Friday, November 28, 2008

5, 0.33 a.m.

Nubes que encierran al Castillo Rojo. 0.33 de la madrugada. Vino en mano. Humo blandiendo mi teclado desde la izquierda. Y el sonido de la soledad golpeando en mi cabeza. Y frente a mí, el resplandor de todo lo que esta ciudad ha sido y, seguramente, ya no es. Escapo por un momento de todo, del estrés de la preparación de unas clases, de la vida de una ciudad de provincias que no espera.
Mañana, despertar temprano. Desperezarse. Una ducha. El frío seco de Granada. Maleta improvisada. Y el destino de una ciudad imperfecta, de plástico. 5 horas hasta mi destino. 5 días hasta mi destino. Y de camino a los 5 meses contigo. Llegaré entonces a una estación que no me dice nada. En una ciudad del norte, en el centro de España. Tan importante para el poder que nos comanda. Tan importante para el futuro de nuestro país. Y que a mí no me dice nada. Y en el centro de todo, tú.
Todos caminamos hacia la muerte. Y, supuestamente, a la búsqueda de una felicidad inalcanzable. Pero siempre hay algo. Siempre. Siempre hay algo que nos desborda, que nos hace perder la razón, que desetiqueta nuestro pensar, que nos hace perder el sentido de las cosas. Siempre algo que nos transporta a no sabemos donde. Para unos un anhelo, para otros una esperanza inalcanzable. Y para otros como yo, una realidad. Duermiendo en lo cotidiano está lo que nosotros esperamos. Sólo hay que encontrarlo. Tan fácil como eso: neblinas que sólo hay que descifrar hasta formar parte de ellas y perdernos en la eternidad. Ánimo lectores, todo aquello está junto a nosotros. Sólo hay que tener ojos para encontrarlo, acercarse, abrazarlo y hacerlo nuestro. Vamos allá.

Wednesday, November 19, 2008

Es una historia que se escribe en los portales

Las letras de Quique González son fotografías de un pasado y un presente que nos pertenece. Sus versos son como fotografías, sus palabras como fotogramas que, al sonido de un arpegio o de un rif de guitarra, hacen que nuestras sensaciones se descuelguen por las notas de lo cotidiano, de lo propio, de lo que no es ajeno.
Las historias de sus canciones son humanas. Son sentidas, llenas de sentido común, lejanas de metáforas inalcanzables y cercanas a lo cotidiano. Son letras donde aparecen autobuses rojos, chicas dispuestas a todo, perdedores, boxeadores en retirada, conserjes que atisban cómo restregamos nuestros cuerpos por los portales, salitres pegados a la piel que hacen imposible olvidar a una chica, días de feria, músicos fracasados en el backstage, bocas de metro donde parejas se unen para siempre, amigos de la infancia que recuerdan cuando eran reyes y corrían por la playa con palomas atadas a los dedos.
El sábado pasado Quique González tocó en Granada. Fue en la Industrial Copera. Un concierto temprano, a eso de las 21.40 de la noche. Vimos el concierto los dos, con mis nervios entre las letras de Quique y la piel de ella. Después, el día siguiente, el domingo. Y una nueva despedida. A la madrugada de ese día, mientras que veía como su autobús encaraba el norte, en mi cabeza rebotaba aquello de ‘es domingo por la tarde, la suerte es una ramera de primera calidad’, a la vez que sentía el golpear de las olas y el olor del salitre, mientras veía cómo su figura se alejaba. Mientras yo gritaba para mí el imposible de ‘tengo que olvidarte de alguna manera’. Después, me consoló aquel verso que me hacía asegurar que tenía ‘una estrella de reserva en la estación de sus caderas’. Aunque sea una historia que se escriba en los portales, tengo que confesar que vuelvo cada día allí. Sé que me espera.

Tuesday, November 11, 2008

Memoria Histórica


Garzón, huesos escondidos, sombras de represión que se alargan, voces que piden el silencio... memoria histórica. Tan importante que incluso ocupa portadas de periódicos compitiendo con la crisis económica, las declaraciones de la reina Sofía y el noviazgo de la Duquesa de Alba. Hace unos días El Mundo publicó un artículo donde, por una vez, recababa la opinión de los especialistas del pasado: los historiadores. Es cierto que algunos no lo eran (v. gr. Pío Moa), aunque también contasen. Algunos amigachos míos dejaron sentir su voz también. Los más radicales y los más jóvenes: todo un orgullo. He aquí una selección agrupada en PP, PSOE, IU e inclasificables. En negrita, mis amigachos. En subrayado, las barbaridades. Entre paréntesis, tras el asterisco, mis comentarios. Espero los vuestros.


Derecha
El pasado pesa en España porque el presente lo manipula. ¿Por qué Garzón pierde su tiempo y el dinero de los españoles en investigar lo que no tiene investigación judicial posible? El Consejo General del Poder Judicial debería investigar al juez para ver si se dedica a lo que debe.
—FERNANDO GARCÍA DE CORTAZAR (* y tu eres el primero)


Se puede juzgar al franquismo todo lo que se quiera, pero es competencia de los historiadores, no de los políticos ni de los tribunales. Sin embargo, los asesinatos de más de 100.000 personas por ambos bandos no fueron delitos comunes. Se cometieron por grupos políticos.
—STANLEY G. PAYNE ( * Aprendete las cifras Stanley: 80.000 represaliados por la República... más de 150.000 por el franquismo)

No es adecuado suscitar de nuevo los rencores propios de una guerra civil donde los dos bandos participantes tienen mucho de que arrepentirse (...). No se puede hablar de genocidio, sino de delitos comunes que se cometieron en ambas partes. El amor y el perdón es lo único que puede permitirnos salir adelante.
—LUIS SUÁREZ (del Opus Dei: * ¿puede perdonar y amar quién está enterrado en una cuneta? Si amas y perdonas, condena a Franco y a su régimen, y no dirijas su Fundación)

Es un disparate. Todos seríamos criminales de guerra. Quien gana las guerras legisla, y eso vale para los Capeto y para Robespierre, para Napoleón y para los del Dos de mayo. Si el Caudillo es un criminal de guerra, también lo son Largo Caballero, Indalecio Prieto y quienes asesinaron a Nin. Mala fue la represión franquista, pero peor habría sido la de Stalin si hubieran ganado los republicanos.
—FERNANDO SÁNCHEZ-DRAGÓ (* ¿ Se puede condenar a quien no cometió un asesinato?)

