Tuesday, September 02, 2008

Capaces de todo



Este fin de semana estuve por Coventry, en la casa de mi amigo Peter. Coventry es una ciudad hecha pedazos. El 14 de noviembre de 1940 la Luftwaffe alemana llevó a cabo uno de los primeros bombardeos masivos sobre una ciudad: su intención era reducir a cenizas a la ciudad al completo. Coventry era por entonces una pequeña ciudad medieval, donde se encontraban algunas fábricas de la industria automovilística inglesa.
La nueva Coventry, llamada 'la ciudad de la reconciliación', es horrorosa. No queda nada del pasado. Tan sólo los ahora viejos edificios de posguerra, levantados en cemento visto, con cristales desgastados y marcos metálicos ya de otro siglo.
La catedral gótica merece la pena. Data del siglo XIV. Pero de ella sólo quedan sus muros. No hay techo, no hay bóvedas, no hay arcos. Sólo una alta torre clavada en su ángulo, y unas vidriras ausentes en unos vetustos muros de piedra.
Junto a ella, la nueva catedral, al orden de los tiempos. En una pequeña sala, el horror que no debe ser olvidado: fotos de las gentes masacradas por las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Cuerpos quemados. Carnes desprendiéndose de los huesos y muerte.

Al día siguiente, cruzando esos preciosos campos de las 'Midlands', fuimos a Stratfod-upon-avon, ciudad natal de Shakespeare. Todavía conserva el carácter de algunas casas medievales, estilo Tudor, y de algunas calles angostas. Allí está la tumba del poeta inglés. Fue tan grande que todavía nos queda en la memoria, e incluso a su muerte tuvo el privilegio de ser enterrado en la sacristía de una iglesia junto al río, en suelo sagrado.
Los seres humanos somos capaces de todo. Podemos destruir millones de vidas apretando un botón, en el tiempo que tomamos una taza de café o incluso menos. O podemos escribir obras donde vertimos toda nuestra naturaleza: nuestro egoismo, nuestra maldad, la lucha por el poder, nuestra capacidad de amar, nuestra avaricia y, en definitiva, todo lo que somos. La grandeza y la miseria de nuestra especie, capaz de crear brillo y horror interminable. Pero hay algo cierto en todo eso: cuando nos aupamos a la técnica, cada vez son más los que pueden apretar un botón y masacrar a millones de personas, cada vez son más los que podemos utilizar un ordenador como yo ahora mismo, o incluso construirlo. Pero siempre serán pocos, o excepción, aquellos capaces de crear belleza, de construir ideas, de transmitir mensajes que duren para siempre y que cambien en el mundo.

Tuesday, August 26, 2008

Nombres


Nuestros nombres son de las cosas más casuales y definitivas que encontramos en la vida. Casual porque no depende de nosotros: en todo caso de la voluntad de unos padres, de un suegro o una suegra. Y definitivo porque nos acompaña hasta la muerte: esas letras van en nosotros desde que salimos del paritorio hasta que volvamos a posarnos en la tierra. Su pronunciación traerá reacciones, provocará imágenes y sonidos.

Pero aún así, la voluntad de los padres a veces se ve doblegada. Nos dan un nombre. Nos imponen cómo seremos llamados. Pero la vida y los que nos rodean reformulan o vuelven a moldear nuestro nombre. Así, a veces, llegamos a tener varios.

Tengo, a grandes rasgos, tres nombres: Miguel Ángel, Migue y Miguel. A grandes rasgos porque no cuento con otros calificativos, no menos importantes (Chillo, Migui, Miki, Miquele... y por supuesto, Bobby). Tres nombres que han barajado mi vida y la gente que ha pasado o pasa por ella. Nunca entendí por qué escogían uno u otro. Y cuando me preguntaban cómo quería ser llamado... la verdad es que no sabía qué decir; solía dar a escoger entre este pequeño abanico de nombres.

