Primero fue el turno de Alex y Carmen. Mi viejo amigo, aquel que vino a visitarme a Nueva York e incluso llegó a colgar 'a alimón' algún post en este blog... ha estado por aquí. Ha sido un buen momento para conocer mejor a su novia: ahora entiendo por qué en aquellos días de Nueva York, aunque no hubiesen empezado la relación y él negase enamoramiento alguno... en aquel pub del Alphabet Town se echó hacia atrás y no hicimos nada.
Unas 12 horas después de su marcha, han llegado Manolo y Mati. Buenos amigos también. Manolo no habla inglés: sin embargo, demuestra unas habilidades inauditas para comunicarse. ¿En qué idioma? En ninguno. Ayer se escapó a la tiendecilla que hay junto a mi casa en un par de ocasiones: consiguió saber que no había ciruelas, se entendió con el pakistaní... Nos cocinaron a Yen -mi chinocompañerodepiso- y a mí un soberano (por grande, no por rey) 'pollo al whiskey'.
Y en medio de todo eso, la visita de Megan, una vieja amiga de Ann Arbor que se ha dejado caer por aquí. Saqué tiempo para estar con ella como pude. Nos vimos en Brixton, tomamos café, visitamos el mercado jamaicano, paseamos por el Southbank, la City... y acabamos comiendo en un koreano fantástico. Ella no paraba de sacar fotos. Le interesan las ciudades por encima de cualquier otra cosa, como muestra en su blog. Fue como si un pedazo de los días de Michigan invadiesen, de repente, las calles de Londres. Y con algún añadido:
También conocí a su amiga Eva. Una chica para la que Úbeda se quedó pequeña, también estudiar Arte en Granada, descubrir la fotografía en Barcelona... y ahora, Londres, donde busca empleo en cualquier galería. Pertenece a la misma promoción universitaria que yo, y es de esas personas que provocan, en el bueno sentido, al hablar y opinar.
Las vidas cruzadas de esta ciudad no tienen fin. Todas estas siluetas, en menos de dos días. Mientras tanto, este blog dormía abandonado, a la vez que por las calles de Granada ya se pasearán las procesiones de Semana Santa... y esta biblioteca se ha quedado desierta.