Tuesday, April 27, 2010

Jerusalem, palestina

Aunque rebase la treintena, todavía soy tan ingenuo en pensar que quienes tienen la cultura, el dinero y las armas tienen más responsabilidad en todo conflicto.

La Jerusalem palestina es cada vez más pequeña. Cada vez más pobre. Quien vive en ella está marcado para siempre: incluso un turista, cuando va a abandonar el país, puede tener complicaciones si ha pasado sus días en un barrio palestino en lugar de en un lujoso, apartado e inocuo hotel de la zona judía, como pude comprobar personalmente.
La separación entre la Jerusalem judía y palestina es espectacular. Se hace especialmente visible en una avenida que parte de la ciudad antigua y lleva a Tel Aviv. A la izquierda, el barrio judío... como comenté en otro post, impoluto y moderno; y a la derecha, el barrio palestino cubierto de su pobreza cotidiana. La percepción es el mejor juez: curiosamente, para incorporarse a esa vía desde el barrio judío, los conductores disponen de un cómodo semáforo en verde durante casi dos minutos; para hacerlo desde la palestina... dura 7 segundos exactos.

Fuimos a la mítica ciudad de Hebrón, en la zona palestina. Hasta llegar allí, vimos cómo el "muro de la vergüenza" surcaba caprichosamente el país. También los asentamientos judíos, establecidos desde hace décadas en un territorio que, según la ONU, no es el suyo. El caso extremo es la bíblica Hebrón. Emplazada en Cisjordania, viven en ella unos 160.000 palestinos... y 600 judíos asentados en el centro de la ciudad. Por supuesto, esta convivencia no es apacible. El centro histórico, antes un mercado floreciente, está ahora casi hundido. En nuestro 'paseo', unos pobres niños palestinos trataban de vendernos, sin ninguna convicción, llaveros con banderas palestinas de baja calidad. Entramos en una casa palestina poblada por la miseria. También subimos a la terraza: vimos entonces algunas azoteas con banderas israelíes y soldados apostados. Algunas calles del mercado estaban cubiertas con tela metálica repletas de desperdicios: según nos dijeron, los palestinos optaron por proceder así para evitar que, desde arriba, los colonos judíos les lanzasen objetos.

Tras nuestra visita a la casa palestina, bajamos otra vez al mercado. Entonces, lo que vimos fue sorprendente: un grupo de unos veinte judíos-turistas, rodeados del mismo número de soldados israelitas, armados hasta los dientes. Las palabras del guía nos dejaron helados:
"¿Veis esa casa? Tiene la típica arquitectura israelita. Sin embargo, ahora vive ahí una familia palestina. No podemos tolerar eso. ¡NO A LA INVASIÓN PALESTINA DE ISRAEL!". En ese momento, todos empezaron a aplaudir. La cara de los palestinos, frente a frente, ni siquiera era de odio, sino más bien de resignación. Mientras tanto, un amigo noruego preguntaba a uno de los turistas que simulaba no conocer el inglés (la lengua en la que le hablaba su propio guía): "¿cómo se siente uno haciendo turismo con un ejército?"

También estuvimos en Ramallah, la "capital" Palestina. No debe ser muy distinta a Bagdad: urbanismo caótico, malas carreteras, pobre iluminación, edificios en mal estado. Ahora sí: la tumba de Yasser Arafat era moderna y aseada. Esa noche comimos el mejor Kebab que hemos probado en nuestra vida. Pero también pasamos uno de los controles más difíciles: el paso entre Ramallah y Jerusalem. Admito que todos nos pusimos un poco nerviosos.

No es muy difícil llegar a la conclusión que el conflicto palestino-israelí no tiene solución. Para eso no hace falta cruzar el Mediterráneo. Pero, sin sublimar a ninguna de las partes, viajando por aquellas tierras uno comprende que es un conflicto desigual. También comprende que, en la historia, los vencidos pueden transformarse en vencedores.

Saturday, April 17, 2010

Jerusalem, judía


Si alguien quiere comprobar que la historia importa, sólo tiene que mirar al pueblo judío. El pasado que lleva a cuestas este pueblo quizá es el más terrible del que ningún grupo humano haya tenido que soportar. Abandonarían Israel tras la enésima sublevación y la llegada del enésimo supuesto mesías, forzados por los romanos a una diáspora eterna. Después deambularon por el mundo manteniendo su identidad siglo tras siglo, a pesar de avatares diversos. Sobrevivieron a la II Guerra Mundial, pagando un alto precio, pero fueron tan fuertes que lograron sobreponerse al exterminio más feroz de todos los tiempos.

Pero cuando uno los ve viviendo en sus barrios de Jerusalem, paseando por sus calles, muchos con sus trajes propios de ortodoxos, otros con sus rifles por las calles o sobre los tejados, a uno le asaltan varias preguntas. La historia sirve... pero, ¿para qué? La historia nos ha enseñado, por ejemplo, que el nacionalismo es un invento, que los pueblos nunca son puros, pues el tiempo se encarga de mezclarlos con todo lo que encuentran a su paso. También nos ha enseñado que ninguna tierra pertenece a nadie: sencillamente, porque antes de estar ellos allí, existieron otras culturas o religiones. Y uno pensaba que la historia también servía para aprender, para ser lo suficientemente sensible para no convertir la justicia en una mera vuelta de tortilla.

