Sunday, March 14, 2010

Cosas por decir... cosas que no debías haber dicho

Queridos lectores... llevo varios días con una pregunta rondándome la cabeza. Espero que puedan ayudarme a resolverla o, por lo menos, me ofrezcan su opinión. Antes de lanzarla, es preciso leer antes los siguientes razonamientos explicativos previos:

1. Dejar cosas por decir. Es terrible. Cuando una conversación o una realidad no nos favorece, volvemos a ese momento en el que, en teoría, se produjo el desenlace. Pensamos entonces que quizá quedaron cosas por decir, sentimientos que dar a conocer y que, supuestamente, hubiesen creado una realidad diferente a la que hoy atesoramos. Pero además, el sentimiento puede ser incluso peor: no es ya la voluntad de cambiar lo que se tiene lo que aprieta el pensamiento, sino la necesidad de hablar para sacar algo fuera y quedar en libertad.

2. Decir cosas que no debías haber dicho. También es terrible. ¿Hablar demasiado compromete? A veces, tiene uno la impresión de que expresar de forma incorrecta algo puede tener funestas consecuencias. Pensamos entonces que quizá era mejor el silencio, no comprometerse: porque las palabras pueden ser mal comprendidas (y expresadas), pero también vinculan para toda una vida, tanto para el que las proncuncia como para el que las escucha.

Y ahora bien, caros lectores... ¿qué es peor... quedarse con cosas por decir o decir cosas que no debían haberse dicho? Es difícil, porque a veces el silencio tiene una potencia salvadora para uno mismo y para los demás. Puede ser el caso de esos posts guardados en el "borrador", que nunca serán colgados hasta que se responda, en lo más íntimo, a esa pregunta que últimamente no alcanzo a responder.

Tuesday, February 23, 2010

¿No vuelvas?


El sábado pasado, 20 de febrero, se cerraron muchas cosas. Después de 23 años, volví al pueblo donde pasé la primera parte de mi infancia: Huelma.

Mi familia y yo dejamos Huelma en 1983. Tan sólo regresé una vez, cuando rondaba los 17, cuando falleció "Beba", la mujer que nos cuidaba a mi hermana y a mí. Desde entonces, aquellos primeros seis años de vida han estado en mí... pero eran sólo recuerdos que, en gran parte, dormían en aquel lugar. Pero decidí volver y encontrarme con ellos.

Huelma es un pueblo pequeño, en la provincia de Jaén. Se esconde a los pies de Sierra Mágina, tratando de escapar a sus vientos y nieves. Llegué sólo y aparqué el coche en el "jardín", una plaza rectangular donde pasábamos gran parte del tiempo. El pueblo se me vino encima. Todo había cambiado. En mis recuerdos, el pueblo era vida, infancia, niños corriendo por las calles, agitación... ahora las calles estaban vacías, aunque muchas guardasen el mismo pavimento de hace casi treinta años. Como símbolo de todo aquello, el "jardín" desierto. El quiosco donde comprábamos chucherías, siempre con cola, cerrado y abandonado. Por fín pude ver, eso sí, la repisa donde atendían... yo también he abandonado hace tiempo el metro de altura.

En mi recuerdo el pueblo era el centro del mundo. Todo lo que estaba fuera de él me resultaba ajeno, y nunca pareció importarme. Pero ahora, las calles y plazas estaban desiertas, su tamaño era testimonial.

Comencé a caminar mi mundo de entonces. Recordaba todo. Pero todo era distinto: las gentes andaban por las calles y me miraban con algo de sorpresa. Dudé si avalanzarme sobre uno de ellos y decir que yo, también yo y mi familia, había vivido en Huelma.

La magia desapareció. El sábado pasado, todo era pequeño y estaba a mi alcance. Recuerdo que, para mí, el Castillo de Huelma era un lugar mítico, que dominaba el pueblo y al que nunca pude subir. El sábado me pareció una mera atalaya, a pocos minutos de la plaza principal. Desde allí, solo, contemplé la comarca. El pueblo pequeño, pasado. Los mares de olivos viniendo hacia mí. Y cada vez más, el crepúsculo encerrando al pueblo y a mi memoria en la ladera donde están asentadas.

También subí al "barrio". Era el lugar donde vivía Beba, una persona de origen muy humilde y, seguramente, de las que más me han querido. Hoy sé que los amigos de mis padres criticaban que estuviésemos con ella y que pasésemos las horas en el barrio jugando con los niños. Entonces no lo sabía. Pero en aquellas empinadas calles, en aquella ladera apartada del centro del pequeño pueblo, conocí la pobreza y la injusticia derivada de un pasado impuesto. Pero fue allí donde he sido más feliz. Allí empezó todo lo que soy.

