Thursday, February 21, 2008

Esperando / Waiting

Estoy esperando. Otra vez. Esperando el avión que me lleve, ya de noche, a Londres. No sé si es un viaje de ida o de vuelta. Quizá porque, después de casi un año y medio viviendo fuera de Granada, no sé si mi hogar está aquí, en el sur, o en cualquier parte del mundo.

Espero con las piernas cruzadas. Con el portátil apoyado sobre ellas. Junto a mí sólo tengo la mochila marrón que, al terminar la carrera, compré para llevar mi primer portátil; la misma que me acompañó durante toda la tesis, peregrinando por archivos, bibliotecas, ciudades y pueblos. En mi bolsillo guardo varias tarjetas de crédito. Una registrada a nombre de Mr. Del Arco; otra a nombre del Sr. Del Arco. Son trozos de plástico más o menos gastados, donde las letras metálicas de mi nombre comienzan a perder su brillo; son símbolos de una vida encabalgada, del uso de dos monedas, de un ahorro inexistente, de vivir al día o incluso segundo a segundo.

A estas alturas, no sé si vengo o voy, si mi viaje es de llegada o de salida. No sé si el futuro está en Granada, en Londres o cualquier otra parte. No sé si es más importante lo que dejo o lo que voy a encontrar. Es una sensación que me es conocida: la llevo sintiendo desde que volaba hacia Michigan el año pasado. Y confieso que empiezo a cansarme. Cada vez que piso un aeropuerto, una estación de autobuses o de trenes, tengo la sensación que mi vida es solo eso, viaje, tránsito, movimiento… con un destino que nunca parezco alcanzar. Quizá la vida sea sólo eso. Sin duda las cosas que he encontrado en mi camino me han hecho crecer: golpes, alegrías, caídas, desvanecimientos, esperanzas, aventuras… y caras, muchas caras de gente que me han abierto otras vidas, otros sentimientos, otros mundos. Pero comienzo a estar cansado. Me tienta la cotidianeidad, centrar mi vida, atarme a un lugar, hacerme un círculo más o menos cerrado, donde controle lo que hago y hacia donde voy día a día. Será el espíritu de conservación -maldita biología- que todos nosotros parecemos llevar dentro. Creedme: ambas opciones tienen puntos oscuros, pero también luminosos. Ambas merecen ser vividas, y yo tengo la oportunidad de hacerlo. O eso es lo que pienso, consolándome y animándome, mientras que la megafonía de este pequeño aeropuerto anuncia la salida de un vuelo barato.
[Aeropuerto Federico García Lorca, Granada, 21.00 horas, 20 de febrero de 2008]

Wednesday, February 20, 2008

Canciones para escapar (IV)

Aunque no venga a cuento, aunque no sea a propósito de nada y aunque este video no tenga sentido... hacía mucho tiempo que quería colgarlo. Porque las canciones de amor acaban siendo siempre las mejores.

Tuesday, February 19, 2008

De chinos, de años y de ratas

Debido al estrés, viajes, disfrutes varios y resfriados... últimamente he dejado de escribir en el blog. Prometo recuperarlo esta semana: así que preparaos para el aluvión de noticias.

El 7 de febrero pasado comenzaba el Año Nuevo chino. Lo que hubiese sido una fecha anecdótica en Londres, y del todo inexistente en Granada, en mi situación no podía pasar desapercibida: vivo rodeado de chinos.

Mi compañero de piso y amigo, Yen, es de Malasia. Es heredero de esos mercaderes chinos que, hace siglos, saltaron a las islas asiáticas en busca de un comercio floreciente. Mi otro amigo chino es James: más conocido como Jaimito, es de Hong-Kong, y no quiere saber nada de la República China aunque ama, por encima de cualquier cosa, la cultura china. Ambos hablan chino cantonés (Yen también mandarín). Ambos son arquitectos. Y ambos están entre dos mundos: después de más de 10 años en el Reino Unido, todavía hablan con unas familias tan lejanas en la moral como en el espacio. Ambos no niegan que deben volver, se lo deben a sus familias, la vejez de sus padres está cerca... pero su felicidad está en Londres, donde comparten una moral más abierta, donde se encuentran aceptados y, sobre todo, pueden elegir.

Y no renuncian a su cultura. El jueves pasado estábamos los tres en China Town. 6.30 p.m. Primera planta del restaurante "La isla del dragón". Ambos (no yo), leyendo en chino, pidiendo en chino, comienzo en chino. Todo un lujo estar con ellos, os lo aseguro. Y, ¿quién dijo que los chinos eran aburridos? ¿quién dijo que los chinos eran todos iguales?

Me confesaron que mi signo chino es el caballo. Decepción: pensaba que era el perro. Estamos en el año de la rata, cuando el calendario chino vuelve a girar, a empezar de nuevo. Y también me explicaron en qué consiste el calendario chino. Es un calendario lunar, y cada año responde a un animal. Como en todas las tradiciones asiáticas, detrás de un hecho parece esconderse una leyenda. En el comienzo de los tiempos, los dioses organizaron una carrera en la que los animales tomarían partido. La rata era íntima amiga del gato; tanto que trabajaron juntos para vencer en esa prueba. A lomos del felino, la rata guiaba con sabiduría y tenacidad hacia la meta. Antes de llegar, y puesto que la ventaja era tan amplia, sugirió al gato descansar. El gato cayó en un profundo sueño; la rata aprovechó para llegar a la meta. Desde entonces, ambas razas se odian, y el primer año del mundo fue consagrado por los dioses a la rata, prueba de inteligencia y astucia. A los que hayáis nacido en el 2008 (muy pocos), 1996 (pocos), 1984 (alguno más), 1972 y 1960... este es vuestro año. Y vuestra leyenda.