El sumario es históricamente falso, judicialmente inspirado en el modelo chequista. No hubo genocidio, sino grados de terror en los dos bandos...
—PÍO MOA ( * ¿no hubo represión franquista? ¿nuestro sistema judicial es democrático o 'chequista'?)

Izquierda
No sé qué pretende con el procedimiento penal. Un juez no puede establecer la verdad histórica (...). El recurso de la Fiscalía está muy bien argumentado.
—SANTOS JULIÁ

Más a la izquierda...
La sublevación del 36 fue más que una simple rebelión militar. La eliminación consciente y premeditada de un colectivo, en este caso social y político, es genocidio y su declaración no prescribe.
—ANTONIO ELORZA (* no estoy de acuerdo con esta palabra: aunque la represión fue brutal, es exagerada, por las cifras, las víctimas y el carácter)

Tiene un sentido más simbólico que práctico, aunque la Ley de Memoria Histórica ya era suficiente. La represión fue un plan de exterminio, como también lo fue la persecución de la Iglesia durante la guerra.
—JOSÉ ÁLVAREZ JUNCO

Si se sigue la doctrina emanada de Núremberg (...), el delito de detención ilegal no prescribe. Existe en España la visión generalizada de que el franquismo fue más permisivo que otros regímenes de corte fascista, cuando la dictadura fue brutal y sistemática en la represión.
—ALEJANDRO QUIROGA

Si los franquistas cometieron o no crímenes contra la Humanidad lo decidirán los jueces; lo que los ciudadanos sabemos es que destruyeron la primera democracia española aniquilando a quienes la apoyaban.
—GREGORIO ALONSO

[Por cierto, a esos dos últimos: nos debemos unas pintas]

Wednesday, October 29, 2008

La Alhambra apagada


Varias preguntas con respuesta: ¿Cuál es la mayor fuente de riqueza de Granada? El turismo. ¿Cuál es la 'joya de la corona' de nuestras 'atracciones', la razón por la que gente cruza mares, océanos y montañas para llegar a nuestra ciudad? La Alhambra.

El domingo pasado, 26 de octubre, todos los españoles cambiamos la hora para ahorrar energía; los granadinos en esto no somos especiales y también lo hicimos.

Esta foto fue tomada ayer al atardecer. Refleja los contornos de la Alhambra, el cielo azul y gris, preparado para esa tormenta que caería cuando ya nos anocheció. Pero, pero, pero... la Alhambra, el castillo rojo... ¡está a oscuras! ¡Alguien ha olvidado cambiar las manillas del reloj automático de encendido del alumbrado! ¡Y ayer estábamos a martes! ¿Pasará también hoy?

El domingo es el día en que el Albayzín recibe más visitas. Las calles están sembradas de grupos y parejas de turistas. El destino predilecto es el mirador de San Nicolás, para el que la calle donde habito es paso casi obligado. El domingo, mientras trabajaba, escuchaba a los turistas preguntarse dónde estaba la Alhambra, si había desaparecido. Sus cámaras preparadas, listas para captar el momento granadino por excelencia, ahora lleno de oscuridad. Y los labios de las parejas enamoradas, listos para besarse y paralizados por una Alhambra que no era.

¿Es tópico decir que en Granada somos un poco chapuceros? ¿Que alguien no cumple con su obligación? Opinen lectores y, si pueden, no duden en acercarse al Albayzín al anochecer. Quizá contemplen el espectáculo de la Alhambra como siempre fue: sin luz eléctrica y atravesada por los contornos del aire granadino.

Saturday, October 25, 2008

Carreteras secundarias

Dicen que es difícil recorrer el camino que la vida nos tiene guardado. En cambio, preferimos tomar autopistas de peaje, carreteras en las que no se ve el paisaje... pero que nos llevan en menos tiempo a nuestro destino.

Nos cuesta trabajo recorrer las carreteras secundarias, aquellas que sentimos más propias, aquellas en las que somos más nosotros. Es en esas rutas donde encontramos los mesones con caras amables, las especialidades de la casa y, en algunas, las cálidas chimeneas donde arden los troncos en invierno. Pero son más solitarias. Pocos se atreven a utilizarlas, porque vivimos pegados al reloj, a nuestro punto de destino, a aquello que se nos tiene trazado.

Con la vida pasa igual. En teoría, para nosotros, afortunados del primer mundo, nuestra vida consistiría en etapas muy claramente marcadas: acabar el bachillerato, entrar en la universidad, conseguir un trabajo, conseguir una novia, conseguir una iglesia donde casarnos, conseguir casarnos, conseguir una hipoteca -incluso ahora-, conseguir tener hijos, conseguir pasar los días dando una buena educación a nuestros hijos... y el ciclo se repetirá con ellos hasta que nos alcance la muerte.

Confieso que hasta el momento había discurrido por esta autopista. Todo perfecto. Dentro del guión. Es más, al final de cada tramo, a cada paso por el peaje, veía las caras de los que me rodean saludando con una sonrisa modélica. Pero la vida juega malas pasadas. Y, a veces, de las autopistas parten ramales que llevan al campo, a la vida salvaje, a lo real, a lo imprevisto y al sentimiento. Llevo más de tres meses discurriendo por una de esas carreteras secundarias, con baches, con un futuro incierto pero con un paisaje y unos olores maravillosos. Un camino díficil con el que no contaba pero del que, por el momento, no me puedo apartar. Mientras tanto, queridos lectores, ¿seguiréis esperándome en el siguiente peaje de la autopista donde puede que nunca llegue o nos encontraremos en alguna carretera secundaria?