Antes de marcharme, busqué nuestra casa. Recordaba, no sé por qué ni cómo, que estaba en la calle "18 de julio"... otra premonición de mi futuro. No me costó demasiado encontrarla: pero ahora se llamaba "1 de mayo". Mirar la casa donde uno ha vivido es mirar a su propio pasado: porque se ha vivido en él y no volverá. Antes de subirme al coche, eché un último vistazo al balcón desde el que despedí a mi abuelo, cuando marchaba a Alicante, la última vez que lo vi. Allí, de pie, me di cuenta entonces de un pequeño detalle: la casa estaba en venta.

Thursday, February 11, 2010

Los Quero: la historia en los márgenes


A veces pienso que, de no tener el trabajo que tengo, me ahogaría. Creer y disfrutar de lo que uno hace puede llenar una vida: el tiempo se acaba y, la única fórmula de luchar contra él es intensificar los días, escoger caminos difíciles y carreteras secundarias.

La historia de los hermanos Quero es un mito en Granada. Estos granadinos eran gente corriente, albayzineros en los años de la II República. Fueron reclutados por el ejército republicano y, durante la guerra civil, apenas participaron en alguna acción aislada en la zona de Diezma (Granada). Después, la guerra civil acabó: un par de ellos fueron denunciados y encerrados en un campo de concentración. Ante los rumores (y certezas) de los fusilamientos, lograron huir. Habían pasado al otro lado. El resto de los hermanos lo terminó haciendo poco después, presionados por la represión del franquismo, por sus interrogatorios y su violencia cotidiana. Pero poco a poco, "Los Quero" construyeron un mito en Granada. Eran hombres del pueblo, gentes con los que muchos se identificaban. Se hicieron célebres por sus acciones espectaculares llevadas a cabo, en pleno centro y a plena luz del día, en la ciudad de Granada. Se creó un mito alrededor de ellos. Hasta que, poco a poco, fueron cayendo, acorralados y asfixiados por un régimen que lo inundaba todo.

Toda esta historia está recogida en el libro que Jorge Marco ha escrito sobre ellos. Un rescate del pasado, de los protagonistas de una historia en los márgenes. Ayer fue la presentación en la Biblioteca Social Hermanos Quero y, hoy, lo será en la Casa de los Tiros de Granada. Lo sucedido ayer fue conmovedor. La familia, el libro, el autor y todos nosotros reunidos allí. La historia y la memoria cara a cara, hablándose. Los Quero y su leyenda también estaban con nosotros. Anoche, después de hablar con ellos, los muertos pudieron descansar en paz y dejaron de visitarnos. También lo hicimos nosotros.

Tuesday, February 02, 2010

Préstamos



Siempre tiene que haber una primera vez. Hoy me ha tocado a mí.
Llegué temprano al banco. Tras los 15 minutos de rigor (las empleadas de banca también desayunan), nos sentamos en la mesa. Comenzaron las preguntas para valorar si el préstamo, no demasiado grande en cantidad, me era concecido. Preguntas que desarmaban mi actual vida: ingresos netos, propiedades, si vivo en casa de mis padres, si vivo de alquiler, si estoy casado, si tengo hijos, si tengo pensado formar una familia... Es como si, para evaluar tu vida, rellenases un formulario confesando todas estas cuestiones personales a cambio de un dinero con intereses.
Supongo que es el negocio bancario que, más en tiempos de crisis, radiografía lo que eres y quieres ser para no dar el patinazo. Pero es curioso cómo la "ideoneidad" para un préstamo quizá no coincida con la "idoneidad" que uno quiere para sí. Paradojas del hombre del siglo XXI.

Monday, January 25, 2010

Fotos de niños que miran al cielo


Las fotografías de la infancia siempre me han parecido especiales. Capturaban nuestra juventud, esos ojos que miraban al cielo, como lo hacían al futuro, ya entonces con un manojo de sueños y esperanzas en lo venidero. Y nada, nada, hacía pensar lo que nos esperaría, los fantásticos o trágicos momentos que nos aguardaban. La vida es tan inesperada que a veces no teníamos capacidad para soñar algo... porque pensábamos que no existía. Nuestra inocencia era tan grande que pensábamos que las desgracias eran algo ajeno y que, en el peor de los casos, afectarían a algún ser querido y nunca a nosotros.