Viajar por Israel merece la pena. Lo primero que salta a la vista es la heterogeneidad, casi opuesta, de los propios judíos: en Tel Aviv la apertura moral supera (no es difícil) a la de Granada; pero en Jerusalem se cruza uno con familias y autobuses de judíos ortodoxos, con sus trajes negros, sus trenzas y barbas, con su mirada perdida y esquiva; gentes que quizá nunca se han dado la oportunidad de hablar o sentarse a comer con alguien que no comparta su religión.

Pero hay otra cosa que sorprende al viajar a Israel: no nos han contado toda la verdad. La segregación entre palestinos y judíos es casi total. La Jerusalem judía es la de los barrios nuevos, las calles limpias, con papeleras, comercios y centros comerciales... la Jerusalem palestina... esa es otra Jerusalem.

Si viajamos a la zona palestina, vemos entonces los asentamientos judíos, establecidos hace décadas o incluso en estos días. Se levantan en el territorio palestino reconocido por la ONU, y son el pretexto para que Israel ejerza su soberanía donde no hay estado soberano, realice los controles que estime oportunos y a quien estime oportuno y, por supuesto, levante el muro de la vergüenza. Al fin y al cabo, como muchos piensan, aquella tierra les pertenece desde los tiempos de Moisés. ¿Estaba desierta cuando sonaron las trompetas de Jericó y Josué cruó el Jordán? Cuando religión, nación y etnicidad van de la mano, pocas soluciones son posibles y, aquí de forma interesada, parece no haberla.

Monday, April 05, 2010

Jerusalem, cristiana

Ser cristiano y visitar Jerusalem se antojaba como algo especial. Confieso que viajaba expectante de lo que allí encontraría y, sobre todo, de los sentimientos que podrían agitarse en mí. Y todo, en un momento en el que la Iglesia queda salpicada por delitos de pederastia y servidor, para qué engañarnos, no se encuentra en el momento más fecundo de su fe.

La Jerusalem cristiana es la tercera ciudad, la menos importante, la minoritaria. Para los europeos, acostumbrados a pensar tan eurocéntricamente, esta es la primera sorpresa que se alza ante uno cuando cruza los muros de la "Ciudad Santa". El segundo es que la historia de Jesús queda desmitificada: la ciudad era de mucho menor tamaño que la que hoy está resguardada bajo sus murallas; por ejemplo, el Gólgota y el Santo Sepulcro se encuentran dentro de los muros medievales que vemos hoy. La tercera es que, paradójicamente, la historia de Jesús se hace más grande o imponente: fuese o no hijo de Dios, ese hombre dejó una impronta única en la historia, en un momento en el que aquellos de su clase pertenecían sin remedio a los olvidados y a los hombres sin historia.

Pero empecemos por el final: la Basílica del Santo Sepulcro guarda el lugar donde fue crucificado y enterrado Jesús. Visitarlo levanta pena y desconcierto. Y no tanto por la muerte de Jesús, sino por la actitud de los cristianos dentro del templo: se arremolinan en torno a las capillas, las rocas, los exvotos... tocan de forma compulsiva y emocionada los objetos, restriegan sus prendas y pañuelos contra la roca originaria, golpean sus cabezas y aprietan sus manos contra todos los objetos que consideran sagrados. Viendo todo aquello, tan cerca de tantos pasajes bíblicos, venía a la mente la expulsión de los mercaderes del templo de Jesús, y por qué no decirlo, la falta de una fe más centrada en el contenido y en los valores cristianos, y menos en ritos cuasi-animistas. Y digo esto porque el problema planteado en Israel-Palestina es como para pensar un poco más allá.

El Monte de los Olivos sí es un lugar especial. Fuimos a la tarde. Desde allí se vislumbraba la ciudad de Jerusalem. Emocionante: asistimos a un atardecer lento y reposado, que dejaba poco a poco la ciudad en penumbra.
Y Belén. El lugar de nacimiento de Cristo está a unos siete kilómetros de Jerusalem. La Basílica de la Natividad no impresiona demasiado, aunque conserva la gruta donde la familia de Jesús se cobijó aquella noche. No obstante, estar allí para mí sí fue especial. Sentado en el altar mayor de la iglesia, hablando con mi amigo Morten llegué a la conclusión que lo más interesante, lo más cercano a la pobreza y a todo lo que quiere representar el cristianismo, estaba fuera de los muros de Jerusalem, de los circuitos turísticos. Para llegar a la basílica de Belén, habíamos tomado un autobús de línea. Una vez en el pueblo, subimos a un taxi. Comenzamos a hablar con el taxista palestino... que nos llevó al muro que, después de la 2ª intifada, habían levantado los israelitas alejando a los palestinos de todo. Vimos entonces la pobreza y la desesperación de muchos palestinos, fuera siempre de los circuitos turísticos. Quizá por eso, al visitar la Basílica del Santo Sepulcro varios días después, me pregunté por el papel que los cristianos jugábamos en todo aquello. Pero hablar de todo eso requiere otra entrada distinta de este blog.

