
Aviso: quizá este sea uno de los post más polémicos del año. Llevo dándole vueltas a la cabeza unos meses (¿o toda una vida?) a una pregunta: ¿qué es “izquierda”? Sin duda, los conceptos son importantes porque nos acercan a la realidad, nos aproximan a las concepciones que de cada palabra tiene cada persona, a sus visiones (subjetivas) de la realidad, etc. Pero ¿qué demonios es la “izquierda”? Sí, ¿que narices es eso de la left, de la gauche, de la sinistra, etc?
Ni que decir tiene que este post y –aviso- sus deficiencias vienen derivadas de las últimas elecciones (y de algunas lecturas de última hora). Definitivamente, soy incapaz de dar una definición/opinión unívoca sobre qué es la izquierda. Además, para cada persona será algo distinto. Y sé positivamente que algunos me meterán cañita por lo que sigue. No obstante, se me ocurren algunas ideas sueltas, desarticuladas, que seguro darán para la polémica:
- La izquierda puede ser un pretexto para el conservadurismo. Hablar de democracia, de libertades, de derechos civiles… con la boca tan llena, puede esconder en realidad una ética vacía de contenido, que nos haga conformistas con lo que nos rodea.
- La izquierda es crítica. Desconfiemos de quién, llamándose de izquierdas, no asume una derrota, hace examen de ella y propone cambios. Y, por supuesto, da un paso adelante cuando hay que darlo. Se hace política no solo en las victorias, también en las derrotas. Desgraciadamente, la izquierda se abstiene en las elecciones aunque milita (ah de los que se abstienen, ¡eternos olvidados!)
- La izquierda se arroga unas ideas que, afortunadamente, son cada vez más universales y son compartidas por la derecha. Ojo: sólo hay que dar un vistazo a la historia del siglo XIX y XX para comprender que se ha avanzado en la democracia porque la izquierda se ha empeñado en ello. Revoluciones de 1789, 1812, 1830, 1848, 1871, 1817, 1931, 1967, en España, Europa y el resto del mundo, supusieron un intento de avance en los derechos democráticos hoy asumidos por todos, y de los que la izquierda era entonces depositaria (aunque a veces con unas pérdidas humanas y unos sufrimientos insospechados. También se avanzó en ellos con el juego parlamentario (Ej. Democracia británica o determinados momentos de nuestra propia historia).
- La izquierda hoy carece de contenido. Se nos ofrecen discursos muy similares. ¿Es que hoy la izquierda no tiene nada más que decir? ¿Ha llegado acaso el “fin de la Historia” auspiciado por Fukuyama, la ‘Caída del Muro’ y el neoliberalismo?
- La izquierda debe ser novedad. Nuevo mensaje, nuevos políticos, nuevas alternativas. Hoy se dice lo de siempre, los políticos que se presentan a nuestras alcaldías llevan 30 años profesionalizados en la política, etc (prefiero no dar nombres pero esta tendencia es algo demasiado preocupante, y no hay excusas de liderazgo político posible).
- La izquierda tiene que ser discontinuidad: cambio, empezar de nuevo, rotación… ¿políticos 20 años ejerciendo un mismo cargo? Un atentado contra toda lógica democrática. ¿Y para cuándo las listas abiertas? ¿Demasiados intereses creados?
- La izquierda es política. Y por política, empieza desde abajo, por una actitud, por una moral abierta, por una discrepancia, y también por ser consecuente. El caso es que cada vez está mas claro que la democracia es algo alejado de las urnas…
- La izquierda debe pensar de forma universal. El tercer mundo y su problemática son un horizonte que no se pueden abandonar, que hay que abarcar…
Y tantas más cosas diría… seguramente ninguna acertada. Porque la “izquierda” no es lo idílico, no debe ser lo único… pero me gustaría que fuese así, qué queréis que le haga. ¿El por qué de este post? Desazón porque siento que me toman el pelo. Me revuelvo en mi asiento cada vez que se me insinúa que esta democracia que tenemos es “suficiente”, que todo va de maravilla, y que vivimos en el mundo “más democrático posible”. Tengo ganas de gritar cuando veo que las diferencias, que los matices… cada vez se distinguen menos. Que el ladrillo y la corrupción pesan más que las ideas y los sueños. No sé si alucinar o reír cuando veo que hay bocas que se abren con las victorias y se cierran con las derrotas. ¿Y yo qué le hago? Reconozco que mi inconformismo es mal compañero de viaje para estos tiempos. Si desconfío de la supuesta izquierda y, abiertamente, repudio la derecha… ¿qué remedio me queda? Empiezo a pensar, quien lo diría, que soy anarquista. Lo que me faltaba. Toda una contradicción. Una más.
Dicho esto, espero vuestros comentarios descarnados. Ah, una última idea: no creo que la izquierda que debiera ser sea idílica. Desconfiar constantemente de ella puede ser el camino para que, algún día, llegue a ser algo que merezca la pena.