Cuando, con nuestras espaldas cada vez más marcadas, nos asomamos a esas fotografías, el pasado, el presente y el futuro se unen en esos ojos que miran al cielo. Son los mismos. Y son ellos los que unen todo lo que hemos sido, todo lo que hemos vivido, pero también todo lo que nos espera. Es una sensación rara verse tan niño, tan débil, con todo por hacer... pero repleto de esperanza y de sueños. Después, todo nos cambia, la realidad hace que miremos ya frente a frente y sigamos caminando hacia donde nos lleven nuestros cuerpos.

Quizá dentro de unos años todavía este blog esté colgado en alguna parte. Quizá entonces lea este post y me parezca aún demasiado positivo; o quién sabe, quizá no acierte a leerlo porque estoy otra vez mirando al cielo.

Monday, January 18, 2010

Para dormir bien


Supongo que escribir algo sobre la tragedia de Haití está fuera de lugar. O al menos, hacerlo desde mi torre de marfil, de todo lo que tengo, sea lo que sea: porque al menos tengo algo. Seguramente también está fuera de lugar compadecerse de todo lo que está ocurriendo allí.

Está fuera de lugar escribir y leer sobre un desasastre de esa magnitud, porque todo lo que se expresa o piensa parece hueco, inútil. Cuando un país se hunde bajo tus pies, seguro que dan ganas de abandonar la vida o, cuanto menos, desear abandonar un territorio donde la desgracia es la norma, dejarlo desierto y no volver jamás. Se podría clavar entonces un cartel que diga: "Aquí hubo una vez un país, Haití, que tuvo por condena la miseria".

Pero no serviría de nada. El terremoto en todo esto es la punta del iceberg, lo que nos hace mirar a ese mundo donde en teoría, salvo estas catástrofes puntuales, parece que no pasa nada. Esos habitantes de la antigua Haití marcharían a otro lugar, pero conseguirían poco: la miseria, el hambre y la injusticia llena el mundo, lo mismo que nosotros tenemos llenos los bolsillos o la despensa llena... o este ordenador donde, paradojas de la vida, lavo mi conciencia. Ahora puedo irme tranquilo a la cama y dormir.

Saturday, January 02, 2010

Espacios del pasado (y para el nuevo año)


En Madrid hay un algo que, a veces, pasa desapercibido. Madrid creció sobre todo a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Después, sus calles comenzaron a llevar nombres de políticos liberales que ya casi nadie recuerda, pero también de espadones románticos cómodamente asentados en el urbanismo de la ciudad castellana. También encontramos monumentos de ese pasado, como el de esa llama a los caídos en el 2 de mayo de 1808 en el Paseo del Prado, o ese héroe de la guerra de Cuba ('El Cascorro'). Pero si algo cambió esta ciudad, a la vista de lo que hoy puede contemplarse, fue el franquismo. Durante la larga dictadura la ciudad creció más que nunca; y durante esos día el régimen dejó buen rastro de su presencia. Es cierto que hoy han desaparecido calles como la Avenida del Generalísimo o General Mola, pero quedan otras como General Varela, Orgaz, Moscardó, etc.

Más allá de debates de la memoria histórica confieso que, bien mirado, prefiero que estos rastros queden. Y también que marquen el contraste con el mundo que sigue o que todavía es.

En la Plaza de Castilla hay un monumento franquista. Es el monumento a José Calvo Sotelo, político de extrema derecha asesinado el 13 de julio de 1936. Ni que decir tiene que la muerte de este señor, antiguo ministro de la Dictadura de Primo de Rivera, no es motivo para alegrarse. Pero a pocos se le escapa el carácter antidemocrático y violento de sus discursos parlamentarios. Lo más curioso es que hoy este monumento convive con otros dos que entonan la "modernidad" de Madrid. Uno son las "Torres Kio", repletas de oficinas de alto standing y símbolo de un macro escándalo de corrupción de nuestro brillante progreso. También son conocidas como "Puertas de Europa". El otro es el "Obelisco de Calatrava": un gran pináculo ostentoso y dorado de casi 100 metros de altura, donado por un banco al "pueblo", situado entre el monumento de Calvo Sotelo y las dos Torres. Qué generosidad.

