Friday, November 06, 2009

Soluciones para la corrupción política


Caso Gürtel, Palacio de la Música de Barcelona, Santa Coloma... ¿de verdad alguien se cree que todo lo que aparece en la prensa, todo lo que llega al juzgado, es la corrupción real de este país? El "forrarse político" tiene mucho que ver con la corrupción urbanística. Y a nadie se le escapa que un edificio no es un guijarro en el camino: centros comerciales que crecen como setas en nuestras narices, pueblos de la costa y del interior macizados hasta perder el suelo del término municipal... y todos miramos para otro lado. Pero es que además de, digamos, ese 5 por 100 de las barbaridades que llegan a los juzgados... ¿cuántos obtienen realmente condena? ¿Digamos que un 2 por 100? Siempre es más fácil declarar culpable a alguien que roba un pollo para comer que al que se forra a costa del ladrillo o de la gestión pública: por quién es y por el carácter del delito. ¿Y encima se nos quiere hacer creer que toda la mierda que vemos es la mierda que hay? Por cierto, mierda nunca convenientemente limpiada, porque a pesar del forrarse y cargarse el medio ambiente y el patrimonio ambiental, aquí nadie devuelve un duro ni tira un edificio.

El problema es más serio de lo que parece. La clase política tiene un papel clave en todo esto. Su descrédito es absoluto. Ni un sólo líder se acerca, ni de lejos, al aprobado. Obviamente, todo golpea un sistema que, en la teoría, puede ser el mejor posible; pero que en la práctica no funciona porque, sencillamente, es una ficción y no existe. Pero, ¿y nosotros queridos lectores? ¿qué pensamos cuando la marea (o mierda) de la crisis empieza a llegarnos a la cintura? El otro día leí una solución propuesta por alguien para castigar a todos los políticos implicados en estas cuestiones. Ahí queda:


"Queremos que estos señores sean condenados a encontrar un trabajo, cobrar 1.000 Euros y llegar a fin de mes"


Friday, October 23, 2009

Michigan Central Station


Dicen que nadie escapa al tiempo, y también podríamos decir que algo parecido sucede con algunas crisis económicas (al menos para algunos). Así caen imperios, vidas brillantes y espacios únicos. No hay que irse al Imperio Romano para certificar todo esto: el estado de Michigan y la ciudad de Detroit, antaño núcleo y expresión de la cultura del automóvil, se hizo pedazos. En el boom del automóvil, la suntuosa Michigan Central Station, comparable a esa Grand Central de Nueva York, comenzó a funcionar en 1808: ochenta años después fue simplemente abandonada. Hoy, en sus muros de piedra y mármol todavía resueña el eco del éxito y del desarrollo económico. El enlace que me envió mi amiga Megan hace tiempo recrea todo eso.

Quién sabe. Quizá algún día lugares como la Moncloa, el Palacio de la Zarzuela o el Parlamento de Andalucía esté así. O tal vez las sedes de los grandes bancos, todavía boyantes, o las casas adosadas y los enormes bloques levantados por la especulación. Nada permanece y, desde luego, ellos tampoco.

Tuesday, October 13, 2009

What is life?


Nunca le he tenido miedo a escribir sobre la muerte; quizá porque es algo tan real y definitivo que es absurdo evitar que existe. Otra cuestión es verla venir, saludarla serenamente y dejarse llevar por ella.

Las últimas semanas han estado salpicadas por varias desapariciones. Alguien con 23 años estrellado en una avioneta; un padre de familia que dijo adiós de forma inesperada; un anciano de más de 80 años que, en Pennsylvania, se despidió de los suyos carcomido por el cáncer.

Ante la muerte, ante el vacío absoluto, poco cabe decir. Queda entonces mirar a los que quedamos, a nuestro sentimiento de pérdida y a lo que, seguramente, de los que se han ido hay en nosotros.

Hoy he recibido un correo de Richard, mi amigo americano de Maryland. Su padre falleció el 10 de octubre. Me ha enviado el elogio de despedida que leyó en su funeral. Rich es un hombre sencillo. Un trabajador americano, siempre sonriente, eficaz funcionario (y no es un oxímoron) que, a pesar de la burocracia de los folios, siempre tenía sin responder una pregunta metafísica: "What is life?" ¿Qué es la vida? La primera vez que fui a Estados Unidos, con 17 años, solíamos bromear dando respuestas a esa pregunta: 'la vida es un helado', 'es un batido', 'es sueño' (Calderón), 'es una caja de bombones de chocolate' (Forrest)...

