Saturday, January 26, 2008

Bristol, 2 times

El miércoles pasado estuve en Bristol. Era la segunda vez que pisaba esa ciudad. La primera fue hace, según creo, cinco años. Mi vida ha cambiado tanto desde entonces, que mirar al pasado me hace sentir como si en realidad hubiese tenido no dos, sino tres o cuatro vidas distintas. Aterricé en el pequeño aeropuerto de Bristol. El motivo de ese viaje me parece ahora tan ajeno, tan lejano, que hace que lo mire con ese cariño en que suelen mirarse los buenos momentos de la infancia. Ese miércoles, al salir de recoger las maletas, me esperaba mi primera novia. El recuerdo es tan real que parece que la estoy viendo, sonriendo, vestida con sus pantalones y rebeca marrón, abrazándome y besándome. Es curioso, pero hace cierto tiempo que nadie me ha recibido así y, como pueden ver los lectores de este blog, viajes no han faltado. Aquel día, la visita a Bristol se quedó en una rápida mirada desde lejos, mientras que el autobús ponían rumbo a Swansea (Gales), donde ella estaba estudiando un año de beca erasmus.

Entonces la vida giró como tantas veces hace. Ese abrazo fuerte de bienvenida, o el que nos dimos de despedida en Swansea mientras tomaba un taxi a las 6 de la mañana, sin duda no nos hacían presagiar que aquello acabaría un par de años después. Tampoco que sería en otra estación -malditos lugares- donde pondríamos fin, de mutuo acuerdo, a un tiempo del que para nada me arrepiento. Sé, porque le sigo la pista aunque parezca no hacerlo, que su felicidad es un hecho: encontró la vida que buscaba y yo puedo asegurar que también.

En esta segunda visita a Bristol habían cambiado muchas cosas. En esta ocasión, viajaba en tren. A eso de las 12.00, con algo de retraso, llegaba a la estación de Temple Meads. Mas años sobre mí, más horas de vuelo (en todos los sentidos), más mujeres que han pasado por mi vida, amigos que me han abandonado y otros que he encontrado, una familia completamente diferente, algo (poco) de avance profesional... y un motivo distinto para pasar por la ciudad. En esta ocasión no me esperaba ninguna mujer: mi -ahora- amigo Paco Romero me aguardaba con su rostro paciente apoyado en una columna. Tomamos un taxi, cruzamos el río Avon, subimos las cuestas de la vieja ciudad, pasamos por la Catedral y llegamos a la Universidad. Me esperaban los miembros de su departamento, dispuestos a escucharme. Y echándole ironía al asunto: ¿no es acaso importante para un historiador o para un hombre sentirse escuchado, ya sea por una mujer, por un auditorio o por vosotros, oh lectores fieles de este blog? Sea lo que fuere, volveré a Bristol. Si me espera alguien es, por ahora, una incógnita.

Monday, January 21, 2008

La "tristeza" de este blog


Es curioso como todos queremos evitar hablar de sentimientos que provocan dolor como la tristeza, la soledad o la melancolía. En diversas ocasiones he escrito algún que otro post que, para qué negarlo, guarda un tono trascendente, reflexivo, y quizá en apariencia, demasiado serio. Agradezco enormemente que los que me rodean den un paso al frente, ya sea vía email, vía comentarios en este blog o incluso llamadas interesándose por mi ánimo. Pero, aviso a navegantes (web): estoy estupendamente.

Basta mirar atrás un año. Os aseguro que, cuando aterricé en Detroit tras las navidades, en un Michigan completamente nevado, a -20 bajo cero, y con un ánimo por lo suelos... sí lo pasé mal entonces. Me acuerdo que, incapaz de escribir posts, fotografiaba los árboles helados al no tener nada agradable que decir. Pero, ya fuese por el hielo, por la biblioteca en la que me encerré, las lecturas a las que me arrimé y, sobre todo, los amigos que hice... salí a flote.

Nada tiene que ver mi situación en Londres con aquellos días. Londres es una ciudad que se hace a sí misma, que se reconstruye a cada instante. Las vidas se cruzan constantemente y, si te agarras a una cara, a una conversación o (no ha sido el caso todavía) a un número de teléfono, puedes ver la ciudad otra vez en pie. El otro día, al salir de la biblioteca, conocí a una chica gallega que, tras pasar dos años en Francia, escapó de su tierra y vino a Londres para un año... ya lleva cuatro. Cuando le conté mi situación, me sonrió y me dijo que estaba claro que me quedaría mucho más de lo que pensaba. Trabaja en un casino de croupier y, en el tiempo que le resta, lucha por ser productora de cine e incluso trabaja de extra. En fin, vivo en una ciudad imposible donde la normalidad se ha convertido en la excepción. Afortunadamente.

Por todo ello, si mis posts huelen a serio, suenan melancólicos o a que estoy pasando un mal momento... quitaroslo de la cabeza. Escribo casi de corrido, esperando que lo que os voy contando sea como una conversación espontánea. No sesgo mis palabras, ni mis verbos, ni mis adjetivos. Y por eso en este blog hay momentos de tensión, de melancolía, de soledad, de tristeza, de explosión, de reflexión e incluso de aburrimiento. Mi vida, como la de todos vosotros, está llena de todas esas cosas. ¿No es acaso bueno hablar de ellas?

Tuesday, January 15, 2008

"Esta ciudad que habitas no es la tuya"


Vuelta a Londres. El sentimiento es raro. Algunas de las personas que estaban por aquí antes de navidad ya no están, ni seguramente volverán. Es como si la ciudad hubiese cambiado, como si fuese otra.