Wednesday, March 31, 2010

Jerusalem, day one


Unas lineas rapidas desde Jerusalem, escritas en un ordenador noruego (como prueba, simbolos raricos: ø Ø æ Æ). Llegamos de madrugada al aeropuerto de Tel Aviv. Despues de un laaaaaaaaargo control de pasaportes, tomamos un microbus hasta Jerusalem: tras pasar por campos verdes, llenos de trigo, subimos a Jerusalem.

Esta ciudad es impresionante. Lo que llama mas la atencion, por supuesto, son las religiones, que son a la vez culturas y formas de vida. Estamos en el barrio palestino de la ciudad, justo al lado del centro; todo es tranquilo.

La ciudad esta dividida de forma clara entre hebreos y palestinos. Los barrios de los primeros son cosmopolitas, con aceras cuidadas, bien pavimentadas, llenos de comercios occidentales. Los barrios palestinos estan descuidados, con un asfalto y unas aceras bastante deficientes.

Jerusalem es pequegna. Las religiones se han ocupado de hacerla crecer mucho mas de lo que es, al menos a nuestros ojos. Aqui, de momento, el cristianismo ocupa el tercer lugar.

Ayer visitamos el muro de las lamentaciones. Supuestamente, es el lugar donde el pueblo judio llora la perdida de su templo, antagno centro de su religion, y tambien los agnos dorados de David y Salomon. No se permite pasar a las mujeres, que tienen que rezar en un lugar mas apartado. Las paradojas de la religion: hombres infieles como nosotros tocando el muro, caminando junto a los rezos y plegarias de los judios... mientras que las mujeres judias, nunca podran hacerlo.

Queda mucho por ver. Hoy vamos a Belen, y queremos visitar los lugares mas relacionados con Jesus. Ayer cerramos el dia con una cena palestina, alignada por cerveza y la presencia multinacional de fineses, noruegos... y por supuesto espagnoles. Saludos a occidente desde la ciudad de las tres religiones, origen de un mundo dividido?.

Sunday, March 28, 2010

España, Granada, hoy


El otro día un amigo, hablando de Granada (¿o lo hacía de España?), me dijo: "Esta ciudad es carne de dictadura". Pase lo que pase, afirmaba, todo seguirá igual, nadie alzará la voz, nadie se comprometerá con nada, nadie romperá la "concordia" de lo cotidiano. En esta ciudad, donde la belleza, la luz y los olores te arrinconan, también lo hace el hedor de lo mediocre, del cacicato independiente de todo lo que nos rodea. Como decía José Luis Gómez en una película sobre Lorca, aquí no tuvimos cojones ni a reconocer que matamos al poeta.

Y mientras tanto... España. En esta semana asistimos a cómo se anulan las escuchas de unos golfillos madrileños de la Gurtel, estafadores en negro y en todos los colores, en aras a preservar la calidad procedimental de su proceso judicial. También hemos atendido a cómo un señor repeinado, mallorquín, se pasea sonriente con su maletín entrando y saliendo de un juzgado; reconoce haber pagado en negro parte de su palacio, y escuchamos atónitos a algunas cifras relativas a su patrimonio e ingresos declarados. Y mientras, los periodistas colocan su micrófono ante los políticos cotidianos que, ejerciendo su libertad de expresión, parecen no tener nada que comentar a tan nimios asuntos y que tan poco importan a los ciudadanos de hoy. Como tampoco parecía importar a los ciudadanos la memoria histórica, y que un juez vaya a ser sentado en el banquillo, paradojas y piruetas de nuestra inmaculada democracia, por obra y acusación de grupos ultraderechistas que nunca fueron juzgados. Y mientras tanto, nosotros mirando al tendido, en lugar de hacerlo a la lidia. En fin, el lector puede pensar que quien escribe esto lo ha tomado hoy con las derechas: en ese caso, le ruego disculpe este proceder... pues escribir algo sobre las izquierdas de hoy haría este post interminable.

Pesimismos aparte, e inspirado por otro sensualista, acabemos con las palabras de otro poeta:


'De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar contra sus demonios
quisiera terminar con esa historia
de ese país de todos los demonios'

Thursday, March 18, 2010

Sol, solis


Soh en Graná / Sol en Granada / Sole en Granada / Le soleil en Granada / Sun in Granada / Sonne in Granada / Sol em Granada...

Sunday, March 14, 2010

Cosas por decir... cosas que no debías haber dicho

Queridos lectores... llevo varios días con una pregunta rondándome la cabeza. Espero que puedan ayudarme a resolverla o, por lo menos, me ofrezcan su opinión. Antes de lanzarla, es preciso leer antes los siguientes razonamientos explicativos previos:

1. Dejar cosas por decir. Es terrible. Cuando una conversación o una realidad no nos favorece, volvemos a ese momento en el que, en teoría, se produjo el desenlace. Pensamos entonces que quizá quedaron cosas por decir, sentimientos que dar a conocer y que, supuestamente, hubiesen creado una realidad diferente a la que hoy atesoramos. Pero además, el sentimiento puede ser incluso peor: no es ya la voluntad de cambiar lo que se tiene lo que aprieta el pensamiento, sino la necesidad de hablar para sacar algo fuera y quedar en libertad.

