de impuestos y murio de sifilis en la calida Florida tras pasar un breve tiempo en la prision de Alcatraz. Tambien a esta tierra llegaba el tren de 'El golpe', en el que Paul Newman y Robert Redford timaban al mafioso 'Lonegan' jugando al poker con una botella de Gordons rellena de agua. Y aqui surgio el blues de Muddy Waters y de tantos otros; tambien aqui llego el jazz, traido del sur por unos negros que buscaban trabajo en una gran ciudad.

La crisis de los agnos 70 no pudo con esta ciudad. Cuando ciudades como Detroit, Cleveland o incluso Los Angeles perdian poblacion y se hacian casi inhabitables, Chicago resistia, como un bastion al norte del Medio-oeste americano. Quiza la musica, la historia, el mestizaje racial de sus poblacion y las torres que delinean su perfil fueron la clave de su resistencia.

Thursday, June 07, 2007

Mi casero / My landlord

Vahan es inmigrante. Nació en Armenia y pasó a Turquía cuando apenas había nacido. Adolescente, vino a los Estados Unidos hace más de 50 años. A pesar del tiempo, todavía se percibe su peculiar acento. Su vida partió de cero aquí: trabajó y trabajó sin descanso. Aprendiz de sastre primero logró, gracias a su esfuerzo y trabajo, montar un pequeño negocio. Intentó adaptarse a esta vida: dejó la religión ortodoxa y se convirtió al protestantismo, se casó con una mujer americana y adoptó el tipo de vida americano.

Ha progresado económicamente. Es dueño de una tienda de ropa de hombre, varios edificios y plazas de parking en Ann Arbor. Y es mi casero. Creo que accedió a mi regateo sobre la renta porque vio que era inmigrante. Cuando apelé a ese motivo para conseguir una rebaja, su cara cambió, dejando ver una mezcla de añoranza y dolor por sus primeros días en su país. Cuando le pregunto por Turquía, a pesar de sus 71 años, todavía sus pupilas tiemblan y su cara añora un pasado, unas caras, unos lugares, una lengua y unos olores que nunca volverán.

Es un negociante nato. Y un trabajador incansable. No alcanzo a saber si ha asumido la cultura trabajadora americana, la traía consigo o se la ha impuesto la vida. El caso es que, pese a que en navidades fue operado de un cáncer, a los dos meses estaba trabajando como el primer día.

Conmigo se ha portado bien. Hacía la vista gorda cuando no podía pagarle el alquiler hasta mediados de mes porque la Universidad de Granada se atrasaba en los pagos. Y ayer mismo, cuando fui a prepararme la cena, comprobé con sorpresa que me había dejado unos trozos de pizza en la nevera. Estos detalles, en la soledad de los 9.000 kilómetros de distancia de Granada, hacen que uno olvide cuando Vahan no ponía la calefacción con toda la intensidad deseable. Y otras cosas.

Es la segunda ocasión que tengo casero. Y en ambas he tenido la mala suerte de tenerlos bastante presentes en la vida cotidiana. Fue el caso de Leonardo en Roma, toda una contradicción: comunista, con la desgracia de ser del Lazio (equipo identificado con la extrema derecha y el fascismo), vendedor de perfumes, fumador insaciable de negro, tenía su oficina junto a mi habitación. Aquí, en Michigan, Vahan tiene su tienda de trajes de hombre y su taller en el primer piso de mi casa. Esto hace que, sin avisar, intente alquilar mi apartamento desde hace tres meses… creándose situaciones esperpénticas. Dos ejemplos:

1. Viernes. 9 de la mañana. La noche anterior habíamos despedido a mi buen amigo Javier. Resaca considerable. De repente:

Vahan: Toc, toc. ¿Miguellllllllllllllllll? ¿Puedo entrar? Alguien quiere ver el loft.
Reacciono aturdido. No distingo si presencio la última conversación de la noche o es la primera del día… respondo:
- Nooooooooooooooooooooo! ¡Dame 10 minutos, por favor!

2. La semana pasada. Tres de la tarde. Calor impresionante. Sudando sin parar, decido darme una ducha. Justo salgo de ella cuando….
-¿Migueellllllllllllllllllllll? ¿Puedo entrar? Alguien quiere conocer el pisooooooooo.
- ¡Noooooooooooooooooooooooooooo! Por favor, ¡nooooooooooooooooo!
- ¿Es un mal momento? ¿Por qué?
- Mmmmmmmmm. Síiiiii. ¡Porque estoy desnudo!
- Ahhhh. Perdón. ¿En cuánto tiempo volvemos?

Tuesday, June 05, 2007

Casi 10 / Almost 10

Esta es la historia de Pol. Un barcelonés, amigo de mi amigo brooklynero-barcelonés-michiganés Sergio (también en el vídeo). Es el camarero del 'Speak Easy', bar del East Village de Nueva York, donde Alex y yo estuvimos un mítica noche (en la que nadie sabrá lo que realmente ocurrió). Otra cara de la inmigración, de los españoles en USA y de la distancia.

Monday, June 04, 2007

La travesía del 'Hurón'


Vivir en Ann Arbor en primavera o verano es descubrir la naturaleza. Y descubrir qué es un río. Tras las heladas y las nieves del invierno, en cuestión de una semana, las flores, las hojas y los animales explotan y reaparecen en el paisaje. Y el sábado pasado tuvimos una buena prueba de ello: Ana (amiga uruguaya ideóloga de la azaña), Sergio, Raquel, Álvaro y servidor… nos embarcamos –nunca mejor dicho- en un viaje en río.
Alquilamos unas canoas en la vecina ciudad de Dexter y pasamos “unas horas” haciendo “canoeing”. Lo que pensábamos sería un paseo de un rato, con picnic relajado y tranquito… se convirtió en un viaje en toda regla por el mítico río Huron (recibe su nombre de la tribu de los “Hurones”, ¿alguien ha visto o leído “El último Mohicano”?). Cuatro horas de trayecto. Toda una aventura.

Paramos a medio camino a comer los bocadillos de turno, visita al “servicio”, etcétera. A mi vuelta, sorpresa: mis malhadados compañeros no estaban y las canoas habían desaparecido. Por supuesto, estaban escondidos cual duchos indios hurones tras las hojas… escucharon en directo mi apelación a su familia.


La naturaleza, impresionante. Verde por todos lados. Vida rebosante… junto a árboles grises, como rocas, caídos sobre el río. Peces, algas, familias de patos, insectos… y lluvia. Sí, a mitad de camino cayó una tormenta impresionante, típica del Midwest. Épico: no sabíamos dónde meternos. ¿Bajo un árbol? Esta sugerencia de Sergio no tuvo mucho sentido… nos mojábamos igual y los rayos rajaban el cielo (bueno, le echo al texto un poco de literatura, ojo). Finalmente todos se pusieron a remar bajo el ritmo de mis gritos: “Remen, remen, remen…” (yo no tenía remo).

Resultado: calados. Destrozados. Pero un día inolvidable. Por supuesto que me acordé del Genil. Y del río Darro, y del Beiro. Tranquilos compatriotas: como los ríos de Granada no hay nada.