Me di cuenta de este sentimiento en el autobús del aeropuerto a Victoria Station. De madrugada, las calles estaban vacías; el conductor conducía deprisa, dando volantazos por las calles de Londres. Yo trataba de orientarme, de comprender por dónde íbamos. De repente, un cartel resuelve mis dudas: pasamos por un túnel bajo el Barbican Centre. Al salir de él, de forma fugaz, veo la pasarela sobre la calle que lleva a la estación de metro; súbitamente todo viene a mi cabeza: esa tarde visitando la exposición sobre el sexo en el arte, Carmina, Carmen y yo andando por esa pasarela, preguntándonos si teníamos fuego y huyendo del frío.

Este sentimiento era sólo el principio. Ayer vine a la Universidad, a la LSE. Entré en la biblioteca, fui al Instituto Cañada Blanch, comí en el comedor, tomé café en la cafetería del campus... Y todo sólo, con el móvil en el pantalón, sin vibrar o recibir una llamada que me arrastrase hacia el Covent Garden o cualquier otro lugar. Son los mismos sitios, son los mismos lugares... pero están vacíos, tienen menos vida. Es como si no hubiese estado nunca en ellos, como si no fuesen míos, como si no me perteneciesen.

Lo que vivimos aquí hace menos de un mes son días que no volverán. Y posiblemente es eso lo que los hace especiales. ¿Y ahora qué? Sin duda, mucho tiempo, cosas, sentimientos y oportunidades por delante. Pero también, al menos en este momento, se arremolinan en mi cabeza los versos de esa canción que advertía que "al lugar en que has sido feliz, no debieras tratar de volver".

Sunday, January 13, 2008

Canciones para escapar (III)

I've been down and
I'm wondering why
These little black clouds
Keep walking around
With me
With me

It wastes time
And I'd rather be high
Think I'll walk me outside
And buy a rainbow smile
But be free
They're all free

So maybe tomorrow
I'll find my way home
So maybe tomorrow
I'll find my way home

I look around at a beautiful life
Been the upperside of down
Been the inside of out
But we breathe
We breathe

I wanna breeze and an open mind
I wanna swim in the ocean
Wanna take my time for me
All me

So maybe tomorrow
I'll find my way home
So maybe tomorrow
I'll find my way home (3)

Wednesday, January 09, 2008

Mentiras democráticas

El 2008 ha entrado rápido, como un vendaval. Y en ese torbellino que nos lleva, los españoles nos hemos encontrado con una sorpresa. Este mes de enero hace coincidir los cumpleaños de nuestro rey, Juan Carlos I, y de su supuesto sucesor, Felipe. El primero ha cumplido 70 años. El segundo cumplirá 40 en un par de semanas.

No es este un post que pretende hablar de monarquía. Tampoco quiere ensalzar los valores republicanos que, por cierto, impregnan nuestra 'inmaculada democracia' sin que nadie parezca reconocer su origen. Por supuesto, en ningún sentido aspiran estas líneas a emitir juicios sobre la conducta moral y privada de nuestros monarcas, de todos conocida, entre otras cosas, por tener tan cerca Sierra Nevada. Es un post que quiere hablar de los medios de comunicación, de los discursos impuestos desde arriba y, sobre todo, de las medias verdades o, mejor, de las mentiras que pasan desapercibidas pero que son, en suma, mentiras.

Los medios de comunicación nos obligan a que la efeméride real no nos pase desapercibida. En prensa, radio y televisión asistimos al repiqueteo de entrevistas, felicitaciones personales al monarca (hasta el mismo Woody Allen se presta a una de ellas), reportajes... Televisión Española es líder en esta temática. O por lo menos, esta noche. Me he tragado, con todo mi pesar y con bastante dificultad, el 'especial monarquía' de TVE1. Mientras que mi madre y mis perros sucumbían al sueño, yo aguantaba el alud publicitario para escribir, ya agotado, este post.

Esta noche nada era casual en la programación. La inevitabilidad de la continuidad de la monarquía se hacía más evidente que nunca. Viendo las virtudes del monarca y su sucesor, sería imposible que no fuese así. Son un poso de valores humanos, de sentimientos, de inteligencia, de amor a la naturaleza, de apasionados por la familia, de formación humanística, de fe religiosa (aunque no se exprese), de modernidad, de democracia. Todo parecemos debérselo a ellos. Constantemente subyacía la idea de que el progreso del país era debido a la 'monarquía constitucional', de la que se ha llegado a decir que era el 'sistema más moderno y razonable de nuestro tiempo'. Reconozco que es un tema complejo, pero robar el protagonismo de su propia historia a la sociedad española me parece, además de un soberano robo, una soberana tontería.

Además, esta noche he echado de menos a un pequeño hombre. Pequeño pero que estuvo con nosotros casi 40 años. Por supuesto, hablo de Francisco Franco. Hoy ha sido el olvidado. Nadie ha parecido acordarse de que fue él quien a Juan Carlos en 1969. ¿Por qué se ha borrado este rastro?
Paradojas de la propaganda. Esta noche la sociedad española, la principal protagonista de su Historia y de la implantación de la democracia en España, no estaba en los televisores; también había desaparecido, borrado por los vientos de una Historia que no lo hace hoy demasiado presentable, el dictador Francisco Franco, del que es sucesor nuestro rey. Paradojas que esta noche escondían parte de la verdad, construyendo, con su ausencia, una mentira democrática.