Thursday, February 07, 2008

Spanish Embassy


No todo van a ser reflexiones metafísicas en este blog. Sí, ya sé que quedaron atrás esos días de noviembre y diciembre de 2007 donde abundaban también los periplos por los bares, mercadillos y cualquier excusa para el ocio. Este es un blog de postín, de categoría y a veces poco entrañable; por todo ello, os animo a que os vistáis de gala y me acompañéis en este post.

El pasado miércoles, algunos investigadores del Cañada Blanch (el instituto de historia contemporánea donde trabajo, insertado en la LSE) fuimos invitados a la Embajada española en Londres. La excusa -y qué buena excusa- era la conmemoración de los 200 años de la muerte de Antonio José Cavanilles (1745-1804), quizá el botánico español más destacado de todos los tiempos. El embajador, conde de Miranda (¿o tal vez era marqués?), presidiría el acto. Se requería chaqueta.

Ya el sábado pasado, nos pasamos por el mercadillo de Camden Town para buscar cualquier chaqueta o ropaje que aparentase seriedad. Nuestra economía no nos permitía otra cosa. Por supuesto, no encontramos nada. Finalmente, y por consejo de mi buen amigo Toni, un fiera en esto de las gangas, dimos con unas chaquetas de saldo en una tienda de postín en Oxford Street.

El miércoles, a eso de las cuatro de la tarde, ahí estaba yo, en mi casa de West Norwood, barrio popular donde los haya. Todo listo. Menos una cosa: la corbata. O mejor, el nudo de la corbata. Finalmente, en la soledad de mi cuarto vencí el miedo, "googleé" en el ordenador y encontré la receta para hacerme el nudo. Satisfecho, o eso creía yo, salí a toda prisa.

La Embajada está en el barrio de Chelsea, en Belgrave Square. Quizá es la zona más rica de Londres. Y allí estábamos todos. Yo, confiado, contento con mi nudo y mi independencia viril, símbolo de madurez... cuando, nada más entrar, alguien me pregunta:

-¿Cuántas veces te has hecho el nudo de la corbata?
-Es la primera, respondo feliz.
-Se nota, me replican.

La casa era impresionante. Era una mansión victoriana, con muros y molduras en blanco, artesonados y techos de escayola fina, cortinas impresionantes. En las paredes colgaban tapices del siglo XVIII, y otro salón estaba cubierto por cuadros enormes pintados por el yerno de Goya. A la entrada, había un bargueño de esos que los conquistadores llevaban a América, con un Belén en su interior. Todo, al parecer, Patrimonio Nacional.

El acto en sí fue ameno. Los asistentes, de punta en blanco. Las mujeres muy elegantes. Y los hombres, con chaqueta y nudos de corbata más presentables que el mío. Este Cavanilles fue un tipo interesante: de ser sacerdote en Valencia, le dio por salir de su ciudad, acabando en el París de la Revolución Francesa y en el Madrid de Carlos IV. Desde su jardín botánico descubrió al mundo más de 200 plantas. Y, dos siglos después de su muerte, a nosotros nos descubría la Embajada.

El acto acabó con unas entregas de regalos entre las diversas instituciones. Entonces, tomó la palabra el embajador y animaba a compartir un vino. Empezaba lo bueno.

El ágape fue servido en un salón impresionante, con una mesa de unos 15 metros de largo, con sillas antiguas y acolchadas en terciopelo rojo. El comienzo no fue muy triunfal, con toda sinceridad. Alguno de mis compañeros calificó al jamón como "de Mercadona". A mí, acostumbrado a los pocos lujos londinenses, me supo a gloria. Luego vendría lo mejor: calamares, gambas, dátiles con bacon y otras degustaciones que no puedo dejar de calificar como entrañables. Quizá fueron los calamares y, sobre todo, las croquetas, los reyes de la noche. Aunque el vino blanco tuvo "su aquél".

Precisamente con una copa de vino nos paseamos por la casa, acompañados por la agregada cultural. Nos relató en breve su historia. Al parecer, fue comprada por 100 años al duque de Westminster; pasado ese tiempo, volverá a sus manos. Este señor posee gran parte de la zona donde nos encontramos y, por lo que deduzco, nunca pasará hambre. El dueño anterior de la impresionante mansión fue, nada más y nada menos, que el armador que construyó el "Titanic". Nos enseñaron el salón, con una impresionante chimenea, donde supuestamente se firmaron los planos.

Y poco más. Conversaciones, muchas formas y maneras, muchos "usted", "señor" y "señora". Fue toda una experiencia, hay que confesarlo. Pero como tomando una tapa con los amigos y dejándose llevar... no hay nada. Quizá soy demasiado castizo. Además, para quiénes os lo estésis preguntando... para colmo en la reunión del embajador, no hubo "Ferrero Rocher".

Tuesday, February 05, 2008

Luchar contra uno mismo


Siempre me ha admirado la capacidad de hombres y mujeres para superar la adversidad. El ser humano es capaz de adaptarse a cualquier situación, considerar normal una posición de postración atroz y salir adelante. Cuando leemos los testimonios de Primo Levi en el campo de concentración, constantemente nos asalta la duda de por qué seguir viviendo, por qué continuar. Hay algo dentro de nosotros que nos impulsa a luchar, a no bajar los brazos. Un instinto de supervivencia que nos lanza a la vida, a veces a costa de llevarnos por delante a quien sea necesario. Pero además de esta cuestión, hay una no menos difícil: luchar contra nosotros mismos.