2. Decir cosas que no debías haber dicho. También es terrible. ¿Hablar demasiado compromete? A veces, tiene uno la impresión de que expresar de forma incorrecta algo puede tener funestas consecuencias. Pensamos entonces que quizá era mejor el silencio, no comprometerse: porque las palabras pueden ser mal comprendidas (y expresadas), pero también vinculan para toda una vida, tanto para el que las proncuncia como para el que las escucha.

Y ahora bien, caros lectores... ¿qué es peor... quedarse con cosas por decir o decir cosas que no debían haberse dicho? Es difícil, porque a veces el silencio tiene una potencia salvadora para uno mismo y para los demás. Puede ser el caso de esos posts guardados en el "borrador", que nunca serán colgados hasta que se responda, en lo más íntimo, a esa pregunta que últimamente no alcanzo a responder.

Tuesday, February 23, 2010

¿No vuelvas?


El sábado pasado, 20 de febrero, se cerraron muchas cosas. Después de 23 años, volví al pueblo donde pasé la primera parte de mi infancia: Huelma.

Mi familia y yo dejamos Huelma en 1983. Tan sólo regresé una vez, cuando rondaba los 17, cuando falleció "Beba", la mujer que nos cuidaba a mi hermana y a mí. Desde entonces, aquellos primeros seis años de vida han estado en mí... pero eran sólo recuerdos que, en gran parte, dormían en aquel lugar. Pero decidí volver y encontrarme con ellos.

Huelma es un pueblo pequeño, en la provincia de Jaén. Se esconde a los pies de Sierra Mágina, tratando de escapar a sus vientos y nieves. Llegué sólo y aparqué el coche en el "jardín", una plaza rectangular donde pasábamos gran parte del tiempo. El pueblo se me vino encima. Todo había cambiado. En mis recuerdos, el pueblo era vida, infancia, niños corriendo por las calles, agitación... ahora las calles estaban vacías, aunque muchas guardasen el mismo pavimento de hace casi treinta años. Como símbolo de todo aquello, el "jardín" desierto. El quiosco donde comprábamos chucherías, siempre con cola, cerrado y abandonado. Por fín pude ver, eso sí, la repisa donde atendían... yo también he abandonado hace tiempo el metro de altura.

En mi recuerdo el pueblo era el centro del mundo. Todo lo que estaba fuera de él me resultaba ajeno, y nunca pareció importarme. Pero ahora, las calles y plazas estaban desiertas, su tamaño era testimonial.

Comencé a caminar mi mundo de entonces. Recordaba todo. Pero todo era distinto: las gentes andaban por las calles y me miraban con algo de sorpresa. Dudé si avalanzarme sobre uno de ellos y decir que yo, también yo y mi familia, había vivido en Huelma.

La magia desapareció. El sábado pasado, todo era pequeño y estaba a mi alcance. Recuerdo que, para mí, el Castillo de Huelma era un lugar mítico, que dominaba el pueblo y al que nunca pude subir. El sábado me pareció una mera atalaya, a pocos minutos de la plaza principal. Desde allí, solo, contemplé la comarca. El pueblo pequeño, pasado. Los mares de olivos viniendo hacia mí. Y cada vez más, el crepúsculo encerrando al pueblo y a mi memoria en la ladera donde están asentadas.

También subí al "barrio". Era el lugar donde vivía Beba, una persona de origen muy humilde y, seguramente, de las que más me han querido. Hoy sé que los amigos de mis padres criticaban que estuviésemos con ella y que pasésemos las horas en el barrio jugando con los niños. Entonces no lo sabía. Pero en aquellas empinadas calles, en aquella ladera apartada del centro del pequeño pueblo, conocí la pobreza y la injusticia derivada de un pasado impuesto. Pero fue allí donde he sido más feliz. Allí empezó todo lo que soy.

Antes de marcharme, busqué nuestra casa. Recordaba, no sé por qué ni cómo, que estaba en la calle "18 de julio"... otra premonición de mi futuro. No me costó demasiado encontrarla: pero ahora se llamaba "1 de mayo". Mirar la casa donde uno ha vivido es mirar a su propio pasado: porque se ha vivido en él y no volverá. Antes de subirme al coche, eché un último vistazo al balcón desde el que despedí a mi abuelo, cuando marchaba a Alicante, la última vez que lo vi. Allí, de pie, me di cuenta entonces de un pequeño detalle: la casa estaba en venta.

Thursday, February 11, 2010

Los Quero: la historia en los márgenes


A veces pienso que, de no tener el trabajo que tengo, me ahogaría. Creer y disfrutar de lo que uno hace puede llenar una vida: el tiempo se acaba y, la única fórmula de luchar contra él es intensificar los días, escoger caminos difíciles y carreteras secundarias.