Caen los años en nuestras vidas. Los espacios, los nombres de las calles y los monumentos se solapan con nuestros días. Pero los significados, a veces, cambian poco. El otro día volvieron a programar "El Día de la Bestia" en televisión. En el final de la película, aparece un plano impresionante con las dos torres, incluyendo también el monumento a Calvo Sotelo. En el coloquio, le preguntaron a Álex de la Iglesia por qué rodó el nacimiento del Anticristo en las Torres Kio. El director respondió: "Porque era el templo del mal, y creo que sigue siendo el templo del mal (risas)". Independientemente de lo provocador de su afirmación, los espacios, así mirados, dicen mucho más de lo que oficialmente quieren decir.
(Este post le debe mucho a los trabajos de mi amiga Megan Saltzman)

Monday, December 14, 2009

Atrapado en la nieve y en todo lo demás



9 horas y media de trayecto entre Madrid y Granada. Me las prometía muy felices tomando el primer autobús, saludando la llegada del invierno feroz y la soberbia escarcha de esta mañana.
Emprendimos la marcha a eso de las 8.30. Caían unos copos de nieve. Y yo caí rendido de sueño. A eso de las 10:30 despierto. Estábamos en mitad de Castilla-La Mancha, estábamos rodeados de nieve por todas partes y la tormenta arreciaba. Al parecer, desde que salimos de la capital íbamos en caravana, atrapados en el atasco.
Paciencia, no hay prisa, pensé. Hasta que, claro, la nieve y el hielo cuajaron. Y una de esas paradas del autobús coincidió en una pendiente... hacia arriba. A la altura de Turleque aquello no avanzaba. Las ruedas del autobús patinaban. Y obviamente, no teníamos cadenas.
Tirados en mitad de ninguna parte. Hasta que algunos guardias civiles nos socorrieron. Trataron de quitar con una pala el hielo y la nieve bajo las ruedas del autobús. Pero no había manera. Resultado final: todos los hombres del autobús descendimos a empujar. Esas manchegas y vitivinícolas planicies, solar del viejo caballero, se habían convertido en estepas siberianas. Tras veinte minutos a la intemperie, empuja que te empuja, conseguimos poner en marcha al bus. En marcha y en camino, pues subió la larga pendiente marchándose hacia el horizonte. Nosotros, incrédulos, comenzamos a correr cuesta arriba. El bus nos esperaba donde la pendiente se inclinaba hacia abajo. Finalmente subimos.
Después, en las horas de viaje que quedaban, mirando la nieve, con los pies mojados y con algo de asma, recordaba Michigan y también Londres. En estos días, en Ann Arbor se reunieron, cual última cena, los amigos de entonces; en Londres, en West Norwood, mi antiguo compañero de piso celebró la fiesta de navidad de todos los años. Falté a ambas citas, lógicamente. Pasar página en la vida seguramente obliga a ello. Sin embargo, en días en que aparece la nieve a uno se le ocurren estas absurdas asociaciones que juntan pasado, presente, futuro, pero también anhelos, moriñas y sueños.

Sunday, December 06, 2009

Gripe A


A veces nos creemos dueños de nuestra vida. Llega un puente. Planeamos un viaje. Unos días especiales. Ver a unos amigos, ir a un concierto, visitar una ciudad. Y entonces, todo se para. Imprevisto: el cuerpo no responde. Y a veces, hasta lo vemos venir: me siento cansado, me duelen los huesos, tengo algo de fiebre, me pica la garganta. Y entonces llega.

Lectores, me ha atrapado la gripe. Y seguramente será la gripe A. Uno quiere sentirse tan especial que piensa que la pandemia no le toca, que escapará a ese virus. Y hoy, aquí me tenéis. En mi sofá (de estreno, ya era hora), escribiendo medio mareado, haciendo esfuerzos por abrir el portátil. Y sin fuerzas (ni ganas) de comentar nada: ni el "inmaculado" día de la Constitución, ni la retirada de los crucifijos de las Iglesias (¿cuántos años han pasado desde la II República?), el posible cierre de algunos webs... Lo peor de todo es que, pasando la enfermedad, uno se da cuenta de que, estando o no estando, el mundo (y nuestro mundo) sigue adelante. Toda una cura de humildad, por si a alguien se le había pasado por la cabeza pensar que era imprescindible o que pintaba algo. ¿Están ustedes enfermos, queridos lectores? ¿Esperan la gripe con impaciencia?