Tenemos a nuestros pies la vida. Y vamos pasando por triunfos y fracasos. Frustraciones que arrasan nuestro orgullo, pequeños triunfos que inflan nuestra vanidad. Vivimos en un pulso constante con el triunfo personal, con demostrar a los demás y a nosotros mismos que seremos lo que queremos ser (y lo que los otros esperan que seamos). Una lucha constante entre el correr como un relámpago hacia nuestros objetivos, caminar a trompicones a veces, retroceder otras muchas. Para no rendirnos, para tener el cuerpo y el alma unidos, debemos decirnos a nosotros mismos que somos capaces de llegar donde queramos. Y en ese camino, debemos mentirnos constantemente, negar la realidad y, sobre todo, refugiarnos en "ese limbo en que la memoria guarda las derrotas", que cantaba Lapido.

No es sólo hablar de autoestima, no es sólo hablar de mentirse a sí mismo, de olvidar las derrotas y ensalzar las victorias. Es luchar contra nosotros mismos. Sin vivir aplastados por sueños estelares, las pequeñas alegrías de lo cotidiano, los pequeños triunfos de lo que realmente nos hace felices, están a la vuelta de la esquina. Apretemos los dientes, cerremos los puños, miremos al frente y comencemos a caminar. El mundo, ahí fuera, sale al encuentro.

Thursday, January 31, 2008

Niños de la guerra

Intentaré ser breve pues quizá últimamente me alargo con los post, y seguro que os aburro.
Ayer tuvimos la oportunidad de ver el documental 'La generación del Gernica'. En él se hablaba de todos los niños republicanos que, ante el peligro de la Guerra Civil, los bombardeos de las ciudades y los avances de las tropas franquistas, fueron enviados al extranjero por sus padres. Aparecían sus propios testimonios, muchos años después. Contaban cómo sus familias tomaron la decisión de separarlos de ellos, cómo fueron esas despedidas en las estaciones, en los puertos, cómo algunos de sus padres se arrepentían en el último momento y, llorando y gritando, trataban de alcanzarlos por los andenes, desesperados. Hablaban de cómo fue el viaje, la llegada, la acogida en países extraños y, por supuesto, el resto de su vida. Marcharon a México, a Inglaterra, Bélgica y a la Unión Soviética. Las imágenes eran desgarradoras. Muchos hablaban con acento mexicano o inglés. Era el caso de Herminio Martínez.

Herminio Martínez estuvo ayer, en vivo, con nosotros. Contó su experiencia. El niño, ya anciano, todavía se emocionaba al relatar lo que había vivido, cómo se sentía. Según confesaba, al llegar a Inglaterra el gobierno inglés no los quería, por miedo a indisponerse con Alemania. Fueron ayudados por familias y asociaciones. Emprendió su vida por estas tierras, formando una familia con una mujer suiza. Escogió la profesión de maestro: tal vez por ver la importancia de saber leer y escribir. Recordaba cómo sus padres, vascos, eran analfabetos; sin embargo, a los 3 años él pudo estudiar en una escuela gratuita fundada por la República. Cuando salió de España tenía tan sólo 7 años, pero ya sabía leer y escribir. Herminio hablaba de este hecho como uno de los más fundamentales de su vida. Quizá esa era la verdadera revolución de la República de la que nunca hablaría el franquismo.

Al terminar la guerra civil, su familia lo reclamó. Recibió una notificación con la firma de su padre para que regresase a España. La Cruz Roja, que tramitaba las extradiciones, se opuso. Según supo al reencontrarse con su madre más de 20 años después, no fue su familia quien lo reclamó. Su padre se encontraba en prisión, y su madre se deshacía en dar de comer a cinco hijos, no pudiendo mantenerlo. También supo que las autoridades franquistas trataron de forzar a sus padres para que lo reclamasen. Finalmente, falsificaron sus firmas pero la Cruz Roja impidió su regreso.

Todavía hoy Herminio y sus amigos, los otros 'niños de la guerra', se reúnen en el centro social de mayores en Camden Town (Londres). Para él y los suyos no importa ser españoles o ingleses, pues su experiencia les había hecho volar por encima de las fronteras. Hablaba español con acento inglés, pero guardaba la personalidad de un español común, extrovertido. Herminio tenía el aspecto de ese hombre común, cotidiano pero heroico, que construye el mundo en el día a día, desde abajo, y que parece no darle importancia a la pérdida de una infancia y de unos sueños que se vio forzado a cambiar.

Monday, January 28, 2008

Permitidme tutearos, imbéciles


Probablemente conozcáis el artículo que, el 23 de diciembre de 2007, publicó Arturo Pérez Reverte. Yo no lo conocía hasta ahora. Pego abajo el comienzo y remito a su página web para leerlo al completo. Estemos más o menos de acuerdo con lo que dice, es obvio que el intelectual tiene que mojarse, tiene que mancharse con lo que le rodea. El intelectual orgánico no es intelectual. Quizá a veces hay que perder un poco la diplomacia, decir lo que se piensa a borbotones, con sentido, pero lo más real y abiertamente posible; en ocasiones, suavizando las palabras segamos la realidad. Y lo que pasa en este país con la Educación puede ser un buen ejemplo.

'Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía [...]'


Saturday, January 26, 2008

Bristol, 2 times

El miércoles pasado estuve en Bristol. Era la segunda vez que pisaba esa ciudad. La primera fue hace, según creo, cinco años. Mi vida ha cambiado tanto desde entonces, que mirar al pasado me hace sentir como si en realidad hubiese tenido no dos, sino tres o cuatro vidas distintas. Aterricé en el pequeño aeropuerto de Bristol. El motivo de ese viaje me parece ahora tan ajeno, tan lejano, que hace que lo mire con ese cariño en que suelen mirarse los buenos momentos de la infancia. Ese miércoles, al salir de recoger las maletas, me esperaba mi primera novia. El recuerdo es tan real que parece que la estoy viendo, sonriendo, vestida con sus pantalones y rebeca marrón, abrazándome y besándome. Es curioso, pero hace cierto tiempo que nadie me ha recibido así y, como pueden ver los lectores de este blog, viajes no han faltado. Aquel día, la visita a Bristol se quedó en una rápida mirada desde lejos, mientras que el autobús ponían rumbo a Swansea (Gales), donde ella estaba estudiando un año de beca erasmus.

Entonces la vida giró como tantas veces hace. Ese abrazo fuerte de bienvenida, o el que nos dimos de despedida en Swansea mientras tomaba un taxi a las 6 de la mañana, sin duda no nos hacían presagiar que aquello acabaría un par de años después. Tampoco que sería en otra estación -malditos lugares- donde pondríamos fin, de mutuo acuerdo, a un tiempo del que para nada me arrepiento. Sé, porque le sigo la pista aunque parezca no hacerlo, que su felicidad es un hecho: encontró la vida que buscaba y yo puedo asegurar que también.

En esta segunda visita a Bristol habían cambiado muchas cosas. En esta ocasión, viajaba en tren. A eso de las 12.00, con algo de retraso, llegaba a la estación de Temple Meads. Mas años sobre mí, más horas de vuelo (en todos los sentidos), más mujeres que han pasado por mi vida, amigos que me han abandonado y otros que he encontrado, una familia completamente diferente, algo (poco) de avance profesional... y un motivo distinto para pasar por la ciudad. En esta ocasión no me esperaba ninguna mujer: mi -ahora- amigo Paco Romero me aguardaba con su rostro paciente apoyado en una columna. Tomamos un taxi, cruzamos el río Avon, subimos las cuestas de la vieja ciudad, pasamos por la Catedral y llegamos a la Universidad. Me esperaban los miembros de su departamento, dispuestos a escucharme. Y echándole ironía al asunto: ¿no es acaso importante para un historiador o para un hombre sentirse escuchado, ya sea por una mujer, por un auditorio o por vosotros, oh lectores fieles de este blog? Sea lo que fuere, volveré a Bristol. Si me espera alguien es, por ahora, una incógnita.

Monday, January 21, 2008

La "tristeza" de este blog


Es curioso como todos queremos evitar hablar de sentimientos que provocan dolor como la tristeza, la soledad o la melancolía. En diversas ocasiones he escrito algún que otro post que, para qué negarlo, guarda un tono trascendente, reflexivo, y quizá en apariencia, demasiado serio. Agradezco enormemente que los que me rodean den un paso al frente, ya sea vía email, vía comentarios en este blog o incluso llamadas interesándose por mi ánimo. Pero, aviso a navegantes (web): estoy estupendamente.

Basta mirar atrás un año. Os aseguro que, cuando aterricé en Detroit tras las navidades, en un Michigan completamente nevado, a -20 bajo cero, y con un ánimo por lo suelos... sí lo pasé mal entonces. Me acuerdo que, incapaz de escribir posts, fotografiaba los árboles helados al no tener nada agradable que decir. Pero, ya fuese por el hielo, por la biblioteca en la que me encerré, las lecturas a las que me arrimé y, sobre todo, los amigos que hice... salí a flote.

Nada tiene que ver mi situación en Londres con aquellos días. Londres es una ciudad que se hace a sí misma, que se reconstruye a cada instante. Las vidas se cruzan constantemente y, si te agarras a una cara, a una conversación o (no ha sido el caso todavía) a un número de teléfono, puedes ver la ciudad otra vez en pie. El otro día, al salir de la biblioteca, conocí a una chica gallega que, tras pasar dos años en Francia, escapó de su tierra y vino a Londres para un año... ya lleva cuatro. Cuando le conté mi situación, me sonrió y me dijo que estaba claro que me quedaría mucho más de lo que pensaba. Trabaja en un casino de croupier y, en el tiempo que le resta, lucha por ser productora de cine e incluso trabaja de extra. En fin, vivo en una ciudad imposible donde la normalidad se ha convertido en la excepción. Afortunadamente.

Por todo ello, si mis posts huelen a serio, suenan melancólicos o a que estoy pasando un mal momento... quitaroslo de la cabeza. Escribo casi de corrido, esperando que lo que os voy contando sea como una conversación espontánea. No sesgo mis palabras, ni mis verbos, ni mis adjetivos. Y por eso en este blog hay momentos de tensión, de melancolía, de soledad, de tristeza, de explosión, de reflexión e incluso de aburrimiento. Mi vida, como la de todos vosotros, está llena de todas esas cosas. ¿No es acaso bueno hablar de ellas?

