
Su rostro transmite la alegría de un sueño en marcha. Sus ojos contienen confianza, coraje, ideas e imaginación. Y esos labios sonríen, con una mezcla de dulzura y cariño a la mujer a la que, seguramente, le está diciendo: 'te lo debo todo' o 'no soy nada sin ti'.
Es emocionante ver algo inaudito, único, excepcional. Pero también es triste contemplar las cosas que, de momento, no pueden suceder en nuestro país. No me refiero al hecho de que el presidente sea negro, chino, magrebí, latinoamericano o del oriente europeo. Hablo de la posibilidad de que un hombre común y excepcional pueda ser algo en la política. Obama lo tuvo difícil, tuvo que sortear la corrupción, el racismo... y seguramente tuvo que hacer juegos políticos y contar con la financiación necesaria. Pero fue elegido senador por Illinois porque actuó ante sus votantes que, un buen día, confiaron en él. En cualquier distrito electoral español, nuestros políticos nos dan la espalda y se arrodillan frente al que preside la lista cerrada de uno u otro partido.
Seguramente los sueños rotos son los que provocan más lágrimas. Ayer no cesaba de preguntarme: ¿cuándo vendrá la decepción con Obama? ¿Cuándo y por qué lo descalifiaré por primera vez? Lo desconozco pero soy consciente que así será. Sólo quien no gobierna no decepciona. Pero mientras espero ese momento, mientras miro esta foto, tengo esperanza en lo nuevo, en el cambio, pues es lo único que mantiene vivos los sueños.