Friday, November 06, 2009

Soluciones para la corrupción política


Caso Gürtel, Palacio de la Música de Barcelona, Santa Coloma... ¿de verdad alguien se cree que todo lo que aparece en la prensa, todo lo que llega al juzgado, es la corrupción real de este país? El "forrarse político" tiene mucho que ver con la corrupción urbanística. Y a nadie se le escapa que un edificio no es un guijarro en el camino: centros comerciales que crecen como setas en nuestras narices, pueblos de la costa y del interior macizados hasta perder el suelo del término municipal... y todos miramos para otro lado. Pero es que además de, digamos, ese 5 por 100 de las barbaridades que llegan a los juzgados... ¿cuántos obtienen realmente condena? ¿Digamos que un 2 por 100? Siempre es más fácil declarar culpable a alguien que roba un pollo para comer que al que se forra a costa del ladrillo o de la gestión pública: por quién es y por el carácter del delito. ¿Y encima se nos quiere hacer creer que toda la mierda que vemos es la mierda que hay? Por cierto, mierda nunca convenientemente limpiada, porque a pesar del forrarse y cargarse el medio ambiente y el patrimonio ambiental, aquí nadie devuelve un duro ni tira un edificio.

El problema es más serio de lo que parece. La clase política tiene un papel clave en todo esto. Su descrédito es absoluto. Ni un sólo líder se acerca, ni de lejos, al aprobado. Obviamente, todo golpea un sistema que, en la teoría, puede ser el mejor posible; pero que en la práctica no funciona porque, sencillamente, es una ficción y no existe. Pero, ¿y nosotros queridos lectores? ¿qué pensamos cuando la marea (o mierda) de la crisis empieza a llegarnos a la cintura? El otro día leí una solución propuesta por alguien para castigar a todos los políticos implicados en estas cuestiones. Ahí queda:


"Queremos que estos señores sean condenados a encontrar un trabajo, cobrar 1.000 Euros y llegar a fin de mes"


Friday, October 23, 2009

Michigan Central Station


Dicen que nadie escapa al tiempo, y también podríamos decir que algo parecido sucede con algunas crisis económicas (al menos para algunos). Así caen imperios, vidas brillantes y espacios únicos. No hay que irse al Imperio Romano para certificar todo esto: el estado de Michigan y la ciudad de Detroit, antaño núcleo y expresión de la cultura del automóvil, se hizo pedazos. En el boom del automóvil, la suntuosa Michigan Central Station, comparable a esa Grand Central de Nueva York, comenzó a funcionar en 1808: ochenta años después fue simplemente abandonada. Hoy, en sus muros de piedra y mármol todavía resueña el eco del éxito y del desarrollo económico. El enlace que me envió mi amiga Megan hace tiempo recrea todo eso.

Quién sabe. Quizá algún día lugares como la Moncloa, el Palacio de la Zarzuela o el Parlamento de Andalucía esté así. O tal vez las sedes de los grandes bancos, todavía boyantes, o las casas adosadas y los enormes bloques levantados por la especulación. Nada permanece y, desde luego, ellos tampoco.

Wednesday, October 14, 2009

What is life?


Nunca le he tenido miedo a escribir sobre la muerte; quizá porque es algo tan real y definitivo que es absurdo evitar que existe. Otra cuestión es verla venir, saludarla serenamente y dejarse llevar por ella.

Las últimas semanas han estado salpicadas por varias desapariciones. Alguien con 23 años estrellado en una avioneta; un padre de familia que dijo adiós de forma inesperada; un anciano de más de 80 años que, en Pennsylvania, se despidió de los suyos carcomido por el cáncer.

Ante la muerte, ante el vacío absoluto, poco cabe decir. Queda entonces mirar a los que quedamos, a nuestro sentimiento de pérdida y a lo que, seguramente, de los que se han ido hay en nosotros.

Hoy he recibido un correo de Richard, mi amigo americano de Maryland. Su padre falleció el 10 de octubre. Me ha enviado el elogio de despedida que leyó en su funeral. Rich es un hombre sencillo. Un trabajador americano, siempre sonriente, eficaz funcionario (y no es un oxímoron) que, a pesar de la burocracia de los folios, siempre tenía sin responder una pregunta metafísica: "What is life?" ¿Qué es la vida? La primera vez que fui a Estados Unidos, con 17 años, solíamos bromear dando respuestas a esa pregunta: 'la vida es un helado', 'es un batido', 'es sueño' (Calderón), 'es una caja de bombones de chocolate' (Forrest)...

Rich terminaba las palabras que dirigió a su padre en este octubre con una frase especial, que explica por qué sufrimos tanto al perder a alguien:

'It's not just losing someone you love that hurts so much; it's losing someone who truly loves you'

(No es sólo perder a alguien amado lo que duele tanto; es perder a alguien que verdaderamente te ama)

Quizá al acercarnos al último día vamos sabiendo, al fin, qué demonios es la vida.