Tuesday, January 15, 2008

"Esta ciudad que habitas no es la tuya"


Vuelta a Londres. El sentimiento es raro. Algunas de las personas que estaban por aquí antes de navidad ya no están, ni seguramente volverán. Es como si la ciudad hubiese cambiado, como si fuese otra.

Me di cuenta de este sentimiento en el autobús del aeropuerto a Victoria Station. De madrugada, las calles estaban vacías; el conductor conducía deprisa, dando volantazos por las calles de Londres. Yo trataba de orientarme, de comprender por dónde íbamos. De repente, un cartel resuelve mis dudas: pasamos por un túnel bajo el Barbican Centre. Al salir de él, de forma fugaz, veo la pasarela sobre la calle que lleva a la estación de metro; súbitamente todo viene a mi cabeza: esa tarde visitando la exposición sobre el sexo en el arte, Carmina, Carmen y yo andando por esa pasarela, preguntándonos si teníamos fuego y huyendo del frío.

Este sentimiento era sólo el principio. Ayer vine a la Universidad, a la LSE. Entré en la biblioteca, fui al Instituto Cañada Blanch, comí en el comedor, tomé café en la cafetería del campus... Y todo sólo, con el móvil en el pantalón, sin vibrar o recibir una llamada que me arrastrase hacia el Covent Garden o cualquier otro lugar. Son los mismos sitios, son los mismos lugares... pero están vacíos, tienen menos vida. Es como si no hubiese estado nunca en ellos, como si no fuesen míos, como si no me perteneciesen.

Lo que vivimos aquí hace menos de un mes son días que no volverán. Y posiblemente es eso lo que los hace especiales. ¿Y ahora qué? Sin duda, mucho tiempo, cosas, sentimientos y oportunidades por delante. Pero también, al menos en este momento, se arremolinan en mi cabeza los versos de esa canción que advertía que "al lugar en que has sido feliz, no debieras tratar de volver".

Sunday, January 13, 2008

Canciones para escapar (III)

I've been down and
I'm wondering why
These little black clouds
Keep walking around
With me
With me

It wastes time
And I'd rather be high
Think I'll walk me outside
And buy a rainbow smile
But be free
They're all free

So maybe tomorrow
I'll find my way home
So maybe tomorrow
I'll find my way home

I look around at a beautiful life
Been the upperside of down
Been the inside of out
But we breathe
We breathe

I wanna breeze and an open mind
I wanna swim in the ocean
Wanna take my time for me
All me

So maybe tomorrow
I'll find my way home
So maybe tomorrow
I'll find my way home (3)

Wednesday, January 09, 2008

Mentiras democráticas

El 2008 ha entrado rápido, como un vendaval. Y en ese torbellino que nos lleva, los españoles nos hemos encontrado con una sorpresa. Este mes de enero hace coincidir los cumpleaños de nuestro rey, Juan Carlos I, y de su supuesto sucesor, Felipe. El primero ha cumplido 70 años. El segundo cumplirá 40 en un par de semanas.

No es este un post que pretende hablar de monarquía. Tampoco quiere ensalzar los valores republicanos que, por cierto, impregnan nuestra 'inmaculada democracia' sin que nadie parezca reconocer su origen. Por supuesto, en ningún sentido aspiran estas líneas a emitir juicios sobre la conducta moral y privada de nuestros monarcas, de todos conocida, entre otras cosas, por tener tan cerca Sierra Nevada. Es un post que quiere hablar de los medios de comunicación, de los discursos impuestos desde arriba y, sobre todo, de las medias verdades o, mejor, de las mentiras que pasan desapercibidas pero que son, en suma, mentiras.

Los medios de comunicación nos obligan a que la efeméride real no nos pase desapercibida. En prensa, radio y televisión asistimos al repiqueteo de entrevistas, felicitaciones personales al monarca (hasta el mismo Woody Allen se presta a una de ellas), reportajes... Televisión Española es líder en esta temática. O por lo menos, esta noche. Me he tragado, con todo mi pesar y con bastante dificultad, el 'especial monarquía' de TVE1. Mientras que mi madre y mis perros sucumbían al sueño, yo aguantaba el alud publicitario para escribir, ya agotado, este post.

Esta noche nada era casual en la programación. La inevitabilidad de la continuidad de la monarquía se hacía más evidente que nunca. Viendo las virtudes del monarca y su sucesor, sería imposible que no fuese así. Son un poso de valores humanos, de sentimientos, de inteligencia, de amor a la naturaleza, de apasionados por la familia, de formación humanística, de fe religiosa (aunque no se exprese), de modernidad, de democracia. Todo parecemos debérselo a ellos. Constantemente subyacía la idea de que el progreso del país era debido a la 'monarquía constitucional', de la que se ha llegado a decir que era el 'sistema más moderno y razonable de nuestro tiempo'. Reconozco que es un tema complejo, pero robar el protagonismo de su propia historia a la sociedad española me parece, además de un soberano robo, una soberana tontería.

Además, esta noche he echado de menos a un pequeño hombre. Pequeño pero que estuvo con nosotros casi 40 años. Por supuesto, hablo de Francisco Franco. Hoy ha sido el olvidado. Nadie ha parecido acordarse de que fue él quien a Juan Carlos en 1969. ¿Por qué se ha borrado este rastro?
Paradojas de la propaganda. Esta noche la sociedad española, la principal protagonista de su Historia y de la implantación de la democracia en España, no estaba en los televisores; también había desaparecido, borrado por los vientos de una Historia que no lo hace hoy demasiado presentable, el dictador Francisco Franco, del que es sucesor nuestro rey. Paradojas que esta noche escondían parte de la verdad, construyendo, con su ausencia, una mentira democrática.