Tener tres nombres se ha convertido en algo natural. Tanto que me siento interpelado con igual fuerza por cualquiera de ellos. Además, a día de hoy no podría decir quién me llama de una forma u otra. Aunque sin duda, existen tendencias: Miguel Ángel es preferido por mi familia y por algunos amigos, es mucho más imperativo y quizá presentable; Migue es mayoritario en los amigos del sur, y tiene un tono más coloquial y juvenil (nunca viene mal); y Miguel siempre ha sido algo del norte, de fuera de Granada.

Miguel fue el último nombre en llegar. Comenzó a sonarme bien en Michigan. Todos me llamaban así. Fue como ser rebautizado. Empezar de nuevo a 10.000 kilómetros de distancia. Esta tendencia ha proseguido en Londres y, por supuesto, también en Madrid. No renuncio a mis otros dos nombres, pero confieso que con Miguel comienzo a encontrarme, es más mío. En todo caso, quizá la belleza o el acierto de los nombres no resida en ellos mismos, sino en aquellos que los pronuncian. ¿Están, queridos lectores y lectoras, de acuerdo?

Tuesday, August 19, 2008

Latest news: the last round


Finalmente tomé la decisión: me quedo con el pequeño piso con vistas a la Alhambra. Está medio cavado en la roca, cerrado por rejas de forja granadina sobre una pared de mortero blanca. Dentro, el frescor del verano y la calidez del invierno necesaria para empezar una nueva vida. Fuera, la Alhambra y Granada a mis pies. Tranquilos lectores, ya ofreceré fotos y cenas de bienvenida a todos vosotros. Anonymousgr, ¿te atreverás a venir?

Más cambios. Ahora estoy en Londres. Llegué la madrugada del domingo al lunes. A las 4 de la mañana estaba en Victoria Station. Y cómo no, llovía a mares. Corriendo con mi maleta, en manga corta y con la garganta palpitando, perdí el bus nocturno por los pelos. Tras esperar, con la ropa y el corazón calado en la marquesina de la parada, conseguí coger un "double decker" a las 4.20. Al llegar a casa, me esperaba, como siempre Yen. Y es que, aunque muchas cosas han cambiado, en Londres y en West Norwood me encuentro como en casa. Nos pusimos al corriente con sendos vasos de agua.

Ayer... convaleciente en casa. Trancazo importante. Sedado con ibuprofeno. Pero eso no me impidió degustar el pescado con berengena con salsas raras-chinas de Yen, amén de esa botella de Rioja que sobrevivió al viaje. Había tanto que contar...

Otra vez aquí. Dejar de hacer maletas será difícil. Hasta entonces... último round antes de volver a empezar.

Tuesday, August 05, 2008

Buscando casa en Granada


Después de Michigan y Londres, comienza a llegar la hora de volver a casa. 30 años recién cumplidos. Un trabajo a la vista. Y una estabilidad en la vida que aterra. Pero ha llegado el momento definitivo: es hora de independizarse.

Cuando le comuniqué la noticia a mi madre la entendió como una traición. Esperaba al día de mi boda para que saliese de casa. Pero si no lo hago ahora, ¿cuándo?

Los genes tienen el misterio de lo ajeno que nos es propio: tomamos decisiones y anhelamos cosas que eran propias de nuestros padres, pero de repente pasan a ser nuestras. El caso de la vivienda es un buen ejemplo.

Cuando mis padres llegaron a Granada en 1983 soñaban vivir en un carmen en el Albayzín. Nunca lo hicieron, pero en cambio vivirían en la casa en la que he pasado casi toda mi vida. Hoy, en agosto de 2008, en el momento de volver a aterrizar a Granada, su hijo resucita su sueño haciéndolo propio: quiero vivir, por todos los medios, en el Albayzín.