Tuesday, September 29, 2009

Un mundo que no-es

El domingo pasado el grupo británico Muse decidió pasarse por el forro la sociedad del consumo, plasticosa y televisiva, donde nada es lo que realmente dice ser. En la televisión italiana les obligaron a tocar en playback. Lo hicieron. Pero, como reacción, se intercambiaron los instrumentos. El menda que toca la batería (M. Bellamy) es en realidad el cantante, guitarrista y teclista (lectores, ojo a sus gestos). El alto de las gafas de sol, al teclado y con la guitarra, es en realidad el bajista (muy seriote él). Y el que lleva el bajo y canta, es el batería (no se lo cree). Lo mejor es el disfrutar del público, ajeno a toda esta mentira; y por supuesto, la reguapísima y oxigenada presentadora, que hasta sostiene una entrevista con alguien que no-es.
Quizá sea buen momento de parodiar todas las verdades oficiales. Falsas por ser supuestamente verdades. Y también por ser oficiales.
¿Qué mejor colofón a este post que la letra de la canción? Ahí va:

"La paranoia florece
la transmision se reanuda
ellos tratan de empujar la droga,
mantenganse todos callados y esperemos
nunca volveremos a ver la verdad de cerca

(...) Levantate y toma el poder de nuevo es hora de que
los gatos gordos tengan un ataque al corazon tu sabes
que su tiempo esta llegando a su fin
Tenemos que unirnos y ver nuestra bandera ascender

Ellos no nos obligaran
Ellos paran de degradarnos
Ellos no nos controlaran
Nosotros resultaremos Victoriosos"

Monday, September 14, 2009

De vuelta con la crisis


Septiembre ha entrado con fuerza. Vuelta al trabajo y a una ciudad que siente la crisis por los cuatro costados. Mientras que la clase política se tira los trastos a la cabeza y se pelea por escuchas, regalos a cambio de favores y demás, el resto de los españoles le vemos la cara a la crisis.

Vaya por delante: soy un privilegiado. Que el piso que he alquilado esté a medio amueblar o que no tenga sillas no deja de ser una anécdota sin importancia en medio de todo lo que está cayendo.

Hoy he ido a hacer la primera compra. Antes, he ido a un cajero a sacar dinero. Justo antes de mí lo ha hecho una señora. Tenía aspecto normal: unos 50 años, pantalones color calabaza y jersey pistacchio. Encajaría en lo que cualquiera de nosotros llamaríamos clase media. Luego ha llegado mi turno. He pedido un recibo para ver el remanente de mi cuenta. Sorprendido, he visto una cantidad que no se correspondía con lo que esperaba (que tampoco es mucho, queridos lectores). Al poco, he comprendido que había cogido el recibo que la señora que me precedió había dejado olvidado. Hoy, a día 14 de septiembre, tenía sólo 40 euros de saldo disponible.

Ya sé que quizá he sacado la imaginacióna pasear. Ya sé que quizá la señora anónima tenía más cuentas corrientes. Pero en los tiempos que corren, esta historia tan cotidiana puede estar envuelta en las sombras tan oscuras como las que insinúo en el párrafo anterior.

Curiosamente, hoy se cumple 1 año de la quiebra de Lehmann Brothers. Paradojas de la economía mundial: Wall Street está mucho más cerca de cualquier barrio histórico de Granada. Después de la hecatombe, nada parece haber cambiado: los banqueros siguen recibiendo bonus y considerándose el baluarte del progreso económico; los políticos siguen cocinando sus conflictos, siempre echando balones fuera y sin plantearse regular el sacro-santo mercado libre. Cada vez es más evidente que banqueros y políticos tienen dos cosas en común: no tienen ningún contacto con la realidad social que nos rodea; y no les importamos (casi) nada. De los primeros, como mis queridos lectores se podrán imaginar, no me sorprende ninguna de estas actitudes; de los segundos, confieso que (hasta hace poco) me sorprendía.