La historia de los hermanos Quero es un mito en Granada. Estos granadinos eran gente corriente, albayzineros en los años de la II República. Fueron reclutados por el ejército republicano y, durante la guerra civil, apenas participaron en alguna acción aislada en la zona de Diezma (Granada). Después, la guerra civil acabó: un par de ellos fueron denunciados y encerrados en un campo de concentración. Ante los rumores (y certezas) de los fusilamientos, lograron huir. Habían pasado al otro lado. El resto de los hermanos lo terminó haciendo poco después, presionados por la represión del franquismo, por sus interrogatorios y su violencia cotidiana. Pero poco a poco, "Los Quero" construyeron un mito en Granada. Eran hombres del pueblo, gentes con los que muchos se identificaban. Se hicieron célebres por sus acciones espectaculares llevadas a cabo, en pleno centro y a plena luz del día, en la ciudad de Granada. Se creó un mito alrededor de ellos. Hasta que, poco a poco, fueron cayendo, acorralados y asfixiados por un régimen que lo inundaba todo.

Toda esta historia está recogida en el libro que Jorge Marco ha escrito sobre ellos. Un rescate del pasado, de los protagonistas de una historia en los márgenes. Ayer fue la presentación en la Biblioteca Social Hermanos Quero y, hoy, lo será en la Casa de los Tiros de Granada. Lo sucedido ayer fue conmovedor. La familia, el libro, el autor y todos nosotros reunidos allí. La historia y la memoria cara a cara, hablándose. Los Quero y su leyenda también estaban con nosotros. Anoche, después de hablar con ellos, los muertos pudieron descansar en paz y dejaron de visitarnos. También lo hicimos nosotros.

Tuesday, February 02, 2010

Préstamos



Siempre tiene que haber una primera vez. Hoy me ha tocado a mí.
Llegué temprano al banco. Tras los 15 minutos de rigor (las empleadas de banca también desayunan), nos sentamos en la mesa. Comenzaron las preguntas para valorar si el préstamo, no demasiado grande en cantidad, me era concecido. Preguntas que desarmaban mi actual vida: ingresos netos, propiedades, si vivo en casa de mis padres, si vivo de alquiler, si estoy casado, si tengo hijos, si tengo pensado formar una familia... Es como si, para evaluar tu vida, rellenases un formulario confesando todas estas cuestiones personales a cambio de un dinero con intereses.
Supongo que es el negocio bancario que, más en tiempos de crisis, radiografía lo que eres y quieres ser para no dar el patinazo. Pero es curioso cómo la "ideoneidad" para un préstamo quizá no coincida con la "idoneidad" que uno quiere para sí. Paradojas del hombre del siglo XXI.

Monday, January 25, 2010

Fotos de niños que miran al cielo


Las fotografías de la infancia siempre me han parecido especiales. Capturaban nuestra juventud, esos ojos que miraban al cielo, como lo hacían al futuro, ya entonces con un manojo de sueños y esperanzas en lo venidero. Y nada, nada, hacía pensar lo que nos esperaría, los fantásticos o trágicos momentos que nos aguardaban. La vida es tan inesperada que a veces no teníamos capacidad para soñar algo... porque pensábamos que no existía. Nuestra inocencia era tan grande que pensábamos que las desgracias eran algo ajeno y que, en el peor de los casos, afectarían a algún ser querido y nunca a nosotros.

Cuando, con nuestras espaldas cada vez más marcadas, nos asomamos a esas fotografías, el pasado, el presente y el futuro se unen en esos ojos que miran al cielo. Son los mismos. Y son ellos los que unen todo lo que hemos sido, todo lo que hemos vivido, pero también todo lo que nos espera. Es una sensación rara verse tan niño, tan débil, con todo por hacer... pero repleto de esperanza y de sueños. Después, todo nos cambia, la realidad hace que miremos ya frente a frente y sigamos caminando hacia donde nos lleven nuestros cuerpos.

Quizá dentro de unos años todavía este blog esté colgado en alguna parte. Quizá entonces lea este post y me parezca aún demasiado positivo; o quién sabe, quizá no acierte a leerlo porque estoy otra vez mirando al cielo.

Monday, January 18, 2010

Para dormir bien


Supongo que escribir algo sobre la tragedia de Haití está fuera de lugar. O al menos, hacerlo desde mi torre de marfil, de todo lo que tengo, sea lo que sea: porque al menos tengo algo. Seguramente también está fuera de lugar compadecerse de todo lo que está ocurriendo allí.

Está fuera de lugar escribir y leer sobre un desasastre de esa magnitud, porque todo lo que se expresa o piensa parece hueco, inútil. Cuando un país se hunde bajo tus pies, seguro que dan ganas de abandonar la vida o, cuanto menos, desear abandonar un territorio donde la desgracia es la norma, dejarlo desierto y no volver jamás. Se podría clavar entonces un cartel que diga: "Aquí hubo una vez un país, Haití, que tuvo por condena la miseria".

Pero no serviría de nada. El terremoto en todo esto es la punta del iceberg, lo que nos hace mirar a ese mundo donde en teoría, salvo estas catástrofes puntuales, parece que no pasa nada. Esos habitantes de la antigua Haití marcharían a otro lugar, pero conseguirían poco: la miseria, el hambre y la injusticia llena el mundo, lo mismo que nosotros tenemos llenos los bolsillos o la despensa llena... o este ordenador donde, paradojas de la vida, lavo mi conciencia. Ahora puedo irme tranquilo a la cama y dormir.