Friday, January 04, 2008

La verdad de lo absurdo


Las navidades son un tiempo extraño. Desde hace años, ese supuesto sentido familiar, de recogimiento, de mirada al pasado... confieso que me atormenta por los cuatro costados. Para colmo, eso de volver desde cualquier parte para reencontrarme con todo lo que he dejado por aquí y, en breve, volveré a abandonar... genera en mí un sentimiento de absurdo, de descolocación.

Este año, de nuevo en navidades, han vuelto por tierras andaluzas nuestros amigos noruegos. Morten, Olav, Gayr y Stola estuvieron por aquí. Con la excusa de pasar tiempo con ellos y de enseñarles nuevos sitios de Andalucía, hemos estado varios días por ahí. En ese tiempo, a veces lo absurdo se encontraba con lo absurdo... y todo, huyendo de unas navidades en las que quizá nadie de nosotros quería pensar, de las que queríamos escapar. Absurdo como un noruego que habla español e incluso conoce chistes de 'Chiquito de la Calzada'; absurdo como un noruego que, en un bar de Carcabuey, rompe el record del pueblo bebiendo del porrón y, al día siguiente, se pasa el día arrastrándose; absurdo como un noruego que encuentra el placer más eterno en una conversación profunda, en hablar de lo humano (y también de lo divino); absurdo como un noruego que es un miembro más de una familia cordobesa; y absurdo como un noruego que, en el momento de la despedida, nos enseña su cara más humana emocionándose porque nos echará de menos. Seguramente todo eso, y mucho más, es nuestro amigo Morten Eikeland. Sin duda, uno de los tipos más peculiares que he conocido.

Absurdos días, absurdos hombres y mujeres y, por qué no decirlo, absurdos sentimientos que acorralaron mis últimos días del año... y también los primeros. Después de todo, lo absurdo se empieza a convertir en lo más auténtico y preciado de mi vida. Como esta fotografía: tres noruegos, un cordobés afincado en Moscú y un accitano profesor de inglés posan, cual grupo de rock n' roll, al atardecer del día de los Inocentes, en el Castillo de La Mota de Alcalá la Real. Verdades absurdas que nos hacen escapar de la monotonía y que nos hacen sentir vivos.

Wednesday, December 26, 2007

La crisis del churro español



Volvamos, después de tanto tiempo, a la política. Hablemos del orto y ocaso del 'churro español'. O, mejor, granadino.

Esta mañana, lluviosa en Granada, pasaba por una cafetería que anunciaba 'churros'. Me ha entrado el antojo y, a pesar de las comilonas navideñas, me he dicho a mí mismo en mi dialecto granadino: 'qué pollas'. Ahí estaba yo, en la barra de la cafetería, con el 'Marca' entre mis manos, tan feliz...

-'Un café y una de churros, por favor'
-'Mmmm... no tenemos churros', contesta con fingida pena la camarera.

Salgo de la cafetería de Solarillo de Gracia, comprendiendo que esto de los antojos es algo profundo y serio, nada exclusivo de las mujeres embarazadas. Y empiezo a pensar, ¿dónde me puedo tomar unos churros como Dios manda? Lógicamente, en la zona de Bibrambla o en el Café Fútbol... pero tengo coche y llueve a mares. Sigo pensando, tratando de localizar un sitio donde pueda encontrar el mítico churro español. Y comprendo, con tristeza, que el churro español -y por ende, el granadino- está en crisis.

¿Dónde conseguir un churro? ¿dónde comprarlos calenticos y mojarlos -también calenticos- en una taza de café o chocolate? Apesadumbrado, conduzco hacia casa. El antojo prosigue. No me puedo quitar la idea de la cabeza: que si churros por allí, que si churros por allá... Culpo de la situación a la pérdida de los valores tradicionales, a la invasión americanizadora, a la globalización, a gobierno del PP en Granada, a la monarquía borbónica y, por supuesto, a mi admirado Manuel Chaves. Mientras tanto, el olorcillo grasiento del churro, del churro auténtico, genuino y entrañable, sigue en mi cabeza.

De pronto, mi salvación. Al final del Paseo de la Bomba veo un pequeño kiosko metálico... ¡una churrería! Aparco en doble fila (cuando uno viene a Granada adopta también el deporte municipal por excelencia). Pido un kilo de churros. Churros de los buenos, de esos con 'garra, con fuerza, con maña' (pobre José Luis Moreno, si los pudiese tomar). Pensando en algo en que contaros, queridos lectores, entablo conversación con la churrera: Josefa, más conocida en el barrio como Fina. Tan fina como los churros que hace, nada pesados y harto entrañables. La suya es una vida dedicada a los churros. Churreando desde hace 19 años. Pagando un alquiler abusivo al ayuntamiento, es dueña de una de las dos únicas churrerías que quedan en Granada capital. Y que churros Dios, que churros. La fuerza del churro está con ella: confía en seguir luchando contra el avance de los tiempos y mantener su negocio. A pesar de la mole del edificio que le están levantando a menos de dos metros... del que a buen seguro recibirá pronto quejas por sus humos aceiteros y churreros.