Thursday, October 16, 2008

Cuando las palabras parecen volver del exilio


Desde joven crecí con el rock and roll. Nunca me he perdonado ni entender ni apreciar lo necesario la música clásica o la ópera. Pero el rock y el pop, lo tengo hasta en la sopa. Soy de esos pocos locos que todavía se compran discos, los buenos, después de bajárselos.

Por otro lado están los libros. Confieso que, no hace muchos años, me costaba lo suyo abrir un libro, sentir interés por lo que en él se decía, tener la calma para pasar las horas en silencio. Pero milagros de la naturaleza aparte, los libros se han acabado convirtiendo en compañeros de los mejores momentos de mis días.

Por el rock y por los libros, el sábado 18 de octubre será un día especial. A las 12 horas, en la Biblioteca de Andalucía, presentaremos el libro de Jordi Vadell: "En cada lamento que se hace canción. Una interpretación de las letras de José Ignacio Lapido".

Lapido es ese músico granadino que marcó sus primeros compases en 091 y, desde hace unos años, en solitario. Sus canciones rebosan sentido, sus letras son espejos de un mundo muy especial... y su música es rock and roll en castellano. Sin embargo, no ha sido apreciado por el público quizá como merecía. Tenía una canción que anunciaba el tiempo en que "las palabras vuelvan del exilio". Esperemos que este libro, páginas de letras y melodías, lo saquen de ese ángulo muerto donde nadie lo ve. Allí os esperamos, Jordi Vadell, el autor; Enrique Ortiz, el poeta y prologuista; Lapido, el artista; y un humilde servidor, poeta y músico frustrado. Por la noche nos vemos en la Sala 'El Tren': allí presentará su último disco, 'Cartografía'.

Sunday, October 12, 2008

Ante la paradoja, sigamos soplando


Podría decirse que las paradojas mueven el mundo. También la ironía. Y a veces, van unidas. Aunque no tengan gracia.

Crisis por allí, crisis por acá... las cifras y los gráficos desnucados inundan los periódicos, los telediarios, los programas radiofónicos. No hay mal que por bien no venga: la realidad pone a prueba a nuestros políticos y, también, a nuestros medios de comunicación. Algunos políticos empezaron diciendo que esto era una "desaceleración", y otros se alejaron súbitamente de un neoliberalismo que inunda su programa (no creo que sea necesario dar nombres o siglas que, ahora, poco importan). Y los medios de comunicación, por fin, publican noticias: esto sí que es paradójico. La prensa amarilla parece interesarnos menos (salvo el caso de la Duquesa de Alba, incólume a crisis mundiales). Los telediarios aparcan las noticias de sucesos y por fin hablan de la realidad y de nuestros problemas. Y los periódicos publican hasta reportajes de investigación tratando de descifrar qué sucede.

¿Y qué sucede? La paradoja más increíble del capitalismo desde sus comienzos. O, mejor, la segunda más grande. Ya el Crack del 29 supuso un aviso con convulsionó los bolsillos del hombre común, del gran capital y de los propios países y sus destinos: que pregunten a la vieja Europa por sus años treinta y cuarenta... y mirará hacia otro lado. Sólo se solucionó con la intervención del Estado: Roosevelt y Keynes, mano a mano, con un plan de inversiones en infraestructuras, un plan de estabilización brutal...

Y ahora, ahora algo similar: señores de chaqueta y corbata, con el pelo hacia atrás, bien peinado, oliendo a colonia de precio exhorbitado y con la sonrisa cómplice del ególatra y del impune. Dos preguntas:

1. ¿Quién tiene la culpa de la crisis? Todos los diarios parecen apuntar a esa clase de cuello alto que se mueve entre parquets, oficinas de rascacielos y calles principales de las ciudades del primer mundo, aquellos que llevan gemelos y clamaban por su libertad de acción, su responsabilidad de lucro y su capacidad para crear riqueza... a cualquier precio.

2. ¿Qué hacer? La Reserva Federal de EE.UU. interviene, el BCE también. Se rescatan bancos, empresas en caída libre. Ahora la mano del Estado es tomada como agua de mayo y no como "zarpa" intervencionista. Cada gobierno, por muy liberal que sea, planea un plan masivo de intervención y llama a la calma de nuestros bolsillos. Y en las próximas horas, el G-7 se reúne para dar solución a una sangría económica que parece no tener fin.

La paradoja reside en la impunidad de unos seres que reclaman la libertad de acción por encima de las fronteras, del sentido común y, por supuesto, de las leyes. La paradoja reside en un sistema, el capitalista, que no se sostiene tal como lo conocemos: un sistema que tras la Caída del Muro de Berlín proclamó su éxito, el fin de la Historia y hasta de los boquerones en vinagre. Y la paradoja reside, en fin, en un Estado que ahora es llamado a intervenir en un campo, el de la economía, cuyo secreto de desarrollo era en teoría la no-intervención. Las voces del mercado están ahora calladas. Tan sólo se oye el rugir de las bolsas desplomándose. Las conferencias de prensa de los ministros de economía y los presidentes llamando a la calma. Los teóricos neoliberales han hecho mutis por el foro. Seguramente no irán muy lejos, pues tendrán sus bolsillos llenos, pero sin duda llegarán a un lugar seguro. Y mientras tanto, nosotros, sigamos soplando para que el tinglado no se venga abajo.

Monday, October 06, 2008

Hagan juego, señoras y señores


Hagan juego, señoras y señores: barra libre para el nacionalismo. Leo sorprendido la noticia de que, en una ayuntamiento del País Vasco, un concejal del Partido Socialista de Euskadi colgó en el Salón de Plenos del consistorio la bandera del mítico grupo heavy "Iron Maiden". Lo hizo en protesta a ver colgada la "Ikurriña" por los concejales de ANV. Lo mejor, sus declaraciones, llenas de sentido común y de ironía:

"El mismo derecho que tienen ellos para poner la ikurriña, porque sienten la ikurriña y creen que deben ponerla, pues tengo yo para poner la de Iron Maiden porque siento esa música de Iron Maiden"

Seguramente el esperpento, como dejó claro Valle Inclán, es el mejor arma de la verdad. También la ironía, el surrealismo, y tantas cosas que se apartan de lo conforme, de lo establecido. Romper las reglas de lo cotidiano, sacar el sarcasmo a la palestra y hacerlo bailar con lo que se detesta, seguramente es la mejor forma de ridiculizar y dejar en evidencia lo que no tiene sentido.