Ya sé que es incómodo, ya sé que hay cuestas, ya sé que no hay grandes supermercados, ya sé que incluso puede ser peligroso, que casi no llegan los coches. Pero qué vamos a hacerle, soy amante de los retos, de lo imposible y de cualquier cosa en la que merezca la pena creer.

Bajo los más de 40 grados granadinos, llevo dos días viendo pisos y apartamentos. Estoy en una encrucijada: ya tengo dos apartamentos candidatos. Espero que el buen tino de mis lectores me ayude a decidirme. La situación es la siguiente:

1. Piso de unos 70 metros cuadrados en la parte alta de la cuesta del Chapiz. Calidades estupendas, a estrenar, cocina integrada en un salón muy amplio, mucha luz, dormitorio de matrimonio, dormitorio pequeño, baño de tamaño medio... y vistas al Generalife. ¿El problema? El precio: 600 euros + 30 euros de comunidad + luz y agua (casi unos 700 euros mensuales). Es una maravilla pero uno se pregunta: ¿me encierro en una jaula dorada de la que no pueda salir? ¿Se acabaron los viajes, los libros y los discos?

2. Piso bajo un carmen en la cuesta de las Tomasas. 45 metros cuadrados. Despensa, baño pequeño, cocina pequeña, salón y dormitorio de matrimonio de tamaño medio. Calidades buenas. 550 Euros todo incluido. Caseros de confianza y un detalle: con tres ventanas al exterior, veo la Alhambra desde la Torre de la Vela hasta el Generalife. No hay antenas, no hay casas, no hay árboles entre mi posible cama y ella.

¡Oh dilema! Decidme, oh lectores, cuál es la mejor opción: optamos por la comodidad y el lujo, con el peligro de encerrarnos en unos gastos que no nos hagan libres; o por algo más pequeño y humilde, con el brillo de la Alhambra ante mis ojos todos los días.

Vivir mirando a la Alhambra me da miedo. También habitar en las calles del Albayzín. La mayoría de los caseros con los que he hablado llegaron al barrio y nunca se fueron. Temo llegar al Albayzín, y también a Granada, y encadenarme a la Alhambra, a su vista, a su luz, a sus tardes, a sus colores de turbión o de tormenta... encerrarme y no volver a salir jamás.

Tuesday, July 29, 2008

El tío Fernando


El tío Fernando no era una persona especial. Al menos, a primera vista. No era inteligente, no era especialmente sensible, tenía un carácter fuerte y difícil... pero era el tito Fernando. Hay personas que son grandes sin tener grandes cualidades. Grandes en sí, grandes por estar ahí toda una vida, por lo que sus gestos, sus palabras y su presencia significan para nosotros sin que ellos lo sepan. Creo que ese era el caso de mi tío Fernando.

Como gran parte de los malagueños, hablaba sin parar. Recuerdo que lo visité unos días cuando fui de archivos a Málaga para la tesis doctoral. Me quedé en su piso. Pasábamos la tarde en la terraza, viendo el tráfico, al fresco, y él hablaba de su vida. Sin que se diese cuenta, yo lo interrogaba sobre la guerra civil, los años cuarenta, su trabajo, sus amores, el no tener hijos... La entrevista más difícil que he hecho en mi vida: al final opté por no tratar de casar las fechas o los acontecimientos y escucharlo tranquilamente. Así era él.

Mi tío tenía la grandeza de los hombres sencillos. La sencillez del que te ama, del que no pronuncia grandes frases ni ideas abstractas. Pero también la sencillez del hombre bueno, del abuelo que fue para todos sus sobrinos-nietos y del padre que fue para todos sus sobrinos.

Recuerdo que afrontaba la muerte con una tranquilidad absoluta. Antes de su operación, lo llamé desde Londres: "Espero estar en casa pronto, y si muero, pues mira, me encuentro con tu tía, que ya estoy cansado de vivir". Sin embargo, pasó dos meses en el hospital, tratando de agarrarse a la vida y, con ella, a todos nosotros.