Fina, los churros y lo genuinamente español me han alegrado el día. Volví a casa. Y churros para todos: para mi gente... y también para la tierna parejilla (Benja y Eva) que habita en mi antiguo apartamento. Ahora, mientras escribo este post, bien acompañado por un litro de agua, decido escribir este alegato-manifiesto en pro del churro español, una de las mejores cosas que tenemos y que hay que reivindicar. Larga vida al churro y a su tradición. Sin dobles sentidos, ojo.

Saturday, December 22, 2007

Cosas por decir y hacer en cualquier parte


La noche terminó con el grito de guerra de nuestro amigo Javier. Justo antes, "El Cigala" había decidido dejar el bar de flamenco del madrileño barrio de Lavapiés donde nos encontrábamos. Acompañado-apoyado por/en unos amigos/empleados, había salido a empellones del bar. Roberto, Javier y yo volvimos a casa tomando la calle del Olivar. Atrás quedaba un día extremo.

Había tomado el autobús a las 7 de la mañana desde Granada. Iba a estar en Madrid algo más de 24 horas, pero sería suficiente. Ahora o nunca: ver a algunos de los amigos de Michigan merecía el sacrificio (y sus consecuencias). Al llegar a Madrid sobre el mediodía, no me pude contener: me pasé por un archivo y hasta me traje alguna documentación.

Javier me esperaba en Plaza de Castillla. Nada había cambiado. Los años no pasan por él. El mismo peinado, la misma barba bohemia, su chupa de cuero vintage, su mochila de las tardes de café y trabajo en Ann Arbor... y su inconfudible tabaco de liar. La nueva bufanda señalaba la entrada de alguien nuevo en su vida. Tuvimos toda la tarde para ponernos al día: primero unas rápidas cervezas, después el almuerzo con su madre, y por la tarde, la visita a la exposición de Paula Rego en el Reina Sofía. Siempre falta tiempo con Javier. Conversar con él es uno de los mayores placeres que uno puede encontrar. Te mira con sus ojos templados en casas ocupas, bares de Mallorca, sindicatos revolucionarios, poesía de Leopoldo Panero, años en Lavapiés y miles de lecturas de filósofos, literatos o poetas más o menos malditos.

Al rato nos encontramos con otros amigos suyos y, el que faltaba, Roberto. Acababa de aterrizar desde Michigan. Es un burgalés arrepentido de ser castellano, hace tiempo historiador y ahora no se sabe muy bien qué, dedicado al estudio del nacionalismo español. Es de esas personas que, tras una apariencia de normalidad, esconde una inteligencia que ni él mismo acaba de creerse, una integridad fuera de lo común y, por qué no decirlo, un gusto por el buen vivir y la buena compañía.

Disfrutamos esa noche. Pocas veces uno encuentra la oportunidad de hablar de las diferencias entre Laclau y Zizek, "Numax Presenta...", documentales, cine, Ortega y Gasset y su "España Invertebrada", etc. Cuando volvía a Granada, a eso de las 9 de la mañana del día siguiente, pensaba en qué nos unió el año pasado a los cinco amigos de Michigan (faltaban Sergio, en Ann Arbor, y Eduardo, en Vancouver). Como decía Roberto sobre nosotros mismos, "aquí el que menos está como una cabra". Es difícil explicar o entender qué nos une y que me hace echar tanto de menos aquellos días. Todavía me lo pregunto, pero el caso es que nuestra amistad funciona y que, sin duda, nos quedan muchas cosas por decir y hacer.

Tuesday, December 18, 2007

Castillo Rojo

Hoy me ha costado un mundo levantarme de la cama. Finalmente, a pesar del frío de mi habitación, me he dirigido hacia la ducha, he saludado a mi madre, a mis perros, y he bajado a desayunar. La casa olía a frío granadino, a ese clima tan particular, seco y cortante con el que he crecido. En el aire todavía persistía el olor de mañana, ese olor de las cosas íntimas y familiares, espeso y lleno de recuerdos.

Mi gentil hermana había cumplido su promesa y tenía la moto a mi disposición. Abrigo y bufanda enfundadas, me puse en marcha hacia la facultad. Tomo el camino del Realejo: los típicos atascos por el antiguo barrio judío. Escapo con algunas direcciones prohibidas y, finalmente, llego a la Plaza Isabel la Católica, presidida por la estatua de la señora atendiendo al mismísimo Cristóbal Colón. La mayestática figura de esta reina a las puertas del barrio que, en 1492, mandó destruir hasta sus cimientos tras expulsar a los judíos, siempre me ha parecido un monumento a la paradoja.

Le doy la espalda a la modernidad, dejo a un lado la Gran Vía y la calle Recogidas... y tuerzo hacia Plaza Nueva. Sin semáforos, sin tráfico, casi atropellando a los turistas y al mismo frío, conduzo deprisa junto al Darro, el río sepultado de Granada. Cruzo el Paseo de los Tristes, a los pies de la Alhambra, al otro lado del río. Subo con dificultades la cuesta del Chapiz, y giro hacia el Sacromonte. Subo por la "Verea Alta", paso por la cueva de "Chorrojumo", una vez rey de los gitanos... y llego a mi destino. Aparco. Bajo de la moto. Me quito el casco. Respiro y miro al silencio. Al silencio de un edificio que ha estado allí desde hace siglos, viendo como todos pasamos y él, de ladrillo y adobe, sigue por encima de nosotros. Cuando estoy lejos siento como si estuviese aquí, esperándome, susurrándome una vuelta a esta ciudad que tiene lo mejor y lo peor del mundo.