¿Y qué me dicen ustedes señores y señoras lectoras? Hagan juego, por favor. ¡Barra libre!¿Resurrección del Reino Nazarita? ¿Independencia de Andalucía Oriental? ¿Conformación del virreinato de Sevilla y sus alrededores? ¿Creación del Cortijo independiente de Andalucía? Podíamos poner las cuadras en el parlamento, los porqueros en los ayuntamientos y, por qué no, las bibliotecas en las calles. Quizá así todo deje de parecer asquerosamente normal. Post incendiario, disculpenme ustedes. Pero escucho "a los Maiden", que le voy a hacer.

Friday, September 26, 2008

El martes


El martes pasado rubriqué el fin de unos años y el comienzo de otros. Firmé el contrato con la universidad. Dejé de ser eterno becario para pasar a profesor ayudante doctor. Estos años han sido estupendos y es de esperar que los que vienen también lo sean. Mejorar profesionalmente es importante, por supuesto, pero no creo que en ello resida la felicidad. Ni mucho menos.

Han sido muchos años de trabajo. Becas que se piden y que a veces se conceden. Horas y horas en la biblioteca, carretera en busca de documentación, archivos municipales mugrientos, peleas con archiveros, tecleo incesante, fotocopias y compras de libros y revistas, congresos, viajes y más viajes. Y de repente, el pasado martes, ante mí, cinco copias de un contrato que prácticamente no leí: las cláusulas estaban en un teórico "convenio colectivo" que, por supuesto, no tenían en la oficina de la universidad y que, también por supuesto, yo no tuve inconveniente en no leer. Firmé casi sin darle importancia, dos firmas en cada hoja. El bolígrafo se deslizaba suavemente, con facilidad, casi con vida propia. Pero no ha sido fácil llegar hasta aquí. Y os aseguro que más lo será seguir adelante. Pero cuando me levanté de esa mesa, llevaba esa sonrisa y la mirada perdida que últimamente me acompaña... y que sólo cambié cuando me di cuenta que había olvidado mi casco en la oficina. Al llegar a casa, al comenzar a vivir la semana, comencé a sentir el peso de la responsabilidad: llegar hasta aquí y seguir en el camino no valdría nada si fallase en mi trabajo, si fuese un mal docente, si abandonase la investigación. Reconocer un supuesto triunfo es fácil, no así una derrota.

Tuesday, September 16, 2008

En este blog no se habla de amor


Este blog está llegando a su fin. Al borde de cumplir dos años, repaso los post, el pasado que he ido dejando relegado y que me acompaña. Y he caido en la cuenta de algo sorprendente: en este blog no se habla de amor. No es algo premeditado, no es algo calculado fríamente. Sencillamente, ha sido así.

Nunca traté de definir este blog. Más bien fue tomando forma de forma espontánea, dejándome arrastrar por la necesidad de escribir, reflexionar o contar algo. Y por supuesto, es y ha sido lo que es por vuestros comentarios. Seguramente en el último año se ha hecho más literario, más reflexivo, más profundo. Pero aún así, el amor ha estado ausente.

Pero no hablar de amor es no hablar de la vida. Si en algo los seres humanos somos iguales, además de en el hecho de nacer y morir, es en el hecho de amar. Porque creo que todos somos capaces de hacerlo: unos con más intensidad que otros, unos de una forma o de otra. Es algo que no podemos hacer sólos: necesitamos un cuerpo, una persona, que nos provoque una reacción. Es ese cuerpo un buen día extraño y ajeno... y que llegado un momento queremos hacer nuestro, hundirnos en él y no dejarlo escapar.

El amor es ese sujeto ausente que siempre está presente en nosotros. Del que no se habla, pero que siempre está ahí, inundando nuestro ser, nuestros ojos e incluso las teclas de nuestros PC. Puede que el amor no haya estado en este blog: ni en mis posts ni en vuestros comentarios. Pero ello no quiere decir, queridos lectores, que vosotros no lo tengáis a vuestro lado ni yo al mío.

Tuesday, September 09, 2008

La Historia para seguir viviendo

(Con el permiso de la otra autora, pego abajo el artículo publicado en Granada Hoy el 8 de septiembre de 2008. Es largo, pero quizá os interese)

El padre de Gabrielle García nació en 1911 en el pueblo granadino de Cijuela. Pese a su origen y posición humilde, aprendió a leer y a escribir. Antes de la Guerra Civil llegó a ser secretario local del Partido Socialista en el lugar donde había visto la luz. Durante la contienda participó en el Batallón Granada. Y, seguramente, el 7 de febrero de 1939 cruzó la frontera con Francia avergonzado y desgarrado por la España que dejaba atrás. Comenzó entonces su caminar por los campos de concentración franceses, por los campos de trabajadores nazis en las costas de Normandía y, con mucho esfuerzo, la libertad y la resistencia. En un intento de escapar a su pasado, todavía con la capacidad de amar pese a los desastres que sus ojos habían contemplado, contrajo matrimonio con una mujer francesa que, enamorada de él, le había protegido no dando su nombre a unos soldados alemanes. Con los años, tuvo dos hijas y construyó una casa con sus propias manos. Pasó el resto de sus días en Saint Maló (Francia), junto a un mar que le recordaría un exilio del que jamás regresaría.

No conocemos más del padre de Gabrielle. Ni siquiera su nombre. Y lo que ha llegado a nosotros lo hizo, como un huracán de recuerdos, en una cafetería granadina el pasado 12 de agosto. Junto a Plaza Nueva, Gabrielle nos habló de su padre. Y de cómo decidió ir en busca de su pasado, porque “quería conocer el significado de las palabras”.

Gabrielle todavía recuerda a su padre “gritar en silencio”: “Granada, Granada”. También el silencio de sus padres. Y una terrible confesión prueba del dolor y del amor ilimitado de su padre hacia ella: “Si tú tuvieras que pasar por donde yo he pasado, te mataría”.