Saturday, January 02, 2010

Espacios del pasado (y para el nuevo año)


En Madrid hay un algo que, a veces, pasa desapercibido. Madrid creció sobre todo a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Después, sus calles comenzaron a llevar nombres de políticos liberales que ya casi nadie recuerda, pero también de espadones románticos cómodamente asentados en el urbanismo de la ciudad castellana. También encontramos monumentos de ese pasado, como el de esa llama a los caídos en el 2 de mayo de 1808 en el Paseo del Prado, o ese héroe de la guerra de Cuba ('El Cascorro'). Pero si algo cambió esta ciudad, a la vista de lo que hoy puede contemplarse, fue el franquismo. Durante la larga dictadura la ciudad creció más que nunca; y durante esos día el régimen dejó buen rastro de su presencia. Es cierto que hoy han desaparecido calles como la Avenida del Generalísimo o General Mola, pero quedan otras como General Varela, Orgaz, Moscardó, etc.

Más allá de debates de la memoria histórica confieso que, bien mirado, prefiero que estos rastros queden. Y también que marquen el contraste con el mundo que sigue o que todavía es.

En la Plaza de Castilla hay un monumento franquista. Es el monumento a José Calvo Sotelo, político de extrema derecha asesinado el 13 de julio de 1936. Ni que decir tiene que la muerte de este señor, antiguo ministro de la Dictadura de Primo de Rivera, no es motivo para alegrarse. Pero a pocos se le escapa el carácter antidemocrático y violento de sus discursos parlamentarios. Lo más curioso es que hoy este monumento convive con otros dos que entonan la "modernidad" de Madrid. Uno son las "Torres Kio", repletas de oficinas de alto standing y símbolo de un macro escándalo de corrupción de nuestro brillante progreso. También son conocidas como "Puertas de Europa". El otro es el "Obelisco de Calatrava": un gran pináculo ostentoso y dorado de casi 100 metros de altura, donado por un banco al "pueblo", situado entre el monumento de Calvo Sotelo y las dos Torres. Qué generosidad.

Caen los años en nuestras vidas. Los espacios, los nombres de las calles y los monumentos se solapan con nuestros días. Pero los significados, a veces, cambian poco. El otro día volvieron a programar "El Día de la Bestia" en televisión. En el final de la película, aparece un plano impresionante con las dos torres, incluyendo también el monumento a Calvo Sotelo. En el coloquio, le preguntaron a Álex de la Iglesia por qué rodó el nacimiento del Anticristo en las Torres Kio. El director respondió: "Porque era el templo del mal, y creo que sigue siendo el templo del mal (risas)". Independientemente de lo provocador de su afirmación, los espacios, así mirados, dicen mucho más de lo que oficialmente quieren decir.
(Este post le debe mucho a los trabajos de mi amiga Megan Saltzman)

Monday, December 14, 2009

Atrapado en la nieve y en todo lo demás



9 horas y media de trayecto entre Madrid y Granada. Me las prometía muy felices tomando el primer autobús, saludando la llegada del invierno feroz y la soberbia escarcha de esta mañana.
Emprendimos la marcha a eso de las 8.30. Caían unos copos de nieve. Y yo caí rendido de sueño. A eso de las 10:30 despierto. Estábamos en mitad de Castilla-La Mancha, estábamos rodeados de nieve por todas partes y la tormenta arreciaba. Al parecer, desde que salimos de la capital íbamos en caravana, atrapados en el atasco.
Paciencia, no hay prisa, pensé. Hasta que, claro, la nieve y el hielo cuajaron. Y una de esas paradas del autobús coincidió en una pendiente... hacia arriba. A la altura de Turleque aquello no avanzaba. Las ruedas del autobús patinaban. Y obviamente, no teníamos cadenas.
Tirados en mitad de ninguna parte. Hasta que algunos guardias civiles nos socorrieron. Trataron de quitar con una pala el hielo y la nieve bajo las ruedas del autobús. Pero no había manera. Resultado final: todos los hombres del autobús descendimos a empujar. Esas manchegas y vitivinícolas planicies, solar del viejo caballero, se habían convertido en estepas siberianas. Tras veinte minutos a la intemperie, empuja que te empuja, conseguimos poner en marcha al bus. En marcha y en camino, pues subió la larga pendiente marchándose hacia el horizonte. Nosotros, incrédulos, comenzamos a correr cuesta arriba. El bus nos esperaba donde la pendiente se inclinaba hacia abajo. Finalmente subimos.
Después, en las horas de viaje que quedaban, mirando la nieve, con los pies mojados y con algo de asma, recordaba Michigan y también Londres. En estos días, en Ann Arbor se reunieron, cual última cena, los amigos de entonces; en Londres, en West Norwood, mi antiguo compañero de piso celebró la fiesta de navidad de todos los años. Falté a ambas citas, lógicamente. Pasar página en la vida seguramente obliga a ello. Sin embargo, en días en que aparece la nieve a uno se le ocurren estas absurdas asociaciones que juntan pasado, presente, futuro, pero también anhelos, moriñas y sueños.