Rich terminaba las palabras que dirigió a su padre en este octubre con una frase especial, que explica por qué sufrimos tanto al perder a alguien:

'It's not just losing someone you love that hurts so much; it's losing someone who truly loves you'

(No es sólo perder a alguien amado lo que duele tanto; es perder a alguien que verdaderamente te ama)

Quizá al acercarnos al último día vamos sabiendo, al fin, qué demonios es la vida.

Tuesday, September 29, 2009

Un mundo que no-es

El domingo pasado el grupo británico Muse decidió pasarse por el forro la sociedad del consumo, plasticosa y televisiva, donde nada es lo que realmente dice ser. En la televisión italiana les obligaron a tocar en playback. Lo hicieron. Pero, como reacción, se intercambiaron los instrumentos. El menda que toca la batería (M. Bellamy) es en realidad el cantante, guitarrista y teclista (lectores, ojo a sus gestos). El alto de las gafas de sol, al teclado y con la guitarra, es en realidad el bajista (muy seriote él). Y el que lleva el bajo y canta, es el batería (no se lo cree). Lo mejor es el disfrutar del público, ajeno a toda esta mentira; y por supuesto, la reguapísima y oxigenada presentadora, que hasta sostiene una entrevista con alguien que no-es.
Quizá sea buen momento de parodiar todas las verdades oficiales. Falsas por ser supuestamente verdades. Y también por ser oficiales.
¿Qué mejor colofón a este post que la letra de la canción? Ahí va:

"La paranoia florece
la transmision se reanuda
ellos tratan de empujar la droga,
mantenganse todos callados y esperemos
nunca volveremos a ver la verdad de cerca

(...) Levantate y toma el poder de nuevo es hora de que
los gatos gordos tengan un ataque al corazon tu sabes
que su tiempo esta llegando a su fin
Tenemos que unirnos y ver nuestra bandera ascender

Ellos no nos obligaran
Ellos paran de degradarnos
Ellos no nos controlaran
Nosotros resultaremos Victoriosos"

Monday, September 14, 2009

De vuelta con la crisis


Septiembre ha entrado con fuerza. Vuelta al trabajo y a una ciudad que siente la crisis por los cuatro costados. Mientras que la clase política se tira los trastos a la cabeza y se pelea por escuchas, regalos a cambio de favores y demás, el resto de los españoles le vemos la cara a la crisis.

Vaya por delante: soy un privilegiado. Que el piso que he alquilado esté a medio amueblar o que no tenga sillas no deja de ser una anécdota sin importancia en medio de todo lo que está cayendo.

Hoy he ido a hacer la primera compra. Antes, he ido a un cajero a sacar dinero. Justo antes de mí lo ha hecho una señora. Tenía aspecto normal: unos 50 años, pantalones color calabaza y jersey pistacchio. Encajaría en lo que cualquiera de nosotros llamaríamos clase media. Luego ha llegado mi turno. He pedido un recibo para ver el remanente de mi cuenta. Sorprendido, he visto una cantidad que no se correspondía con lo que esperaba (que tampoco es mucho, queridos lectores). Al poco, he comprendido que había cogido el recibo que la señora que me precedió había dejado olvidado. Hoy, a día 14 de septiembre, tenía sólo 40 euros de saldo disponible.

Ya sé que quizá he sacado la imaginacióna pasear. Ya sé que quizá la señora anónima tenía más cuentas corrientes. Pero en los tiempos que corren, esta historia tan cotidiana puede estar envuelta en las sombras tan oscuras como las que insinúo en el párrafo anterior.

Curiosamente, hoy se cumple 1 año de la quiebra de Lehmann Brothers. Paradojas de la economía mundial: Wall Street está mucho más cerca de cualquier barrio histórico de Granada. Después de la hecatombe, nada parece haber cambiado: los banqueros siguen recibiendo bonus y considerándose el baluarte del progreso económico; los políticos siguen cocinando sus conflictos, siempre echando balones fuera y sin plantearse regular el sacro-santo mercado libre. Cada vez es más evidente que banqueros y políticos tienen dos cosas en común: no tienen ningún contacto con la realidad social que nos rodea; y no les importamos (casi) nada. De los primeros, como mis queridos lectores se podrán imaginar, no me sorprende ninguna de estas actitudes; de los segundos, confieso que (hasta hace poco) me sorprendía.