Todo eso hasta 1967. Sólo la incógnita de un silencio perpetuo. Pero una carta cambió su vida: en esa fecha, su tío y algunos jornaleros de Moraleda de Zafayona anunciaban su presencia en las cercanías del Monte Saint Michel. Y, entonces, la visita de esos hombres a Saint Malo. Gabrielle recuerda verlos avanzar hacia la casa con sus ropas desgastadas, sus pantalones anchos, sus sombreros de paja, su humildad y su dignidad de campesinos arrastrando junto a las murallas de piedra de la playa de Saint Malo. Quedó tan fascinada por un pasado que la llamaba que, con el consentimiento de su padre y con sólo dieciséis años, marchó hacia Andalucía montada en un camión cargado de emigrantes hambrientos. Los intentos de su madre de hacer de ella “una francesa” no habían logrado alejarla de un pasado que necesitaba desentrañar. Al anochecer de este agosto, Gabrielle justificaba su viaje: “fui a España para traerle a mi padre las palabras que necesitaba para seguir viviendo”.

Y las encontraría. Las encontraría en los caminos polvorientos de Andalucía y, sobre todo, en la pobreza que rodeaba a los más humildes. Lo comprobó al llegar a Cijuela y Moraleda. Los vencidos en la Guerra Civil seguían allí, sepultados en sus cuevas, hambrientos, sin apenas vestidos. Recuerda cómo, al verla, su tía Paquita le confesaba su “vergüenza por ser tan pobre”. Entonces Gabrielle le cogió la mano. Su tía la miró. De tanto sufrimiento pasado, “no podía llorar”, recuerda.

Su tía Paquita conservaba la dignidad del vencido, la hondura de una pobreza que marca el rostro, que expresa el pasado y anuncia el futuro. Pero en su familia también quedaban las brechas de la Guerra Civil: algunos eran vencedores. Fue el caso de su tío-abuelo, cómplice con el franquismo y que llegó a renegar de su sangre. Gabrielle recuerda verlo en su pueblo, con la cabeza baja y sin voluntad de mirarla a los ojos. Su tía le dijo: “Aquí está la hija de tu sobrino”. Ella se acercó en busca de un pasado que no temía. Pensó, sin atreverse a decirlo en voz alta: “levanta la cabeza que vea la cara del hermano de mi abuelo”. Él no lo hizo.

En esos días de agosto, Gabrielle ha visitado por primera vez el cementerio de Moraleda. En él está enterrado su abuelo. Sin embargo, no pudo encontrarlo: no había lápida que cobijase su memoria. Lo mismo le sucedía a otros muchos nombres perdidos en el pasado, pero vivos en la memoria de muchos de nosotros. A día de hoy, los únicos restos de su paso por la Historia siguen siendo unos pequeños montículos de tierra coronados por dos ramas en forma de cruz o unas pequeñas flores artificiales.

No está claro qué es más sorprendente, si la Historia o su rescate. Si los hechos del pasado o los que los enlazan con el presente. Preguntamos a Gabrielle del por qué de su lucha, del por qué de su curiosidad, del por qué de abandonar unas cómodas vacaciones, dejar a su familia y viajar al sur a visitar sola el tiempo más agreste de su familia. Para ella, luchar por su memoria es un deber imprescindible: los vencidos “fueron tan humillados que a mí me tocaba limpiar esa humillación”. Hoy dice haber “puesto cuerpo a las palabras”. Confiesa, con lágrimas en los ojos y con la voz temblando, pero con el orgullo y la seguridad del que abraza una convicción, que es la primera vez que entra en Granada diciéndose que es suya, que por fin le pertenece: “antes entraba con miedo, con dolor, pero ahora no”.

¿Por qué viajar al pasado? ¿Por qué desentrañar las palabras que anidan en los huesos de los que nos han precedido? ¿Por qué buscar respuestas en los que todavía callan? Sin duda puede haber muchas razones, muchas, necesarias. Para Gabrielle había una y definitiva: “lo hago porque lo necesito”. Y no sólo por su padre, sino también por ella, por sus hijos y por esos hombres y mujeres que vieron morir a sus hijos.

Pese a haber pasado su vida fuera de España, Gabrielle está conectada con España y su Historia. ¿Lo estamos los españoles? Al comienzo de la entrevista confesaba con rabia su experiencia esa misma mañana. Acudió a la Facultad de Derecho, en busca de las aulas, los muros y el espacio donde fue catedrático Fernando de los Ríos, el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la II República. Emocionada, preguntó a una alumna por su recuerdo. La alumna, seguramente extrañada, le respondió que no conocía a ese personaje ni tenía por qué hacerlo.

El pasado no es algo inerme y escondido. Nos rodea día a día, se asoma a nuestras vidas. Es necesario acercarnos a él, avistarlo, rescatarlo y tenerlo presente. Es el nicho donde reposan las tragedias, pero también el origen de nuestros derechos. Y, en España, los derechos fueron conseguidos con mucho dolor, sangre, silencio y, por supuesto, esfuerzo. El pasado no es un tiempo lejano ni ajeno: es nuestro, deambula o reposa por las calles de Granada, en nuestras vidas y en las de los que se han ido. Encontrarnos con él es imprescindible para encontrarnos con nosotros mismos y, por supuesto, con nuestro futuro.

Ese atardecer de agosto, junto a un taxi, emocionada y sonriente, Gabrielle García se despidió de nosotros y de Granada. Nos abrazó y nos besó, con esos gestos que cruzan las generaciones y la Historia. Mientras que su taxi se alejaba, nos quedamos pensando en sus últimas palabras antes de levantarse de la mesa del café: “Hoy las frases ya no están enterradas en un hoyo en la tierra: hoy, por fin, han vuelto a su tierra”.