Friday, January 04, 2008

La verdad de lo absurdo


Las navidades son un tiempo extraño. Desde hace años, ese supuesto sentido familiar, de recogimiento, de mirada al pasado... confieso que me atormenta por los cuatro costados. Para colmo, eso de volver desde cualquier parte para reencontrarme con todo lo que he dejado por aquí y, en breve, volveré a abandonar... genera en mí un sentimiento de absurdo, de descolocación.

Este año, de nuevo en navidades, han vuelto por tierras andaluzas nuestros amigos noruegos. Morten, Olav, Gayr y Stola estuvieron por aquí. Con la excusa de pasar tiempo con ellos y de enseñarles nuevos sitios de Andalucía, hemos estado varios días por ahí. En ese tiempo, a veces lo absurdo se encontraba con lo absurdo... y todo, huyendo de unas navidades en las que quizá nadie de nosotros quería pensar, de las que queríamos escapar. Absurdo como un noruego que habla español e incluso conoce chistes de 'Chiquito de la Calzada'; absurdo como un noruego que, en un bar de Carcabuey, rompe el record del pueblo bebiendo del porrón y, al día siguiente, se pasa el día arrastrándose; absurdo como un noruego que encuentra el placer más eterno en una conversación profunda, en hablar de lo humano (y también de lo divino); absurdo como un noruego que es un miembro más de una familia cordobesa; y absurdo como un noruego que, en el momento de la despedida, nos enseña su cara más humana emocionándose porque nos echará de menos. Seguramente todo eso, y mucho más, es nuestro amigo Morten Eikeland. Sin duda, uno de los tipos más peculiares que he conocido.

Absurdos días, absurdos hombres y mujeres y, por qué no decirlo, absurdos sentimientos que acorralaron mis últimos días del año... y también los primeros. Después de todo, lo absurdo se empieza a convertir en lo más auténtico y preciado de mi vida. Como esta fotografía: tres noruegos, un cordobés afincado en Moscú y un accitano profesor de inglés posan, cual grupo de rock n' roll, al atardecer del día de los Inocentes, en el Castillo de La Mota de Alcalá la Real. Verdades absurdas que nos hacen escapar de la monotonía y que nos hacen sentir vivos.

Wednesday, December 26, 2007

La crisis del churro español



Volvamos, después de tanto tiempo, a la política. Hablemos del orto y ocaso del 'churro español'. O, mejor, granadino.

Esta mañana, lluviosa en Granada, pasaba por una cafetería que anunciaba 'churros'. Me ha entrado el antojo y, a pesar de las comilonas navideñas, me he dicho a mí mismo en mi dialecto granadino: 'qué pollas'. Ahí estaba yo, en la barra de la cafetería, con el 'Marca' entre mis manos, tan feliz...

-'Un café y una de churros, por favor'
-'Mmmm... no tenemos churros', contesta con fingida pena la camarera.

Salgo de la cafetería de Solarillo de Gracia, comprendiendo que esto de los antojos es algo profundo y serio, nada exclusivo de las mujeres embarazadas. Y empiezo a pensar, ¿dónde me puedo tomar unos churros como Dios manda? Lógicamente, en la zona de Bibrambla o en el Café Fútbol... pero tengo coche y llueve a mares. Sigo pensando, tratando de localizar un sitio donde pueda encontrar el mítico churro español. Y comprendo, con tristeza, que el churro español -y por ende, el granadino- está en crisis.

¿Dónde conseguir un churro? ¿dónde comprarlos calenticos y mojarlos -también calenticos- en una taza de café o chocolate? Apesadumbrado, conduzco hacia casa. El antojo prosigue. No me puedo quitar la idea de la cabeza: que si churros por allí, que si churros por allá... Culpo de la situación a la pérdida de los valores tradicionales, a la invasión americanizadora, a la globalización, a gobierno del PP en Granada, a la monarquía borbónica y, por supuesto, a mi admirado Manuel Chaves. Mientras tanto, el olorcillo grasiento del churro, del churro auténtico, genuino y entrañable, sigue en mi cabeza.

De pronto, mi salvación. Al final del Paseo de la Bomba veo un pequeño kiosko metálico... ¡una churrería! Aparco en doble fila (cuando uno viene a Granada adopta también el deporte municipal por excelencia). Pido un kilo de churros. Churros de los buenos, de esos con 'garra, con fuerza, con maña' (pobre José Luis Moreno, si los pudiese tomar). Pensando en algo en que contaros, queridos lectores, entablo conversación con la churrera: Josefa, más conocida en el barrio como Fina. Tan fina como los churros que hace, nada pesados y harto entrañables. La suya es una vida dedicada a los churros. Churreando desde hace 19 años. Pagando un alquiler abusivo al ayuntamiento, es dueña de una de las dos únicas churrerías que quedan en Granada capital. Y que churros Dios, que churros. La fuerza del churro está con ella: confía en seguir luchando contra el avance de los tiempos y mantener su negocio. A pesar de la mole del edificio que le están levantando a menos de dos metros... del que a buen seguro recibirá pronto quejas por sus humos aceiteros y churreros.

Fina, los churros y lo genuinamente español me han alegrado el día. Volví a casa. Y churros para todos: para mi gente... y también para la tierna parejilla (Benja y Eva) que habita en mi antiguo apartamento. Ahora, mientras escribo este post, bien acompañado por un litro de agua, decido escribir este alegato-manifiesto en pro del churro español, una de las mejores cosas que tenemos y que hay que reivindicar. Larga vida al churro y a su tradición. Sin dobles sentidos, ojo.

