
9 horas y media de trayecto entre Madrid y Granada. Me las prometía muy felices tomando el primer autobús, saludando la llegada del invierno feroz y la soberbia escarcha de esta mañana.
Emprendimos la marcha a eso de las 8.30. Caían unos copos de nieve. Y yo caí rendido de sueño. A eso de las 10:30 despierto. Estábamos en mitad de Castilla-La Mancha, estábamos rodeados de nieve por todas partes y la tormenta arreciaba. Al parecer, desde que salimos de la capital íbamos en caravana, atrapados en el atasco.
Paciencia, no hay prisa, pensé. Hasta que, claro, la nieve y el hielo cuajaron. Y una de esas paradas del autobús coincidió en una pendiente... hacia arriba. A la altura de Turleque aquello no avanzaba. Las ruedas del autobús patinaban. Y obviamente, no teníamos cadenas.
Tirados en mitad de ninguna parte. Hasta que algunos guardias civiles nos socorrieron. Trataron de quitar con una pala el hielo y la nieve bajo las ruedas del autobús. Pero no había manera. Resultado final: todos los hombres del autobús descendimos a empujar. Esas manchegas y vitivinícolas planicies, solar del viejo caballero, se habían convertido en estepas siberianas. Tras veinte minutos a la intemperie, empuja que te empuja, conseguimos poner en marcha al bus. En marcha y en camino, pues subió la larga pendiente marchándose hacia el horizonte. Nosotros, incrédulos, comenzamos a correr cuesta arriba. El bus nos esperaba donde la pendiente se inclinaba hacia abajo. Finalmente subimos.
Después, en las horas de viaje que quedaban, mirando la nieve, con los pies mojados y con algo de asma, recordaba Michigan y también Londres. En estos días, en Ann Arbor se reunieron, cual última cena, los amigos de entonces; en Londres, en West Norwood, mi antiguo compañero de piso celebró la fiesta de navidad de todos los años. Falté a ambas citas, lógicamente. Pasar página en la vida seguramente obliga a ello. Sin embargo, en días en que aparece la nieve a uno se le ocurren estas absurdas asociaciones que juntan pasado, presente, futuro, pero también anhelos, moriñas y sueños.