Sunday, December 16, 2007

Farewell and goodbye

And love is not the easy thing
The only baggage you can bring...
And love is not the easy thing...
The only baggage you can bring
Is all that you can't leave behind

And if the darkness is to keep us apart
And if the daylight feels like it's a long way off
And if your glass heart should crack
And for a second you turn back
Oh no, be strong

Walk on, walk on
What you got, they can't steal it
No they can't even feel it
Walk on, walk on
Stay safe tonight...

You're packing a suitcase for a place none of us has been
A place that has to be believed to be seen
You could have flown away
A singing bird in an open cage
Who will only fly, only fly for freedom

Walk on, walk on
What you got they can't deny it
Can't sell it or buy it
Walk on, walk on
Stay safe tonight

And I know it aches
And your heart it breaks
And you can only take so much
Walk on, walk on

Home...hard to know what it is if you never had one
Home...I can't say where it is but I know I'm going home
That's where the heart is

I know it aches
How your heart it breaks
And you can only take so much
Walk on, walk on

Leave it behind
You've got to leave it behind
All that you fashion
All that you make
All that you build
All that you break
All that you measure
All that you steal
All this you can leave behind
All that you reason
All that you sense
All that you speak
All you dress up
All that you scheme...

Wednesday, December 12, 2007

Melancolía y plantas eléctricas / Mellon collie and power plants

Última semana en Londres. Y estamos en diciembre. Es el mes de la melancolía. Melancolía por todas partes.

Miro hacia atrás. Un año atrás. Me recuerdo en Ann Arbor, con los amigos de entonces y ya de siempre. No sé cómo los he recordado tanto durante este tiempo. Michigan parecía ser una tierra un poco aburrida, poco especial... pero los tengo todo el tiempo en mi cabeza.

Todo viene y todo se va. Pero siempre queda algo en nosotros. Es lo que pienso cuando paso, todos los días, por la 'Battersea Power Plant'. Es enorme. Es impresionante. Es una vieja planta de electricidad junto al Támesis. Toda una joya de la arquitectura industrial. Y todo un icono del rock: Pink Floyd la utilizó en uno de sus discos, pero con un cerdito inocente y provocador volando sobre ella. Hace tiempo generaba energía, daba vida a la ciudad. Al otro lado del río, suplía de electricidad al barrio de Chelsea, Fulham... o al mismo Buckingham Palace. Hoy no es más que una mole inmóvil, hueca por dentro. De día, cuando la observas desde el vagón de tren, no puedes dejar de mirarla, te atrae... de noche, se siente su presencia inmóvil.

La semana acaba. Estos tres meses han sido fantásticos. El mundo no deja de sorprenderme: he vuelto a disfrutar de la compañía y el conocimiento de gente muy especial. Y hasta me he atrevido a sentir cosas y a no quedarme parado o inmovilizado. Muchas de estas personas no volverán después de navidades. Pasarán otra vez al recuerdo. Pero algo me quedará de ellas. Serán para mí como la gigantesca 'Battersea Power Plant': un mundo que ha pasado... pero que está ahí, esperándome, haciéndome recordar que el tiempo no espera a nadie y que, por qué no, quizá algún día puede volver a ser puesta en marcha y dar luz otra vez.

Friday, December 07, 2007

Cosas que hacer antes de morir

Quizá sea un poco macabro el título de este post. Pero las preguntas, como el discurrir del tiempo, vienen solas. Supongo que un acontecimiento como la presentación de un libro te hacen plantearte cosas así: mirar hacia atrás, a lo recorrido... y mirar al futuro.

¿Qué me queda? Todo. Resta en mi vida alcanzar algunos sueños (muchos) que tengo por delante: encontrar a alguien con quien compartir el tiempo, que a mi familia llegue por fin la paz, que mi hermana se convenza de que vale más que yo, que a mis amigos les vayan las cosas bien y, puestos a soñar, cambiar aunque sea en un milímetro el rumbo hacia donde va el mundo. Son cosas que debo hacer antes de morir. Cosas, seguramente, inalcanzables. Pero son metas que me mantienen vivo. Al menos por el momento.

Pero "al volver la vista atrás", tengo mucho en mi haber. Y prueba de ello fue la presentación del otro día. Más que en el libro en sí, pensaba en los que estuvisteis allí acompañándome; pero también en todos los que no estuvisteis pero, de una u otra forma, estábais. Y soy afortunado.

Tengo grandes esperanzas en el futuro. Espero que las líneas de los días que me quedan no se tuerzan demasiado pronto. Tampoco quiero una vida con una caligrafía o renglones perfectos. Sea lo que sea, el tiempo es mío, y también de todos los que me acompañáis. Gracias.

Monday, December 03, 2007

Presentación de librico


Buf. Aunque parezca mentira hasta ahora no he tenido tiempo de avisar. Bueno, esta tarde, a las 21.00 en el bar ENTRESUELO de la ciudad de Granada, presentaré mi librillo "Hambre de Siglos. Mundo rural y apoyos sociales del franquismo en Andalucía Oriental (1936-1951)". Intervendrá Miguel Gómez Oliver, uno de mis directores de tesis y persona muy cercana. Aquí tenéis la invitación con todos los detalles.

Toda persona que lea este post, por supuesto, está invitada. Me encantaría ver a todos los anónimos que escriben en este blog. Después se celebrará el evento con un vinillo español, cerveza, sangría y algo de comer. Nos vemos pues.