Saturday, August 15, 2009

Pause

Este año ha sido infernal. Volver a una vida normal y estresante, recuperar una vida pasada, insertar una nueva... y todo bajo la celebre fórmula del "mano, parque, paseo" BIEN entendido.
Agotador. Pero llega el momento de una pausa. Se ha anunciado en este mes: viajé a Copenhague con la excusa de un congreso. Tras cumplir los dos primeros días, me lancé a la calle. Todo un día caminando solo por esa estupenda ciudad. Los lugares nórdicos tienen algo especial, como algo escrito entre líneas que, a primera vista, no se puede apreciar. Calles ordenadas y desordenadas, pero siempre limpias. Edificios propios. Barrios hippies con cerveza copyright "Christiania". Bibliotecas enormes, modernas y admirables. Gente educada y menos fría de lo que señalan nuestros estereotipos. Y un estado del bienestar que deja en ridículo al nuestro. Y luego, ese canal prodigioso, donde cruzan los vientos que ordenaban el mar del Norte, ese lugar que robó al Mediterráneo el papel protagonista desde finales del XVI.
Después, Madrid. Cada vez tengo más cosas en contra de esta ciudad.
Pero mañana, vacaciones. Por fin. Galicia. Una vida nueva puesta sobre un verde gallego, acompañada de algo de vino blanco, de buena comida y de un móvil sin cobertura. Queridos lectores, a la altura del 15 de agosto creo que ya tocaba. Quizá les sorprenda con un post con olor a vaca lucense o a ostra de alguna ría... pero creo que este blog queda pausado por vacaciones. Ya me participarán ustedes las suyas.

Monday, August 03, 2009

Mudanza


Mudarse dentro de una misma ciudad tiene algo de extraño. Cambiar de ciudad es cambiar de vida y, quizá por eso, cambiar también de vivienda es algo secundario. Pero vivir en una ciudad de provincias, pequeña, y mudar la casa crea sentimientos raros.

Lectores, he pasado todo un año viviendo en el Albayzín. Un lugar estupendo. Unas vistas maravillosas. ¿Qué mejor antídoto vital tras dos años por el mundo que despertarse con la Alhambra a los pies de mi cama? Pero me he sentido desubicado. Pensaba escribir posts sobre el barrio, sus gentes... y al final no escribí ni uno solo. Quizá la vida me ha devorado. Quizá el trabajo ha sepultado la frescura de este blog, si alguna vez la tuvo.

El viernes pasado concluí la mudanza. Y lectores: mudarse en el Albayzín no es tarea fácil. Gracias a un amigo, empaquetamos todo y lanzamos el coche por San Juan de los Reyes. Tras el imprescindible "toque" en el retrovisor, llegamos al nuevo barrio: el Realejo. Me espera un piso sin amueblar: me ilusiona pues este año he tenido la impresión de seguir viajando, de tener todavía mi vida en una maleta. Quizá haciendo mío este nuevo espacio esa sensación desaparezca y pueda luchar contra la cotidianeidad que me devora.

La despedida del apartamento del Albayzín fue extraña. Mi amigo me conoce bien y me dejó solo. Esperó en el coche. Cuando salía con las últimas cajas, las dejé en la puerta y entré por última vez. Con las luces apagadas, miré desde cada habitación la impresionante vista. Los olores de doce meses de vida desfilaron ante mí. Luego quité las dos llaves de mi llavero. El manojo de llaves pesaba menos, mi casa había dejado de ser mi casa. Arrastré los pies hasta la entrada. Aspiré por última vez y cerré la puerta.

Sunday, July 26, 2009

Un día en que nos hacemos diferentes


Nos pasamos toda la vida esperando lo excepcional, que el mundo gire en el punto que deseemos y, de pronto, nos deje en el sitio que queremos. Las películas de Hollywood y los valores del éxito del mundo capitalista no paran de insistir en que el mundo es de los héroes, que el éxito es accesible para todos. El paraíso parece estar al alcance de la mano o, incluso, tras la puerta del pasillo de nuestras casas.

La llegada a ese mundo imposible se espera de forma apasionada y expectante. Esperamos grandes historias, sucesos paranormales que nos catapulten a lo que queremos, a un mundo opuesto al que tenemos.