Saturday, December 22, 2007

Cosas por decir y hacer en cualquier parte


La noche terminó con el grito de guerra de nuestro amigo Javier. Justo antes, "El Cigala" había decidido dejar el bar de flamenco del madrileño barrio de Lavapiés donde nos encontrábamos. Acompañado-apoyado por/en unos amigos/empleados, había salido a empellones del bar. Roberto, Javier y yo volvimos a casa tomando la calle del Olivar. Atrás quedaba un día extremo.

Había tomado el autobús a las 7 de la mañana desde Granada. Iba a estar en Madrid algo más de 24 horas, pero sería suficiente. Ahora o nunca: ver a algunos de los amigos de Michigan merecía el sacrificio (y sus consecuencias). Al llegar a Madrid sobre el mediodía, no me pude contener: me pasé por un archivo y hasta me traje alguna documentación.

Javier me esperaba en Plaza de Castillla. Nada había cambiado. Los años no pasan por él. El mismo peinado, la misma barba bohemia, su chupa de cuero vintage, su mochila de las tardes de café y trabajo en Ann Arbor... y su inconfudible tabaco de liar. La nueva bufanda señalaba la entrada de alguien nuevo en su vida. Tuvimos toda la tarde para ponernos al día: primero unas rápidas cervezas, después el almuerzo con su madre, y por la tarde, la visita a la exposición de Paula Rego en el Reina Sofía. Siempre falta tiempo con Javier. Conversar con él es uno de los mayores placeres que uno puede encontrar. Te mira con sus ojos templados en casas ocupas, bares de Mallorca, sindicatos revolucionarios, poesía de Leopoldo Panero, años en Lavapiés y miles de lecturas de filósofos, literatos o poetas más o menos malditos.

Al rato nos encontramos con otros amigos suyos y, el que faltaba, Roberto. Acababa de aterrizar desde Michigan. Es un burgalés arrepentido de ser castellano, hace tiempo historiador y ahora no se sabe muy bien qué, dedicado al estudio del nacionalismo español. Es de esas personas que, tras una apariencia de normalidad, esconde una inteligencia que ni él mismo acaba de creerse, una integridad fuera de lo común y, por qué no decirlo, un gusto por el buen vivir y la buena compañía.

Disfrutamos esa noche. Pocas veces uno encuentra la oportunidad de hablar de las diferencias entre Laclau y Zizek, "Numax Presenta...", documentales, cine, Ortega y Gasset y su "España Invertebrada", etc. Cuando volvía a Granada, a eso de las 9 de la mañana del día siguiente, pensaba en qué nos unió el año pasado a los cinco amigos de Michigan (faltaban Sergio, en Ann Arbor, y Eduardo, en Vancouver). Como decía Roberto sobre nosotros mismos, "aquí el que menos está como una cabra". Es difícil explicar o entender qué nos une y que me hace echar tanto de menos aquellos días. Todavía me lo pregunto, pero el caso es que nuestra amistad funciona y que, sin duda, nos quedan muchas cosas por decir y hacer.

Tuesday, December 18, 2007

Castillo Rojo

Hoy me ha costado un mundo levantarme de la cama. Finalmente, a pesar del frío de mi habitación, me he dirigido hacia la ducha, he saludado a mi madre, a mis perros, y he bajado a desayunar. La casa olía a frío granadino, a ese clima tan particular, seco y cortante con el que he crecido. En el aire todavía persistía el olor de mañana, ese olor de las cosas íntimas y familiares, espeso y lleno de recuerdos.

Mi gentil hermana había cumplido su promesa y tenía la moto a mi disposición. Abrigo y bufanda enfundadas, me puse en marcha hacia la facultad. Tomo el camino del Realejo: los típicos atascos por el antiguo barrio judío. Escapo con algunas direcciones prohibidas y, finalmente, llego a la Plaza Isabel la Católica, presidida por la estatua de la señora atendiendo al mismísimo Cristóbal Colón. La mayestática figura de esta reina a las puertas del barrio que, en 1492, mandó destruir hasta sus cimientos tras expulsar a los judíos, siempre me ha parecido un monumento a la paradoja.

Le doy la espalda a la modernidad, dejo a un lado la Gran Vía y la calle Recogidas... y tuerzo hacia Plaza Nueva. Sin semáforos, sin tráfico, casi atropellando a los turistas y al mismo frío, conduzo deprisa junto al Darro, el río sepultado de Granada. Cruzo el Paseo de los Tristes, a los pies de la Alhambra, al otro lado del río. Subo con dificultades la cuesta del Chapiz, y giro hacia el Sacromonte. Subo por la "Verea Alta", paso por la cueva de "Chorrojumo", una vez rey de los gitanos... y llego a mi destino. Aparco. Bajo de la moto. Me quito el casco. Respiro y miro al silencio. Al silencio de un edificio que ha estado allí desde hace siglos, viendo como todos pasamos y él, de ladrillo y adobe, sigue por encima de nosotros. Cuando estoy lejos siento como si estuviese aquí, esperándome, susurrándome una vuelta a esta ciudad que tiene lo mejor y lo peor del mundo.

Sunday, December 16, 2007

Farewell and goodbye

And love is not the easy thing
The only baggage you can bring...
And love is not the easy thing...
The only baggage you can bring
Is all that you can't leave behind

And if the darkness is to keep us apart
And if the daylight feels like it's a long way off
And if your glass heart should crack
And for a second you turn back
Oh no, be strong

Walk on, walk on
What you got, they can't steal it
No they can't even feel it
Walk on, walk on
Stay safe tonight...