Sunday, December 06, 2009

Gripe A


A veces nos creemos dueños de nuestra vida. Llega un puente. Planeamos un viaje. Unos días especiales. Ver a unos amigos, ir a un concierto, visitar una ciudad. Y entonces, todo se para. Imprevisto: el cuerpo no responde. Y a veces, hasta lo vemos venir: me siento cansado, me duelen los huesos, tengo algo de fiebre, me pica la garganta. Y entonces llega.

Lectores, me ha atrapado la gripe. Y seguramente será la gripe A. Uno quiere sentirse tan especial que piensa que la pandemia no le toca, que escapará a ese virus. Y hoy, aquí me tenéis. En mi sofá (de estreno, ya era hora), escribiendo medio mareado, haciendo esfuerzos por abrir el portátil. Y sin fuerzas (ni ganas) de comentar nada: ni el "inmaculado" día de la Constitución, ni la retirada de los crucifijos de las Iglesias (¿cuántos años han pasado desde la II República?), el posible cierre de algunos webs... Lo peor de todo es que, pasando la enfermedad, uno se da cuenta de que, estando o no estando, el mundo (y nuestro mundo) sigue adelante. Toda una cura de humildad, por si a alguien se le había pasado por la cabeza pensar que era imprescindible o que pintaba algo. ¿Están ustedes enfermos, queridos lectores? ¿Esperan la gripe con impaciencia?

Friday, November 06, 2009

Soluciones para la corrupción política


Caso Gürtel, Palacio de la Música de Barcelona, Santa Coloma... ¿de verdad alguien se cree que todo lo que aparece en la prensa, todo lo que llega al juzgado, es la corrupción real de este país? El "forrarse político" tiene mucho que ver con la corrupción urbanística. Y a nadie se le escapa que un edificio no es un guijarro en el camino: centros comerciales que crecen como setas en nuestras narices, pueblos de la costa y del interior macizados hasta perder el suelo del término municipal... y todos miramos para otro lado. Pero es que además de, digamos, ese 5 por 100 de las barbaridades que llegan a los juzgados... ¿cuántos obtienen realmente condena? ¿Digamos que un 2 por 100? Siempre es más fácil declarar culpable a alguien que roba un pollo para comer que al que se forra a costa del ladrillo o de la gestión pública: por quién es y por el carácter del delito. ¿Y encima se nos quiere hacer creer que toda la mierda que vemos es la mierda que hay? Por cierto, mierda nunca convenientemente limpiada, porque a pesar del forrarse y cargarse el medio ambiente y el patrimonio ambiental, aquí nadie devuelve un duro ni tira un edificio.

El problema es más serio de lo que parece. La clase política tiene un papel clave en todo esto. Su descrédito es absoluto. Ni un sólo líder se acerca, ni de lejos, al aprobado. Obviamente, todo golpea un sistema que, en la teoría, puede ser el mejor posible; pero que en la práctica no funciona porque, sencillamente, es una ficción y no existe. Pero, ¿y nosotros queridos lectores? ¿qué pensamos cuando la marea (o mierda) de la crisis empieza a llegarnos a la cintura? El otro día leí una solución propuesta por alguien para castigar a todos los políticos implicados en estas cuestiones. Ahí queda:


"Queremos que estos señores sean condenados a encontrar un trabajo, cobrar 1.000 Euros y llegar a fin de mes"


Friday, October 23, 2009

Michigan Central Station


Dicen que nadie escapa al tiempo, y también podríamos decir que algo parecido sucede con algunas crisis económicas (al menos para algunos). Así caen imperios, vidas brillantes y espacios únicos. No hay que irse al Imperio Romano para certificar todo esto: el estado de Michigan y la ciudad de Detroit, antaño núcleo y expresión de la cultura del automóvil, se hizo pedazos. En el boom del automóvil, la suntuosa Michigan Central Station, comparable a esa Grand Central de Nueva York, comenzó a funcionar en 1808: ochenta años después fue simplemente abandonada. Hoy, en sus muros de piedra y mármol todavía resueña el eco del éxito y del desarrollo económico. El enlace que me envió mi amiga Megan hace tiempo recrea todo eso.

Quién sabe. Quizá algún día lugares como la Moncloa, el Palacio de la Zarzuela o el Parlamento de Andalucía esté así. O tal vez las sedes de los grandes bancos, todavía boyantes, o las casas adosadas y los enormes bloques levantados por la especulación. Nada permanece y, desde luego, ellos tampoco.

Wednesday, October 14, 2009

What is life?


Nunca le he tenido miedo a escribir sobre la muerte; quizá porque es algo tan real y definitivo que es absurdo evitar que existe. Otra cuestión es verla venir, saludarla serenamente y dejarse llevar por ella.

Las últimas semanas han estado salpicadas por varias desapariciones. Alguien con 23 años estrellado en una avioneta; un padre de familia que dijo adiós de forma inesperada; un anciano de más de 80 años que, en Pennsylvania, se despidió de los suyos carcomido por el cáncer.

