
Uno nunca piensa que tomando pintas de cerveza un sábado por la noche puede tener estas experiencias. La conocí en Tottenham Court Road a eso de las 6.30 de la tarde. Nos sentamos con otra gente rodeando una mesa en un pub cercano. Desde luego, las apariencias pocas veces nos descubren lo que hay detrás de una persona: ojos y pelo negro, vestido ajustado, escote pronunciado, tacones, pendientes, algo de maquillaje y una sonrisa amable. Pidió un "Cosmopolitan", que al parecer no estaba muy a su gusto. Pero detrás de esa apariencia se escondía una vida de lucha y coraje.
Su historia es de esas que nos cuesta creer. Nació en un país de Oriente Medio, en una familia muy tradicional y muy acomodada. Mujer, desde siempre se mostró rebelde contra lo que le rodeaba. En su casa la televisión estaba prohibida. También la música. Estaba condenada a ser una más, a casarse joven y "bien", no trabajar y estar subordinada a un hombre y a la tradición. Pero ella supo romper el círculo. Estuvo en un colegio público y vio que no todos eran iguales, que había injusticias y miseria... y que ella era una privilegiada. Y leyó libros, lo único permitido en su casa. A los 18 años, por su pensamiento y su "rebeldía", fue repudiada por su familia. Fue a vivir con su novio en medio de una sociedad que, si no la perseguía, sí la detestaba. Hasta que decidió romper una vez más el círculo: vendió sus ropas, sus platos, sus libros, todo lo que tenía, y logró comprar un billete para el Reino Unido. Cambió su nombre por uno más sencillo, uno que la confundiese entre todos los del mundo; un nombre que podría ser de cualquier país. Escondida, en una pequeña ciudad del norte de Inglaterra, trabajó y estudió a la vez. Y salió adelante.
Hoy trabaja en una importante empresa de la ciudad. Su nombre tiene tres letras, pero cuando le preguntas su origen, siempre escoge un país al azar para responder. Podría ser de cualquier parte. Llama la atención que, gente que ha nacido en una cultura tan hermética e inmutable, sea capaz por sí misma de salir adelante, de correr, escapar de lo que no quieren o no comparten. Y mientras, algunos de nosotros seguimos con nuestras vidas, sin pararnos a pensar que la pista es toda nuestra, que tenemos la vida por delante y, por qué no, que también nosotros podemos emprender la marcha.