You're packing a suitcase for a place none of us has been
A place that has to be believed to be seen
You could have flown away
A singing bird in an open cage
Who will only fly, only fly for freedom

Walk on, walk on
What you got they can't deny it
Can't sell it or buy it
Walk on, walk on
Stay safe tonight

And I know it aches
And your heart it breaks
And you can only take so much
Walk on, walk on

Home...hard to know what it is if you never had one
Home...I can't say where it is but I know I'm going home
That's where the heart is

I know it aches
How your heart it breaks
And you can only take so much
Walk on, walk on

Leave it behind
You've got to leave it behind
All that you fashion
All that you make
All that you build
All that you break
All that you measure
All that you steal
All this you can leave behind
All that you reason
All that you sense
All that you speak
All you dress up
All that you scheme...

Wednesday, December 12, 2007

Melancolía y plantas eléctricas / Mellon collie and power plants

Última semana en Londres. Y estamos en diciembre. Es el mes de la melancolía. Melancolía por todas partes.

Miro hacia atrás. Un año atrás. Me recuerdo en Ann Arbor, con los amigos de entonces y ya de siempre. No sé cómo los he recordado tanto durante este tiempo. Michigan parecía ser una tierra un poco aburrida, poco especial... pero los tengo todo el tiempo en mi cabeza.

Todo viene y todo se va. Pero siempre queda algo en nosotros. Es lo que pienso cuando paso, todos los días, por la 'Battersea Power Plant'. Es enorme. Es impresionante. Es una vieja planta de electricidad junto al Támesis. Toda una joya de la arquitectura industrial. Y todo un icono del rock: Pink Floyd la utilizó en uno de sus discos, pero con un cerdito inocente y provocador volando sobre ella. Hace tiempo generaba energía, daba vida a la ciudad. Al otro lado del río, suplía de electricidad al barrio de Chelsea, Fulham... o al mismo Buckingham Palace. Hoy no es más que una mole inmóvil, hueca por dentro. De día, cuando la observas desde el vagón de tren, no puedes dejar de mirarla, te atrae... de noche, se siente su presencia inmóvil.

La semana acaba. Estos tres meses han sido fantásticos. El mundo no deja de sorprenderme: he vuelto a disfrutar de la compañía y el conocimiento de gente muy especial. Y hasta me he atrevido a sentir cosas y a no quedarme parado o inmovilizado. Muchas de estas personas no volverán después de navidades. Pasarán otra vez al recuerdo. Pero algo me quedará de ellas. Serán para mí como la gigantesca 'Battersea Power Plant': un mundo que ha pasado... pero que está ahí, esperándome, haciéndome recordar que el tiempo no espera a nadie y que, por qué no, quizá algún día puede volver a ser puesta en marcha y dar luz otra vez.

Friday, December 07, 2007

Cosas que hacer antes de morir

Quizá sea un poco macabro el título de este post. Pero las preguntas, como el discurrir del tiempo, vienen solas. Supongo que un acontecimiento como la presentación de un libro te hacen plantearte cosas así: mirar hacia atrás, a lo recorrido... y mirar al futuro.

¿Qué me queda? Todo. Resta en mi vida alcanzar algunos sueños (muchos) que tengo por delante: encontrar a alguien con quien compartir el tiempo, que a mi familia llegue por fin la paz, que mi hermana se convenza de que vale más que yo, que a mis amigos les vayan las cosas bien y, puestos a soñar, cambiar aunque sea en un milímetro el rumbo hacia donde va el mundo. Son cosas que debo hacer antes de morir. Cosas, seguramente, inalcanzables. Pero son metas que me mantienen vivo. Al menos por el momento.

Pero "al volver la vista atrás", tengo mucho en mi haber. Y prueba de ello fue la presentación del otro día. Más que en el libro en sí, pensaba en los que estuvisteis allí acompañándome; pero también en todos los que no estuvisteis pero, de una u otra forma, estábais. Y soy afortunado.

Tengo grandes esperanzas en el futuro. Espero que las líneas de los días que me quedan no se tuerzan demasiado pronto. Tampoco quiero una vida con una caligrafía o renglones perfectos. Sea lo que sea, el tiempo es mío, y también de todos los que me acompañáis. Gracias.

Monday, December 03, 2007

Presentación de librico


Buf. Aunque parezca mentira hasta ahora no he tenido tiempo de avisar. Bueno, esta tarde, a las 21.00 en el bar ENTRESUELO de la ciudad de Granada, presentaré mi librillo "Hambre de Siglos. Mundo rural y apoyos sociales del franquismo en Andalucía Oriental (1936-1951)". Intervendrá Miguel Gómez Oliver, uno de mis directores de tesis y persona muy cercana. Aquí tenéis la invitación con todos los detalles.

Toda persona que lea este post, por supuesto, está invitada. Me encantaría ver a todos los anónimos que escriben en este blog. Después se celebrará el evento con un vinillo español, cerveza, sangría y algo de comer. Nos vemos pues.

Monday, November 26, 2007

Heterogéneo


Ya en Granada. Pero estoy molido. Varios días de despedidas, cervecitas, actividades, viajes... y bienvenidas, cervecitas, actividades... y Congreso, que empieza ahora. El jueves fue genial. Un buen ejemplo de las oportunidades que te ofrece Londres y, peloteo aparte, la gente que he encontrado allí.