Saturday, August 15, 2009

Pause

Este año ha sido infernal. Volver a una vida normal y estresante, recuperar una vida pasada, insertar una nueva... y todo bajo la celebre fórmula del "mano, parque, paseo" BIEN entendido.
Agotador. Pero llega el momento de una pausa. Se ha anunciado en este mes: viajé a Copenhague con la excusa de un congreso. Tras cumplir los dos primeros días, me lancé a la calle. Todo un día caminando solo por esa estupenda ciudad. Los lugares nórdicos tienen algo especial, como algo escrito entre líneas que, a primera vista, no se puede apreciar. Calles ordenadas y desordenadas, pero siempre limpias. Edificios propios. Barrios hippies con cerveza copyright "Christiania". Bibliotecas enormes, modernas y admirables. Gente educada y menos fría de lo que señalan nuestros estereotipos. Y un estado del bienestar que deja en ridículo al nuestro. Y luego, ese canal prodigioso, donde cruzan los vientos que ordenaban el mar del Norte, ese lugar que robó al Mediterráneo el papel protagonista desde finales del XVI.
Después, Madrid. Cada vez tengo más cosas en contra de esta ciudad.
Pero mañana, vacaciones. Por fin. Galicia. Una vida nueva puesta sobre un verde gallego, acompañada de algo de vino blanco, de buena comida y de un móvil sin cobertura. Queridos lectores, a la altura del 15 de agosto creo que ya tocaba. Quizá les sorprenda con un post con olor a vaca lucense o a ostra de alguna ría... pero creo que este blog queda pausado por vacaciones. Ya me participarán ustedes las suyas.

Monday, August 03, 2009

Mudanza


Mudarse dentro de una misma ciudad tiene algo de extraño. Cambiar de ciudad es cambiar de vida y, quizá por eso, cambiar también de vivienda es algo secundario. Pero vivir en una ciudad de provincias, pequeña, y mudar la casa crea sentimientos raros.

Lectores, he pasado todo un año viviendo en el Albayzín. Un lugar estupendo. Unas vistas maravillosas. ¿Qué mejor antídoto vital tras dos años por el mundo que despertarse con la Alhambra a los pies de mi cama? Pero me he sentido desubicado. Pensaba escribir posts sobre el barrio, sus gentes... y al final no escribí ni uno solo. Quizá la vida me ha devorado. Quizá el trabajo ha sepultado la frescura de este blog, si alguna vez la tuvo.

El viernes pasado concluí la mudanza. Y lectores: mudarse en el Albayzín no es tarea fácil. Gracias a un amigo, empaquetamos todo y lanzamos el coche por San Juan de los Reyes. Tras el imprescindible "toque" en el retrovisor, llegamos al nuevo barrio: el Realejo. Me espera un piso sin amueblar: me ilusiona pues este año he tenido la impresión de seguir viajando, de tener todavía mi vida en una maleta. Quizá haciendo mío este nuevo espacio esa sensación desaparezca y pueda luchar contra la cotidianeidad que me devora.

La despedida del apartamento del Albayzín fue extraña. Mi amigo me conoce bien y me dejó solo. Esperó en el coche. Cuando salía con las últimas cajas, las dejé en la puerta y entré por última vez. Con las luces apagadas, miré desde cada habitación la impresionante vista. Los olores de doce meses de vida desfilaron ante mí. Luego quité las dos llaves de mi llavero. El manojo de llaves pesaba menos, mi casa había dejado de ser mi casa. Arrastré los pies hasta la entrada. Aspiré por última vez y cerré la puerta.

Sunday, July 26, 2009

Un día en que nos hacemos diferentes


Nos pasamos toda la vida esperando lo excepcional, que el mundo gire en el punto que deseemos y, de pronto, nos deje en el sitio que queremos. Las películas de Hollywood y los valores del éxito del mundo capitalista no paran de insistir en que el mundo es de los héroes, que el éxito es accesible para todos. El paraíso parece estar al alcance de la mano o, incluso, tras la puerta del pasillo de nuestras casas.

La llegada a ese mundo imposible se espera de forma apasionada y expectante. Esperamos grandes historias, sucesos paranormales que nos catapulten a lo que queremos, a un mundo opuesto al que tenemos.

Ayer, hace un año, la vida se presentaba como siempre. Todavía girando, sin un trabajo estable, unos días de calor y legajos en Madrid. Y de repente, un día normal. No era una rubia platino. Tan sólo una impresión, tan sólo una historia demasiado complicada. Tan complicada que ni soñamos con nada... y eso que los sueños no cuestan nada. Diez días después de conocerla, nos encontramos en una vulgar cadena de restaurantes. Vulgar cena. Vulgar vino. Para dos personas seguramente vulgares a los ojos de todos. Pero en ella estaba todo: sonó Salinas, sonó su vida pasada, sonaron sus penas y sus glorias (y también las mías). Y aquí estamos. Los instintos, las impresiones y las palpitaciones salieron al paso de las historias perfectas, de las autopistas y de las rubias platino con sonrisa edulcorada.