Ante la muerte, ante el vacío absoluto, poco cabe decir. Queda entonces mirar a los que quedamos, a nuestro sentimiento de pérdida y a lo que, seguramente, de los que se han ido hay en nosotros.

Hoy he recibido un correo de Richard, mi amigo americano de Maryland. Su padre falleció el 10 de octubre. Me ha enviado el elogio de despedida que leyó en su funeral. Rich es un hombre sencillo. Un trabajador americano, siempre sonriente, eficaz funcionario (y no es un oxímoron) que, a pesar de la burocracia de los folios, siempre tenía sin responder una pregunta metafísica: "What is life?" ¿Qué es la vida? La primera vez que fui a Estados Unidos, con 17 años, solíamos bromear dando respuestas a esa pregunta: 'la vida es un helado', 'es un batido', 'es sueño' (Calderón), 'es una caja de bombones de chocolate' (Forrest)...

Rich terminaba las palabras que dirigió a su padre en este octubre con una frase especial, que explica por qué sufrimos tanto al perder a alguien:

'It's not just losing someone you love that hurts so much; it's losing someone who truly loves you'

(No es sólo perder a alguien amado lo que duele tanto; es perder a alguien que verdaderamente te ama)

Quizá al acercarnos al último día vamos sabiendo, al fin, qué demonios es la vida.

Tuesday, September 29, 2009

Un mundo que no-es

El domingo pasado el grupo británico Muse decidió pasarse por el forro la sociedad del consumo, plasticosa y televisiva, donde nada es lo que realmente dice ser. En la televisión italiana les obligaron a tocar en playback. Lo hicieron. Pero, como reacción, se intercambiaron los instrumentos. El menda que toca la batería (M. Bellamy) es en realidad el cantante, guitarrista y teclista (lectores, ojo a sus gestos). El alto de las gafas de sol, al teclado y con la guitarra, es en realidad el bajista (muy seriote él). Y el que lleva el bajo y canta, es el batería (no se lo cree). Lo mejor es el disfrutar del público, ajeno a toda esta mentira; y por supuesto, la reguapísima y oxigenada presentadora, que hasta sostiene una entrevista con alguien que no-es.
Quizá sea buen momento de parodiar todas las verdades oficiales. Falsas por ser supuestamente verdades. Y también por ser oficiales.
¿Qué mejor colofón a este post que la letra de la canción? Ahí va:

"La paranoia florece
la transmision se reanuda
ellos tratan de empujar la droga,
mantenganse todos callados y esperemos
nunca volveremos a ver la verdad de cerca

(...) Levantate y toma el poder de nuevo es hora de que
los gatos gordos tengan un ataque al corazon tu sabes
que su tiempo esta llegando a su fin
Tenemos que unirnos y ver nuestra bandera ascender

Ellos no nos obligaran
Ellos paran de degradarnos
Ellos no nos controlaran
Nosotros resultaremos Victoriosos"

Monday, September 14, 2009

De vuelta con la crisis


Septiembre ha entrado con fuerza. Vuelta al trabajo y a una ciudad que siente la crisis por los cuatro costados. Mientras que la clase política se tira los trastos a la cabeza y se pelea por escuchas, regalos a cambio de favores y demás, el resto de los españoles le vemos la cara a la crisis.

Vaya por delante: soy un privilegiado. Que el piso que he alquilado esté a medio amueblar o que no tenga sillas no deja de ser una anécdota sin importancia en medio de todo lo que está cayendo.

Hoy he ido a hacer la primera compra. Antes, he ido a un cajero a sacar dinero. Justo antes de mí lo ha hecho una señora. Tenía aspecto normal: unos 50 años, pantalones color calabaza y jersey pistacchio. Encajaría en lo que cualquiera de nosotros llamaríamos clase media. Luego ha llegado mi turno. He pedido un recibo para ver el remanente de mi cuenta. Sorprendido, he visto una cantidad que no se correspondía con lo que esperaba (que tampoco es mucho, queridos lectores). Al poco, he comprendido que había cogido el recibo que la señora que me precedió había dejado olvidado. Hoy, a día 14 de septiembre, tenía sólo 40 euros de saldo disponible.

Ya sé que quizá he sacado la imaginacióna pasear. Ya sé que quizá la señora anónima tenía más cuentas corrientes. Pero en los tiempos que corren, esta historia tan cotidiana puede estar envuelta en las sombras tan oscuras como las que insinúo en el párrafo anterior.

Curiosamente, hoy se cumple 1 año de la quiebra de Lehmann Brothers. Paradojas de la economía mundial: Wall Street está mucho más cerca de cualquier barrio histórico de Granada. Después de la hecatombe, nada parece haber cambiado: los banqueros siguen recibiendo bonus y considerándose el baluarte del progreso económico; los políticos siguen cocinando sus conflictos, siempre echando balones fuera y sin plantearse regular el sacro-santo mercado libre. Cada vez es más evidente que banqueros y políticos tienen dos cosas en común: no tienen ningún contacto con la realidad social que nos rodea; y no les importamos (casi) nada. De los primeros, como mis queridos lectores se podrán imaginar, no me sorprende ninguna de estas actitudes; de los segundos, confieso que (hasta hace poco) me sorprendía.