Carmen, Carmina y yo fuimos a una exposición sobre el sexo en el arte. Ni que decir tiene: interesantísima. No sé que era mejor, si las obras de arte (algunas de Picasso o de Bacon), conocer otras culturas (los sexos de los japoneses nos dejaron impresionados), las "performances" en vivo con tiíllos desnudos con las pelotillas apoyadas en el frío mármol, o los comentarios entre nosotros... después escapamos a la zona del Covent Garden. Y por supuesto: pintas. De ahí está tomada la foto. Nos acompañaron Yen, mi malayo compañero de piso, y James, amiguete de Hong-Kong. Estuvimos en la gloria. Ya sabéis que con un par de pintas (o una), el inglés sale a borbotones. Tras secuestrar a Carmen un poco más, la acompañamos al metro los chinos y servidor, como siempre, justo antes de que cerrase. Luego James nos llevó a un restaurante koreano barato y que acababa de descubrir: acabé la noche hablando con dos chinos, con un camarero koreano (del sur) contándonos su vida, y comiendo cosas de las cuales sólo conocía el arroz.

3 horas de sueño, maleta, puerta, tren... y al aeropuerto de Heathrow. Ni que decir tiene que casi pierdo el avión. Luego Madrid, después Granada, familia, amigos, perros y cañas con tapas. También Chivas 18 años en casa de Alex. Confesiones y reconciliaciones. El sábado, más bienvenidas. Mi compañero Antonio, hermano de Carmen (la del sexo, en fin, exposición), se plantó en Granada. Al final las cervezas y el poco sueño pasaron factura: el sábado empecé a sentirme mal del estómago. Domingo: madrugón (otra vez). Acompañé a (otra) Carmen (¿qué me pasa con las cármenes?) a una misa gregoriana en la Capilla Real, frente a la tumba de los Reyes Católicos. Al terminar, me sentía cada vez peor. Se ofreció invitarme a desayunar. Cuando caminábamos por la puerta de la catedral, la blasfemia ocupó su lugar: vomité junto a la puerta.

En fin, cómico, trágico, sentido, humor, amistad, viaje, despedida, bienvenida, Granada, Londres, hombres, mujeres, chinos, españoles, pintas, cañas y vino... hoy me despierto y, antes de salir a la facultad, me confieso a mí mismo lo afortunado que soy y, de paso, me pregunto si podré renunciar a todo lo que estoy viviendo. Y también de paso, caigo en que siempre me sale la vena existencial escribiendo posts...

Tuesday, November 20, 2007

Mi personaje (III)


Siempre había concebido la Historia como algo ajeno, algo estudiado desde la distancia. Los personajes del pasado eran eso, espectros que habían muerto para nunca volver, objetos de estudio de laboratorio que, al igual que una célula cualquiera, podían ser tratados de forma aséptica e independiente. Pero cuando la Historia se cruza con el presente, todo eso salta por los aires.

Sucedió hace un par de domingos. Conocí a Lucila, la hija de mi personaje: Carlos Posada, el autor del "Diario de la revolución y de la guerra civil" en el que estoy trabajando.

Llegué tarde al barrio de Chelsea. Salí apresurado de la parada de Earl's Court. No encontraba la casa. Recibí una llamada de Carlos, nieto de Carlos Posada e hijo de Lucila. Primero escuché su voz por primera vez: me había perdido. Finalmente di con la casa cuando, a mi espalda, no se como alguien con acento inglés me gritó: "¡Miguel Ángel!". Era Carlos. Dios santo, sus rasgos eran los de su abuelo: alto, labios pequeños y fruncidos, menton pronunciado... todavía me pregunto cómo me reconoció. Me esperaba más mayor, según confesó.

Entramos en la casa. Lucila, de más de ochenta años, nos estaba esperando. Había preparado algo de comer, y después nos invitaría a tomar el té. La primera impresión fue de cercanía, de cariño. Confieso que me dieron ganas de abrazarla: tener en mis manos al diario de su padre, transcribirlo, conocer sus más profundos pensamientos... me hacía sentir tan cercano, tan parte de su pasado... sin haberla conocido hasta entonces.

Tras el partido, volvimos a tomar el té. Mi primera impresión sobre Lucila se potenció aún más. Nos sentamos junto a una mesa baja. Carlos en el sofá. Yo en un sillón inglés bajo. Y ella frente a nosotros. Comenzamos a preguntarle por su pasado, por su padre, por su madre, por la huída de Madrid, por la llegada a Valencia, por las iglesias quemadas, por la llegada a Francia, su vida en San Juan de Luz, su vuelta a España, el encarcelamiento de su padre, las visitas a la cárcel, la vida de posguerra... Creo que Lucila se encontraba cómoda. Carlos estaba impresionado de que no se emocionase. La Historia, más que nunca, se cruzaba con la memoria: hablaba de sucesos que yo había conocido por su padre, de su primer amor en San Juan de Luz, de las dos averías del coche tratando de huir de España, de la depresión de Carlos Posada... Era raro preguntarle sobre pensamientos que su padre vertía en el diario... y que ella no conocía. Me sentí rodeado del pasado, combatiendo por traerlo al presente y que suponga algo para el futuro.

Y por supuesto, esa generación. Lucila estudió en la Institución Libre de Enseñanza. Nunca había conocido a nadie que lo hubiese hecho. Me impresionó. Al ver su humanidad, su impresionante educación, su naturalidad, su dignidad y su sentido de justicia, comprendí el sueño de ese grupo de hombres que pensaban que la educación podía cambiar un país. Que oportunidad perdió España desperdiciando a esta generación.