Sunday, September 07, 2008

London Calling... Granada is calling

Fin. Menos de una hora para salir para el aeropuerto de Stansted. Acabo de terminar mi última maleta. Mi último día en Londres. Mi última mirada a Londres.
Pero ya miro con otros ojos. Ya mi maleta es más ligera que hace dos años, aunque llevo más cosas en ella.
Y por fin, Granada. Mis nuevos ojos, y siempre maleta a mano, se complacen en ver mi futuro en Granada.
Estos dos años me han cambiado la vida. La vida, la mirada, el corazón y hasta la piel.
Ahora será Granada la que llame a todas las ciudades, bajo una bomba nuclear o la moral que nos aplasta a todos. Bienvenidos, queridos míos, aquellos que quieran luchar conmigo junto al río.

Tuesday, September 02, 2008

Capaces de todo



Este fin de semana estuve por Coventry, en la casa de mi amigo Peter. Coventry es una ciudad hecha pedazos. El 14 de noviembre de 1940 la Luftwaffe alemana llevó a cabo uno de los primeros bombardeos masivos sobre una ciudad: su intención era reducir a cenizas a la ciudad al completo. Coventry era por entonces una pequeña ciudad medieval, donde se encontraban algunas fábricas de la industria automovilística inglesa.
La nueva Coventry, llamada 'la ciudad de la reconciliación', es horrorosa. No queda nada del pasado. Tan sólo los ahora viejos edificios de posguerra, levantados en cemento visto, con cristales desgastados y marcos metálicos ya de otro siglo.
La catedral gótica merece la pena. Data del siglo XIV. Pero de ella sólo quedan sus muros. No hay techo, no hay bóvedas, no hay arcos. Sólo una alta torre clavada en su ángulo, y unas vidriras ausentes en unos vetustos muros de piedra.
Junto a ella, la nueva catedral, al orden de los tiempos. En una pequeña sala, el horror que no debe ser olvidado: fotos de las gentes masacradas por las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Cuerpos quemados. Carnes desprendiéndose de los huesos y muerte.

Al día siguiente, cruzando esos preciosos campos de las 'Midlands', fuimos a Stratfod-upon-avon, ciudad natal de Shakespeare. Todavía conserva el carácter de algunas casas medievales, estilo Tudor, y de algunas calles angostas. Allí está la tumba del poeta inglés. Fue tan grande que todavía nos queda en la memoria, e incluso a su muerte tuvo el privilegio de ser enterrado en la sacristía de una iglesia junto al río, en suelo sagrado.
Los seres humanos somos capaces de todo. Podemos destruir millones de vidas apretando un botón, en el tiempo que tomamos una taza de café o incluso menos. O podemos escribir obras donde vertimos toda nuestra naturaleza: nuestro egoismo, nuestra maldad, la lucha por el poder, nuestra capacidad de amar, nuestra avaricia y, en definitiva, todo lo que somos. La grandeza y la miseria de nuestra especie, capaz de crear brillo y horror interminable. Pero hay algo cierto en todo eso: cuando nos aupamos a la técnica, cada vez son más los que pueden apretar un botón y masacrar a millones de personas, cada vez son más los que podemos utilizar un ordenador como yo ahora mismo, o incluso construirlo. Pero siempre serán pocos, o excepción, aquellos capaces de crear belleza, de construir ideas, de transmitir mensajes que duren para siempre y que cambien en el mundo.

Tuesday, August 26, 2008

Nombres


Nuestros nombres son de las cosas más casuales y definitivas que encontramos en la vida. Casual porque no depende de nosotros: en todo caso de la voluntad de unos padres, de un suegro o una suegra. Y definitivo porque nos acompaña hasta la muerte: esas letras van en nosotros desde que salimos del paritorio hasta que volvamos a posarnos en la tierra. Su pronunciación traerá reacciones, provocará imágenes y sonidos.

Pero aún así, la voluntad de los padres a veces se ve doblegada. Nos dan un nombre. Nos imponen cómo seremos llamados. Pero la vida y los que nos rodean reformulan o vuelven a moldear nuestro nombre. Así, a veces, llegamos a tener varios.

Tengo, a grandes rasgos, tres nombres: Miguel Ángel, Migue y Miguel. A grandes rasgos porque no cuento con otros calificativos, no menos importantes (Chillo, Migui, Miki, Miquele... y por supuesto, Bobby). Tres nombres que han barajado mi vida y la gente que ha pasado o pasa por ella. Nunca entendí por qué escogían uno u otro. Y cuando me preguntaban cómo quería ser llamado... la verdad es que no sabía qué decir; solía dar a escoger entre este pequeño abanico de nombres.

Tener tres nombres se ha convertido en algo natural. Tanto que me siento interpelado con igual fuerza por cualquiera de ellos. Además, a día de hoy no podría decir quién me llama de una forma u otra. Aunque sin duda, existen tendencias: Miguel Ángel es preferido por mi familia y por algunos amigos, es mucho más imperativo y quizá presentable; Migue es mayoritario en los amigos del sur, y tiene un tono más coloquial y juvenil (nunca viene mal); y Miguel siempre ha sido algo del norte, de fuera de Granada.

Miguel fue el último nombre en llegar. Comenzó a sonarme bien en Michigan. Todos me llamaban así. Fue como ser rebautizado. Empezar de nuevo a 10.000 kilómetros de distancia. Esta tendencia ha proseguido en Londres y, por supuesto, también en Madrid. No renuncio a mis otros dos nombres, pero confieso que con Miguel comienzo a encontrarme, es más mío. En todo caso, quizá la belleza o el acierto de los nombres no resida en ellos mismos, sino en aquellos que los pronuncian. ¿Están, queridos lectores y lectoras, de acuerdo?

Tuesday, August 19, 2008

Latest news: the last round


Finalmente tomé la decisión: me quedo con el pequeño piso con vistas a la Alhambra. Está medio cavado en la roca, cerrado por rejas de forja granadina sobre una pared de mortero blanca. Dentro, el frescor del verano y la calidez del invierno necesaria para empezar una nueva vida. Fuera, la Alhambra y Granada a mis pies. Tranquilos lectores, ya ofreceré fotos y cenas de bienvenida a todos vosotros. Anonymousgr, ¿te atreverás a venir?