Siempre me pregunté por qué estaba obsesionado con el tiempo. Su piso estaba repleto de calendarios y relojes. Antes de acostarse, meticulosamente, iba uno por uno cambiando la fecha para el día siguiente. Finalmente, antes de apagar la luz, besaba el retrato de su mujer que ya no estaba, mi tía Anita.

Ya nadie cambiará las hojas de los almanaques de su casa, ni dará cuerda a los relojes que marcaban sus últimos días de espera. Mi tío descansa para siempre enterrado en el tiempo, aunque él ya no pueda escuchar el tic-tac de sus horas. Lo haremos nosotros por él.

Thursday, July 24, 2008

30


Hace poco más de un año escribí un post, "29". Como este que ahora escribo, estuvo motivado por cumplir años, por dar un paso más en la vida... y un paso más hacia la muerte. Recordaba entonces que había perdido la inocencia, que la imaginación y la esperanza comenzaban a desvanecerse en mí. También hacía una declaración de mi inconformismo: no quería una vida de "mano, parque, paseo".

Ha pasado un año desde entonces. Hoy vuelvo a leer lo que escribí y permanece más vivo que nunca. Sigo con fuerzas para agarrar la vida hasta ahogarla y hacerla gritar, estrujándola contra mi pecho, sacando lo mejor de ella y, así, obteniendo lo mejor de mí. Pero amigos, los 30 son diferentes. Son más oscuros. Pasé ese día con un extraño pensamiento en la cabeza: por primera vez no sólo pensaba que me estaba haciendo mayor... sino que entró en mí la idea que me estaba acercando a la muerte.

Pensé entonces que era terrible. Terrible porque, como estos últimos días han dejado claro, tengo muchas personas alrededor que me hacen tremendamente feliz: algunas conocidas, otras en proceso de conocer y otras por venir. Excepcionales.

Pero por primera vez he avistado en el tiempo el punto de llegada, la muerte, el final. En un momento en que mis convicciones religiosas se desvanecen poco a poco, abrazo con más fuerza que nunca la vida y contemplo a la vez la posibilidad de desvanecerme. Pero esta imagen. Esta imagen hace que lo negro se vuelva claro, que lo dramático se vuelva natural y, por qué no, que la muerte que algún día encontraremos todos se convierta en vida: "El camino al jardín del Paraíso", de E. Smith. Hoy sueño llegar al final de mis días con esa inocencia, con una mente joven y repleta de sueños; y llegar de la mano de alguien con quien, tras compartir los días, comparta la nada.

Friday, July 18, 2008

Invitación de última hora


Ayer se cumplió la fatídica fecha: 30 años a la espalda. Bueno, para celebrarlo y con ganas de mirar al frente y de seguir viviendo, expongo:

Que todos los lectores de este blog están invitados a una fiesta en mi casa este sábado 19. El evento dará comienzo a las 21.00. Traigan ustedes bañadores si quieren pero, sobre todo, muchas ganas de divertirse. Todos los lectores saben donde vivo, incluido Anonymousgr, que ya un día probó el sabor de las noches delarquianas, así como su amarga resaca. También antiguos profesores de inglés y demás amiguetes. Pueden venir acompañados si no traen con ustedes a una legión o manípulo. Para mas detalles, estoy a su disposición en mi teléfonó móvil. Ah, y todo, en Granada.

Y acabo con una cosa que me grito a mí mismo: ¡Larga vida a Bobby! (el treintañero)

Tuesday, July 15, 2008

Realidad > Ficción / Reality > Fiction


En ocasiones uno piensa que este blog es completamente ficticio. Que la red, el teclado y las pantallas no son reales. Pero hay momentos en que la vida te saca de tu error: lo cibernético y la realidad se cruzan en tu camino.

Era uno de los días más importantes de mi vida. Después de casi 15 años estudiando vinculado a la universidad, había llegado el momento: por fin optaba a un contrato, a una continuidad laboral... y las becas que tanto me han dado (incluido los miedos) quedarían aparcadas para siempre.