Una y otra vez, cuando trabajo sobre este tema, me pregunto por qué me atrae tanto. Al fin y al cabo, puede ser una mera historia personal. Quizá es que ha llegado a ser tan personal que eso es lo que importa: rescatar la historia de una generación que fue pulverizada por la guerra es como rescatar la mía propia. El olvido es muerte y la memoria es vida. Mientras que escribo esto, recuerdo el escritorio de madera de Carlos Posada que, al fondo de la habitación, nos acompañaba en la conversación mientras guardaba en sus cajones los cuadernos del diario con el que toda esta historia comenzó.

Saturday, November 17, 2007

¿Qué tiene este hombre, que a todos nos guía?


Según informa 'El Mundo', el Comité Federal del PSOE ha vuelto a proclamar a Manuel Chaves como candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía ('El País' no da la noticia). Por sexta vez consecutiva optará a la presidencia de nuestra querida autonomía. Realmente, estoy contento. Estoy contento de tener un líder tan carismático, tan socialista y tan demócrata al frente de la política de mi comunidad autónoma. Hoy, puedo compartir las palabras de Zapatero: "qué tranquilos y confiados nos sentimos con que Chaves sea otra vez candidato". Sobre todo porque Chaves, ese hombre, "representa una de las mejores maneras de ser y estar en el proyecto del socialismo democrático de los últimos años, de las mejores maneras de gobernar y de orientar Andalucía".

Que suerte tenemos los andaluces. Nosotros, ignorantes y torpes, somos tan incapaces que necesitamos a una figura tan democrática y sobresaliente como Chaves, prueba de una ideología socialista sin límites, para que nos guíe en nuestros destinos. Nadie es capaz de aportar algo, de sucederle... porque el es tan imprescindible... Por eso, oh, amigos, yo exclamo: ¡Larga vida a Manuel Chaves! Que suerte tener el mismo presidente desde 1990, desde hace 17 años. Que gozo, qué placer tenerlo con nosotros 4 años más: en total serán 22.

Cuando otros 'barones' del PSOE como Rodríguez Ibarra o José Bono, cobardemente, se han retirado, Manuel Chaves sigue ahí, al pie del cañón, incólume. El es el 'centilenela permanente' que vela por nuestros destinos (creo que alguien decrépito dijo esto de sí mismo en sus últimos años de vida, allá por la primera mitad de los años 70... pero no recuerdo quien). Y quiero que lo siga siendo: tengo 29 años y no guardo recuerdo de otro presidente en la Junta de Andalucía. Estoy aterrado: ¡no debemos cambiar! ¡Gracias Manolo, no nos dejes, nos nos abandones!

Me siento feliz. Feliz porque alguien, desde arriba, dirija mis destinos. Feliz porque veo que la democracia funciona. Feliz porque Chaves volverá a ser elejido, porque nuestra democracia es grande, porque la Transición fue impecable, porque las listas abiertas en los partidos son una tontería y porque la renovación en el poder lo es todavía más. Y claro, también, porque Andalucía es maravillosa y tenemos sol. Sonriamos todos con la papeleta en la mano.

Wednesday, November 14, 2007

Chelsea-Everton

El fin de semana me dejó fatal, decía la horrorosa canción de Mecano. Y así fue. El sábado nos colamos en una fiesta (sigo con Mecano) en algún lugar del Este de Londres, en el antiguo ayuntamiento de Limehouse. Era una fiesta anarquista, donde paradójicamente los asistentes íbamos disfrazados de "putos ricos capitalistas" (así rezaba la invitación), se vendía absenta, (y no coca-cola, como en las canciones de Mecano) había música en directo y, sorpresa, dejaban fumar dentro del edificio.

Pero al día siguiente, fútbol. Siempre había querido asistir a un partido de fútbol inglés. Me levanté -como pude- y me planté en el barrio de Chelsea. Quedé con Carlos, el nieto de mi personaje, y nos dirigimos al mítico estadio Stamford Bridge... no sin antes tomar una cerveza tradicional a las 1 de la tarde en un pub cercano. Aunque el estadio era pequeño, el ambiente era impresionante. Jugaban Chelsea y Everton. Por supuesto, los seguidores del Everton estaban arriconados en una grada. El resto del campo era una marea de hombres azules gritando. Y sí, digo hombres, pues el 95 por 100 de los asistentes encajaban en el perfil: "hombre de 30-50 años, con tripa (mucha), barba incipiente, gritones, y algunos rosados". No vi ni una sola mujer.

El ambiente era maravilloso. Carlos, fan desde niño del Chelsea, vibraba. Yo superaba la resaca y trataba de hacer comentarios en el país donde se inventó el fútbol. Pero para colmo, mi boca no dejaba de cerrarse y abrirse: no paraba de bostezar. Carlos me miraba extasiado: "¿Pero a ti no te gustaba el fútbol?", pensaría.

Finalmente el Chelsea se adelantó con un gol de Drogba... sin embargo, en el último minuto, el Everton empató. El público desalojó sus asientos al terminar el partido, cabizbajos y sin insultar al árbitro (es curioso como aquí no parecen acordarse tanto de la madre de los referees). Pero los más tristes tuvieron que ser los dueños de los pubs de alrededor que, ese domingo, no se llenaron. Nos dirigimos entonces a casa de Lucila, la hija de mi personaje.

Tuesday, November 13, 2007

Friday, November 09, 2007

Mi personaje (II)


En agosto pasado ya informé de mis relaciones con mi personaje. Era hijo de un famoso jurista español. Fue educado en la Institución Libre de Enseñanza, viajó al extranjero para ampliar sus estudios y, en 1921, consiguió colocarse como funcionario del Congreso de los Diputados y del Instituto Nacional de Previsión.