Más cambios. Ahora estoy en Londres. Llegué la madrugada del domingo al lunes. A las 4 de la mañana estaba en Victoria Station. Y cómo no, llovía a mares. Corriendo con mi maleta, en manga corta y con la garganta palpitando, perdí el bus nocturno por los pelos. Tras esperar, con la ropa y el corazón calado en la marquesina de la parada, conseguí coger un "double decker" a las 4.20. Al llegar a casa, me esperaba, como siempre Yen. Y es que, aunque muchas cosas han cambiado, en Londres y en West Norwood me encuentro como en casa. Nos pusimos al corriente con sendos vasos de agua.

Ayer... convaleciente en casa. Trancazo importante. Sedado con ibuprofeno. Pero eso no me impidió degustar el pescado con berengena con salsas raras-chinas de Yen, amén de esa botella de Rioja que sobrevivió al viaje. Había tanto que contar...

Otra vez aquí. Dejar de hacer maletas será difícil. Hasta entonces... último round antes de volver a empezar.

Tuesday, August 05, 2008

Buscando casa en Granada


Después de Michigan y Londres, comienza a llegar la hora de volver a casa. 30 años recién cumplidos. Un trabajo a la vista. Y una estabilidad en la vida que aterra. Pero ha llegado el momento definitivo: es hora de independizarse.

Cuando le comuniqué la noticia a mi madre la entendió como una traición. Esperaba al día de mi boda para que saliese de casa. Pero si no lo hago ahora, ¿cuándo?

Los genes tienen el misterio de lo ajeno que nos es propio: tomamos decisiones y anhelamos cosas que eran propias de nuestros padres, pero de repente pasan a ser nuestras. El caso de la vivienda es un buen ejemplo.

Cuando mis padres llegaron a Granada en 1983 soñaban vivir en un carmen en el Albayzín. Nunca lo hicieron, pero en cambio vivirían en la casa en la que he pasado casi toda mi vida. Hoy, en agosto de 2008, en el momento de volver a aterrizar a Granada, su hijo resucita su sueño haciéndolo propio: quiero vivir, por todos los medios, en el Albayzín.

Ya sé que es incómodo, ya sé que hay cuestas, ya sé que no hay grandes supermercados, ya sé que incluso puede ser peligroso, que casi no llegan los coches. Pero qué vamos a hacerle, soy amante de los retos, de lo imposible y de cualquier cosa en la que merezca la pena creer.

Bajo los más de 40 grados granadinos, llevo dos días viendo pisos y apartamentos. Estoy en una encrucijada: ya tengo dos apartamentos candidatos. Espero que el buen tino de mis lectores me ayude a decidirme. La situación es la siguiente:

1. Piso de unos 70 metros cuadrados en la parte alta de la cuesta del Chapiz. Calidades estupendas, a estrenar, cocina integrada en un salón muy amplio, mucha luz, dormitorio de matrimonio, dormitorio pequeño, baño de tamaño medio... y vistas al Generalife. ¿El problema? El precio: 600 euros + 30 euros de comunidad + luz y agua (casi unos 700 euros mensuales). Es una maravilla pero uno se pregunta: ¿me encierro en una jaula dorada de la que no pueda salir? ¿Se acabaron los viajes, los libros y los discos?

2. Piso bajo un carmen en la cuesta de las Tomasas. 45 metros cuadrados. Despensa, baño pequeño, cocina pequeña, salón y dormitorio de matrimonio de tamaño medio. Calidades buenas. 550 Euros todo incluido. Caseros de confianza y un detalle: con tres ventanas al exterior, veo la Alhambra desde la Torre de la Vela hasta el Generalife. No hay antenas, no hay casas, no hay árboles entre mi posible cama y ella.

¡Oh dilema! Decidme, oh lectores, cuál es la mejor opción: optamos por la comodidad y el lujo, con el peligro de encerrarnos en unos gastos que no nos hagan libres; o por algo más pequeño y humilde, con el brillo de la Alhambra ante mis ojos todos los días.

Vivir mirando a la Alhambra me da miedo. También habitar en las calles del Albayzín. La mayoría de los caseros con los que he hablado llegaron al barrio y nunca se fueron. Temo llegar al Albayzín, y también a Granada, y encadenarme a la Alhambra, a su vista, a su luz, a sus tardes, a sus colores de turbión o de tormenta... encerrarme y no volver a salir jamás.

Tuesday, July 29, 2008

El tío Fernando


El tío Fernando no era una persona especial. Al menos, a primera vista. No era inteligente, no era especialmente sensible, tenía un carácter fuerte y difícil... pero era el tito Fernando. Hay personas que son grandes sin tener grandes cualidades. Grandes en sí, grandes por estar ahí toda una vida, por lo que sus gestos, sus palabras y su presencia significan para nosotros sin que ellos lo sepan. Creo que ese era el caso de mi tío Fernando.

Como gran parte de los malagueños, hablaba sin parar. Recuerdo que lo visité unos días cuando fui de archivos a Málaga para la tesis doctoral. Me quedé en su piso. Pasábamos la tarde en la terraza, viendo el tráfico, al fresco, y él hablaba de su vida. Sin que se diese cuenta, yo lo interrogaba sobre la guerra civil, los años cuarenta, su trabajo, sus amores, el no tener hijos... La entrevista más difícil que he hecho en mi vida: al final opté por no tratar de casar las fechas o los acontecimientos y escucharlo tranquilamente. Así era él.

Mi tío tenía la grandeza de los hombres sencillos. La sencillez del que te ama, del que no pronuncia grandes frases ni ideas abstractas. Pero también la sencillez del hombre bueno, del abuelo que fue para todos sus sobrinos-nietos y del padre que fue para todos sus sobrinos.

Recuerdo que afrontaba la muerte con una tranquilidad absoluta. Antes de su operación, lo llamé desde Londres: "Espero estar en casa pronto, y si muero, pues mira, me encuentro con tu tía, que ya estoy cansado de vivir". Sin embargo, pasó dos meses en el hospital, tratando de agarrarse a la vida y, con ella, a todos nosotros.