Todos tenemos un día en la vida, un día, en que nos hacemos diferentes. Diferentes porque nuestro futuro cambia radicalmente. Pensad, queridos lectores, cuál ha sido el vuestro. Y pensad también si fue producto de un juego de azar, de un dejarse llevar o de un giro del destino. Pero no os engañéis: detrás de las grandes curvas, se esconde el mundo de lo corriente, de lo cotidiano. La felicidad está agazapada en las sombras, no en los grandes focos ni en los escenarios del éxito.

Ayer, un año después, volvimos al mismo sitio. Misma cadena de restaurantes. Misma mesa. Mismas ensaladas. Cambiamos, eso sí, el vino y el postre. No hubiese cambiado cenar en ningún otro lugar: ni sobre la torre Eiffel, ni sobre el Empire State Building... más que nada, porque si hubiese sido así, no hubiese sido ni nuestro momento, ni nosotros mismos. Lo que nos pertenece no tiene precio, pues la vulgaridad de lo propio no se compra.

Thursday, July 16, 2009

Políticos... ¿de hoy en día?


En días de poca escritura, cuelgo un poema sobre políticos. No sé si el autor es quien lo firma, y tampoco si la fecha es real... por sorprendente que parezca.




DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!

Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.

Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.

Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.

Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!

Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!



Fray Junípero Serra (1713 - 1784) Religioso franciscano español

Friday, June 05, 2009

Hechos míticos, hechos inexistentes

Ayer se cumplieron 20 años de la matanza de la Plaza de Tiananmen (Pekín). Esta imagen, de un hombre hasta ahora desconocido, enfrentándose a una hilera de tanques, ha pasado a la Historia. Una revista americana lo situó entre los 100 hombres más influyentes del siglo XX. Esa camisa blanca, esos pantalones negros y esa figura escuálida le hacen ser un antihéroe, o mejor, cualquiera de nosotros. Lo absurdo de su actitud, sus gestos y movimientos descalifican todavía más la violencia del régimen dictatorial chino.

Sin embargo, la realidad tiene siempre varias caras. Este hombre seguramente no vio este vídeo, ni tampoco supo jamás que, desde un sexto piso de un hotel cercano, un periodista europeo lo convertía en un icono inmortal. Pero, incluso en China, hay algunos que no lo han visto jamás: hoy el telediario de la Primera mostraba cómo, al acercarse la periodista con la instantánea y preguntar a los jóvenes estudiantes, éstos decían no haber visto esa foto en su vida; ni siquiera la identificaban con China.

Nuestros días están sembrados de hechos. Pero para que los hechos sirvan, importen, sean relevantes, tienen que ser contados. Y para que lo sean, el peor enemigo son los discursos oficiales, lo políticamente conveniente. China es un caso extremo. Pero nosotros también podemos ser víctimas de una información deformada, que tiene un fin y que quiere sedarnos; podemos ser víctimas de un sistema democrático en el que, por ejemplo, a los políticos poco importa un horizonte más allá de unas elecciones. La última campaña electoral, donde la nobleza, la imaginación y las propuestas han brillado por su ausencia, son un buen ejemplo. Tenemos un sistema democrático, sin duda más justo que el chino. Sin embargo, a veces pienso que renunciamos a nuestras libertades y a nuestro poder de crítica. Nos apartamos de la escena de la alta política, dejando que una clase política mediocre y en la que no creemos, escoja el menú de nuestro destino. Quizá nos estemos equivocando.

Thursday, May 28, 2009

Wilco en Granada

Salí despedido de la facultad, echando el telón del curso. Había terminado poniendo al siglo XX en su sitio, llevando la militancia más allá de donde quizá hay que llevarla. Los Wilco tocaban en Granada.

A 15 días de volver de dejar Michigan, hice un viaje a Chicago. Todavía lo recuerdo. Mi primer viaje solo, en un tiempo raro, de transición, a una de las ciudades más especiales del primer mundo. Tras bajar del Hancock Building y ver el lago Michigan, recuerdo caminar por la Gran Milla de Oro. Tenía que comprar un recuerdo de esa ciudad. Pensé en un disco y entré en una tienda. Los Wilco, banda de Chicago, habían sacado un nuevo disco. No los había escuchado en mi vida. En lugar de ese "Sky Blue Sky", me decidí por el "Yankee Hotel Foxtrot": en su portada aparecían las Marina Towers, uno de los emblemas.

El concierto de ayer fue fabuloso. Nada mejor para olvidar al mejor Barça de la historia. Seis tipos tocando una música inclusaficable, una voz quejosa y unos arreglos que sonaban a eternidad. Los tiempos también han cambiado en otras cosas: mi amigo Fernando sólo aguantó dos cervezas tras el concierto. A las 1 en casa.