Ayer, hace un año, la vida se presentaba como siempre. Todavía girando, sin un trabajo estable, unos días de calor y legajos en Madrid. Y de repente, un día normal. No era una rubia platino. Tan sólo una impresión, tan sólo una historia demasiado complicada. Tan complicada que ni soñamos con nada... y eso que los sueños no cuestan nada. Diez días después de conocerla, nos encontramos en una vulgar cadena de restaurantes. Vulgar cena. Vulgar vino. Para dos personas seguramente vulgares a los ojos de todos. Pero en ella estaba todo: sonó Salinas, sonó su vida pasada, sonaron sus penas y sus glorias (y también las mías). Y aquí estamos. Los instintos, las impresiones y las palpitaciones salieron al paso de las historias perfectas, de las autopistas y de las rubias platino con sonrisa edulcorada.

Todos tenemos un día en la vida, un día, en que nos hacemos diferentes. Diferentes porque nuestro futuro cambia radicalmente. Pensad, queridos lectores, cuál ha sido el vuestro. Y pensad también si fue producto de un juego de azar, de un dejarse llevar o de un giro del destino. Pero no os engañéis: detrás de las grandes curvas, se esconde el mundo de lo corriente, de lo cotidiano. La felicidad está agazapada en las sombras, no en los grandes focos ni en los escenarios del éxito.

Ayer, un año después, volvimos al mismo sitio. Misma cadena de restaurantes. Misma mesa. Mismas ensaladas. Cambiamos, eso sí, el vino y el postre. No hubiese cambiado cenar en ningún otro lugar: ni sobre la torre Eiffel, ni sobre el Empire State Building... más que nada, porque si hubiese sido así, no hubiese sido ni nuestro momento, ni nosotros mismos. Lo que nos pertenece no tiene precio, pues la vulgaridad de lo propio no se compra.

Thursday, July 16, 2009

Políticos... ¿de hoy en día?


En días de poca escritura, cuelgo un poema sobre políticos. No sé si el autor es quien lo firma, y tampoco si la fecha es real... por sorprendente que parezca.




DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!

Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.

Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.

Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.

Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!

Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!



Fray Junípero Serra (1713 - 1784) Religioso franciscano español

Friday, June 05, 2009

Hechos míticos, hechos inexistentes

Ayer se cumplieron 20 años de la matanza de la Plaza de Tiananmen (Pekín). Esta imagen, de un hombre hasta ahora desconocido, enfrentándose a una hilera de tanques, ha pasado a la Historia. Una revista americana lo situó entre los 100 hombres más influyentes del siglo XX. Esa camisa blanca, esos pantalones negros y esa figura escuálida le hacen ser un antihéroe, o mejor, cualquiera de nosotros. Lo absurdo de su actitud, sus gestos y movimientos descalifican todavía más la violencia del régimen dictatorial chino.

Sin embargo, la realidad tiene siempre varias caras. Este hombre seguramente no vio este vídeo, ni tampoco supo jamás que, desde un sexto piso de un hotel cercano, un periodista europeo lo convertía en un icono inmortal. Pero, incluso en China, hay algunos que no lo han visto jamás: hoy el telediario de la Primera mostraba cómo, al acercarse la periodista con la instantánea y preguntar a los jóvenes estudiantes, éstos decían no haber visto esa foto en su vida; ni siquiera la identificaban con China.

Nuestros días están sembrados de hechos. Pero para que los hechos sirvan, importen, sean relevantes, tienen que ser contados. Y para que lo sean, el peor enemigo son los discursos oficiales, lo políticamente conveniente. China es un caso extremo. Pero nosotros también podemos ser víctimas de una información deformada, que tiene un fin y que quiere sedarnos; podemos ser víctimas de un sistema democrático en el que, por ejemplo, a los políticos poco importa un horizonte más allá de unas elecciones. La última campaña electoral, donde la nobleza, la imaginación y las propuestas han brillado por su ausencia, son un buen ejemplo. Tenemos un sistema democrático, sin duda más justo que el chino. Sin embargo, a veces pienso que renunciamos a nuestras libertades y a nuestro poder de crítica. Nos apartamos de la escena de la alta política, dejando que una clase política mediocre y en la que no creemos, escoja el menú de nuestro destino. Quizá nos estemos equivocando.