Fue un hombre liberal y culto. Apoyó a la II República en 1931, el primer intento de democracia en España. Llegó a ser secretario e íntimo amigo de Julián Besteiro, militantes socialista y presidente de las Cortes que elaborarían la constitución que, por fin, consagraba el sufragio universal masculino y femenino en España.

De posición acomodada, la Guerra Civil le sorprendió en Madrid. El y su familia dejaron su casa. Sintiéndose perseguidos, viajaron a Valencia con el gobierno de la República y, en enero de 1937, escaparon a Francia. Tras pasar ocho meses en San Juan de Luz, mi personaje volvió a España, en este caso, a la "España nacional". Intentó recuperar su vida, ser repuesto en sus cargos. Sin embargo, el naciente régimen de Franco le respondió de forma inesperada: pasó por la cárcel de San Sebastián, donde escribía cartas tranquilizadoras a su esposa; y nunca consiguió ser repuesto en su puesto de funcionario. Al terminar la Guerra Civil, era un hombre entre dos Españas, hundido, sin ganas de vivir.

El franquismo nunca le perdonaría. Tan sólo en 1943 conseguiría recuperar un puesto en las ahora flamantes Cortes franquistas. Pero fue tratado como un vencido: tuvo que consolarse con un trabajo menor de bibliotecario, con un sueldo mucho inferior al que entonces gozaba. Nunca consigió levantar cabeza. Murió en 1948, tras ser intervenido por un cáncer en el estómago, en una clínica madrileña.

Mi personaje tuvo una hija. A la muerte de él y de su madre, escapó de España. Llegó a Londres, donde comenzó a trabajar como enfermera en un hospital cercano donde, casualidades de la vida, hoy escribo este post. En 1953 contrajo matrimonio con un hombre inglés, con el que tuvo varios hijos. Uno de ellos fue el que confió en mí para que leyese, transcribiese y estudiase el diario de mi personaje, redactado durante la Guerra Civil.

Historia y memoria se encontrarán este fin de semana. El nieto de mi personaje me invitará este domingo a ver el fútbol (Chelsea-Everton). Después, iremos a su casa, donde su madre, la nieta de mi personaje, nos preparará un té. Me toparé, cara a cara, con los ojos de una historia que no ha acabado y que enlaza con nuestro presente. He tenido que venir hasta aquí para encontrarme con una memoria histórica que, un día, tuvo que escapar de una España que no le otorgaba voz alguna.

Monday, November 05, 2007

Mi barrio: West Norwood


Vivo en algún lugar al sur de Londres. Calculo que a unos 20 kilómetros de la zona de Covent Garden, para hacernos una idea. Es un sitio peculiar. Desde luego, tiene poco que ver con barrios adinerados como Chelsea, Knightsbridge, Kensington o Notting Hill. Cuando se cruza el Támesis hacia el sur, comienza lo castizo de esta ciudad. Uno se encuentra con Brixton, uno de los barrios más variopintos (y peligrosos). Aunque algunos se empeñen en afirmar que el centro de Londres está en Picadilly, podría estarlo allí: se dan los mejores conciertos de rock, se sirve la comida más barata (la calidad es otra cosa), tiene un mercado célebre, pasan numerosos autobuses... pero no tantos como razas y culturas como se pueden encontrar por esas calles.

West Norwood está todavía más al sur. No es un barrio deprimido, pero tampoco lo contrario. Diríamos que es una zona de clase media-baja. Tiene el aspecto de un pequeño pueblo que hoy se ha visto desbordado: la iglesia ya no está en uso, está siendo reformada, y pervive casi arrinconada entre los árboles, en una pequeña colina. Junto a ella, perviven los restos de un teatro de ladrillo, por supuesto, abanadonado. También tiene un cementerio, uno de esos con cancelas ennegrecidas, con musgo, con lápidas ladeadas, donde el verde cubre las losas, los mármoles y los árboles. Un cementerio donde nunca va nadie.

También en West Norwood tenemos biblioteca, aunque nunca la he visto abierta. Abundan los restaurantes de comida rápida; en cambio, no hay pescaderías ni carnicerías: todo una señal del nivel de vida de los residentes en la siempre cara Londres.

Pero West Norwood está unido con el mundo. Tenemos una estación de tren, e incluso algún autobús que va al centro. Desde luego, las pendientes en las que se encaja mi barrio están lejos del centro: a la noche, tras pasar por las barras de los pubs el centro, el mítico autobús nocturno (N2) vuelve cargado de personajes como yo que, en ocasiones, duermen sobre el cristal y se pasan la parada, marchando hacia algún lugar hacia el sur.

Pero West Noorwood es un sitio tranquilo. Aunque el otro día, vestido de conde Drácula, me pidiesen dinero a la puerta de casa en la noche de Halloween ("¡No me muerdas!", me dijo el presunto... antes de pedirme 3 pounds).

Y por supuesto, tenemos pubs. Algunos con nombres peculiares. Nombres que dejan claro que mi barrio tiene carácter, que está entre el Londres oficial y el Londres heterodoxo. En mi calle hay dos. Uno es "La reina gitana" (The Gipsy Queen), aunque está abandonado. El otro tiene un nombre poético porque, para colmo, está junto a la estación: "La Esperanza" (The Hope). Nunca he entrado, pero por él parecen vagar personas de avanzada edad, bebiendo cerveza, desgastadas por las horas de trabajo y de viaje de esta ciudad. Quizá esperan a tomar la última antes de tomar el tren a cualquier lugar.