Siempre me pregunté por qué estaba obsesionado con el tiempo. Su piso estaba repleto de calendarios y relojes. Antes de acostarse, meticulosamente, iba uno por uno cambiando la fecha para el día siguiente. Finalmente, antes de apagar la luz, besaba el retrato de su mujer que ya no estaba, mi tía Anita.

Ya nadie cambiará las hojas de los almanaques de su casa, ni dará cuerda a los relojes que marcaban sus últimos días de espera. Mi tío descansa para siempre enterrado en el tiempo, aunque él ya no pueda escuchar el tic-tac de sus horas. Lo haremos nosotros por él.

Thursday, July 24, 2008

30


Hace poco más de un año escribí un post, "29". Como este que ahora escribo, estuvo motivado por cumplir años, por dar un paso más en la vida... y un paso más hacia la muerte. Recordaba entonces que había perdido la inocencia, que la imaginación y la esperanza comenzaban a desvanecerse en mí. También hacía una declaración de mi inconformismo: no quería una vida de "mano, parque, paseo".

Ha pasado un año desde entonces. Hoy vuelvo a leer lo que escribí y permanece más vivo que nunca. Sigo con fuerzas para agarrar la vida hasta ahogarla y hacerla gritar, estrujándola contra mi pecho, sacando lo mejor de ella y, así, obteniendo lo mejor de mí. Pero amigos, los 30 son diferentes. Son más oscuros. Pasé ese día con un extraño pensamiento en la cabeza: por primera vez no sólo pensaba que me estaba haciendo mayor... sino que entró en mí la idea que me estaba acercando a la muerte.

Pensé entonces que era terrible. Terrible porque, como estos últimos días han dejado claro, tengo muchas personas alrededor que me hacen tremendamente feliz: algunas conocidas, otras en proceso de conocer y otras por venir. Excepcionales.

Pero por primera vez he avistado en el tiempo el punto de llegada, la muerte, el final. En un momento en que mis convicciones religiosas se desvanecen poco a poco, abrazo con más fuerza que nunca la vida y contemplo a la vez la posibilidad de desvanecerme. Pero esta imagen. Esta imagen hace que lo negro se vuelva claro, que lo dramático se vuelva natural y, por qué no, que la muerte que algún día encontraremos todos se convierta en vida: "El camino al jardín del Paraíso", de E. Smith. Hoy sueño llegar al final de mis días con esa inocencia, con una mente joven y repleta de sueños; y llegar de la mano de alguien con quien, tras compartir los días, comparta la nada.

Friday, July 18, 2008

Invitación de última hora


Ayer se cumplió la fatídica fecha: 30 años a la espalda. Bueno, para celebrarlo y con ganas de mirar al frente y de seguir viviendo, expongo:

Que todos los lectores de este blog están invitados a una fiesta en mi casa este sábado 19. El evento dará comienzo a las 21.00. Traigan ustedes bañadores si quieren pero, sobre todo, muchas ganas de divertirse. Todos los lectores saben donde vivo, incluido Anonymousgr, que ya un día probó el sabor de las noches delarquianas, así como su amarga resaca. También antiguos profesores de inglés y demás amiguetes. Pueden venir acompañados si no traen con ustedes a una legión o manípulo. Para mas detalles, estoy a su disposición en mi teléfonó móvil. Ah, y todo, en Granada.

Y acabo con una cosa que me grito a mí mismo: ¡Larga vida a Bobby! (el treintañero)

Tuesday, July 15, 2008

Realidad > Ficción / Reality > Fiction


En ocasiones uno piensa que este blog es completamente ficticio. Que la red, el teclado y las pantallas no son reales. Pero hay momentos en que la vida te saca de tu error: lo cibernético y la realidad se cruzan en tu camino.

Era uno de los días más importantes de mi vida. Después de casi 15 años estudiando vinculado a la universidad, había llegado el momento: por fin optaba a un contrato, a una continuidad laboral... y las becas que tanto me han dado (incluido los miedos) quedarían aparcadas para siempre.

Jueves 3 de junio. Granada. Calor asfixiante. Estrés sin control. Logro salvar contratiempos de última hora (Nadia, ya he perdonado el incidente del curriculum y el vaso de agua). Bajo la cuesta de Cartuja. Todo dispuesto: excepto las tasas de la tramitación del contrato. Junto a la casa de una ex-novia había un Caja Granada, recuerdo. 1.30 de la tarde: no habrá demasiada gente, pienso. Pagar el recibo, todo listo, entregar la documentación en el Hospital Real... y pasaporte al futuro, a una vida cómoda, a una casa propia... y a Granada.

Entro en el banco. Alguien está en la caja, haciendo unos trámites. Bermudas, polo azul, cabello negro y tez morena. Se vuelve y me mira con una cara de sorpresa, de incredulidad; pero al mismo tiempo, una cara repleta de la complaciencia típica de la persona que sabe que algo debía suceder. Tuvo que verme agobiado. Yo sudaba, estresado, con mi camisa azul entreabierta. Amablemente, me sonríe tras mirarme de arriba a abajo: "Adelante, pasa antes, yo no tengo prisa"

No le doy importancia a su inusitada deferencia. Entonces, gestiono el pago. El administrativo, no muy hábil, pone pegas a mi gestión. "Contratación profesor ayundante doctor. Con este nombre tan largo no va a ser posible identificarlo". Entonces, el chico joven -porque es joven-, junto a una silla donde había dejando mi ordenador portátil, le ofrece una solución: "Incluya su nombre en quien realiza la transferencia". "Claro", respondo yo como si supiese más de bancos que el mismo JP Morgan.

Saco los 30 euros. Los pago. Firmo el recibo. Lo incluyo en la documentación... y, todavía sudando, dejo el banco. Antes, me despido amablemente del extraño joven.

Hospital Real. Llego al registro. Deposito la documentación. Todo correcto. Sólo cabe esperar.

Salgo por el patio lateral, mirando el agua de la fuente. Pienso que realidad, ilusión, informática, pasado y futuro se han cruzado conmigo esa mañana. Sí, Anonymousgr era el hombre del banco. Ha vuelto a quedar demostrado: la realidad siempre es más poderosa que la ficción.