Jueves 3 de junio. Granada. Calor asfixiante. Estrés sin control. Logro salvar contratiempos de última hora (Nadia, ya he perdonado el incidente del curriculum y el vaso de agua). Bajo la cuesta de Cartuja. Todo dispuesto: excepto las tasas de la tramitación del contrato. Junto a la casa de una ex-novia había un Caja Granada, recuerdo. 1.30 de la tarde: no habrá demasiada gente, pienso. Pagar el recibo, todo listo, entregar la documentación en el Hospital Real... y pasaporte al futuro, a una vida cómoda, a una casa propia... y a Granada.

Entro en el banco. Alguien está en la caja, haciendo unos trámites. Bermudas, polo azul, cabello negro y tez morena. Se vuelve y me mira con una cara de sorpresa, de incredulidad; pero al mismo tiempo, una cara repleta de la complaciencia típica de la persona que sabe que algo debía suceder. Tuvo que verme agobiado. Yo sudaba, estresado, con mi camisa azul entreabierta. Amablemente, me sonríe tras mirarme de arriba a abajo: "Adelante, pasa antes, yo no tengo prisa"

No le doy importancia a su inusitada deferencia. Entonces, gestiono el pago. El administrativo, no muy hábil, pone pegas a mi gestión. "Contratación profesor ayundante doctor. Con este nombre tan largo no va a ser posible identificarlo". Entonces, el chico joven -porque es joven-, junto a una silla donde había dejando mi ordenador portátil, le ofrece una solución: "Incluya su nombre en quien realiza la transferencia". "Claro", respondo yo como si supiese más de bancos que el mismo JP Morgan.

Saco los 30 euros. Los pago. Firmo el recibo. Lo incluyo en la documentación... y, todavía sudando, dejo el banco. Antes, me despido amablemente del extraño joven.

Hospital Real. Llego al registro. Deposito la documentación. Todo correcto. Sólo cabe esperar.

Salgo por el patio lateral, mirando el agua de la fuente. Pienso que realidad, ilusión, informática, pasado y futuro se han cruzado conmigo esa mañana. Sí, Anonymousgr era el hombre del banco. Ha vuelto a quedar demostrado: la realidad siempre es más poderosa que la ficción.

Tuesday, July 08, 2008

El viaje de la media luna


El domingo pasado cogí un autobús desde Málaga a Madrid. Terrorífico: la máquina se caía a cachos, renqueaba subiendo cualquier repecho, íbamos apretados como sardinas, no había películas ni radio... Pero en la tripulación se dejaban sentir el "efecto AVE": el mortífero trayecto a Madrid queda reservado para las economías más humildes.

La media de edad de los pasajeros rondaba los 20-30 años. A mi lado, una chica con el pelo oscuro, piel más o menos oscura, labios amplios, muy de verano, algo nerviosa en su actitud, y con ropa bastante ceñida. Podría ser cualquiera de nosotros: en actitud y aspecto era andaluza por los cuatro costados.

Pero Rashida es marroquí. Nació en un pueblo junto a la frontera con Ceuta, en la zona de Tetuán. Lleva 7 años en España. Decía que su nombre significa "camino recto", pero desde luego, su vida en nuestro país dista mucho de serlo: ha tenido todo tipo de empleos, algunos de sus jefes la han explotado, aunque habla bien de algunos; algunos españoles han llegado a insultarla por la calle o a colgarle el teléfono cuando pedía trabajo y confesaba su procedencia; otros, sobre todo los andaluces dice, también se han portado bien con ella; y no lo duda: lo mejor del país es la sanidad. Ahora lucha por legalizar su situación. Pero aún no está segura: en su bolso llevaba un manojo de papeles, nóminas, e incluso tickets de supermercado para probar que vive entre nosotros.

Pero Rashida también es creyente. Hablaba emocionada del Islam, de cómo Jesucristo, bajo otro nombre, también es un profeta para ellos, de su relación con Dios... Siempre es un placer ver la cara y escuchar la voz de alguien que cree en algo y le hace feliz. Pero también estaba la otra cara, la de la moral, la que nos diferencia. Mientras que el autobús cruzaba La Mancha quijotesca, a la media noche, ella hablaba emocionada; yo la miraba y, por la ventana, veía una media luna perfecta. Habló entonces de lo malvados que son los judíos, de que no sería capaz de compartir su vida con un hombre que no se convirtiese al Islam, de la pérfida naturaleza de la mujer...

Aunque la media luna esté sobre nosotros, cada uno la mira de una forma. Cuando la vi marchar, con su maleta y su ropa occidental, pensé que la mayor lucha de Rashida no estaba con las autoridades españolas o con el desprecio de algunos de nosotros. Seguramente estaba consigo misma.

Saturday, June 28, 2008

Tardes de imposibles


Vi el pase a la final en Madrid. Casualidades de la vida, por esta ciudad han pasado esta semana mañicas, amigas granadinas... y gente de Michigan. Buscamos un cutre-bar en la zona de la calle Arenal, y empezó el espectáculo.

Era un local pequeño. Dos grandes mesas... pero abarrotadas. En una de ellas, un grupo de amiguetes madrileños, trabajadores del barrio (dependientes, fontaneros, empleado de loterías...), con perro incluido. Todos uniformados con los colores de España, pintados hasta las cejas (y las calvas). Y sobre su mesa, sólo un vaso, del que todos bebían. Era un florero de 5 litros de capacidad, que descansa en el bar desde hace años, esperando en una vitrina hasta que suceden eventos míticos como el del jueves.

En la otra mesa estábamos nosotros, cañeando, tapeando y cada vez más gritones. Rápidamente la atmósfera nos unió: gritos de España, insultos al árbitro, apoyo a la "roja"... nos llevaron a pintarnos también con los ya míticos colores, beber del florero, compartir las tapas...

Apareció por allí una cámara y una reportera de "La Sexta", que nos acompañaron durante todo el partido. Grabaron al perro, entrevistaron a algunos, y también tapearon con nosotros. El dueño del bar, también en ese éxtasis de camaradería, sacó una pata de jamón de lomo salado y dijo aquello de: "sirvase usted mismo". El hueso, por supuesto, fue para el perro, que aullaba apoyando a la selección.

El momento sublime fue el tercer gol. Un brasileño, hincha de la selección, dependiente de una tienda en esa misma calle, se levantó de golpe, comenzó a saltar, se subió en una mesa... y nos enseñó su trasero con alegría y postín. La cámara de "La Sexta" no perdía detalle. Y todos nos preguntábamos atónitos por qué el culo de nuestro atrevido compañero tenía un color tan rojo.

Tardes como las del otro día son extrañas pero merece la pena vivirlas. Son tardes que te sorprenden con lo inesperado y lo imposible. Tardes en las que hasta el príncipe y su señora están a punto de romper el protocolo y besarse; en las que abandonamos las fronteras sociales, saltamos y nos abrazamos con el vecinos; en las que rozamos una felicidad imposible olvidando los demás problemas; y, por supuesto, tardes en que gana la selección.

Thursday, June 19, 2008

Lamentos que duran una eternidad


Hay lamentos que duran una eternidad. Último día en Londres. Despedida de la ciudad. Visita rápida al British Museum: en una sala a media luz, más o menos escondida de la marabunta de turistas. Los relieves del palacio de Asurnipal, arrancados de sus paredes originarias, ya sin raíces, descansan en una sala apartada y callada de la planta baja.

Silencio a mi alrededor. Poca luz, casi penumbra. Y enfrente, ella, inmortalizada en su dolor. Atravesada por las flechas. Gritando en su última hora, despidiéndose de un cuerpo que deja de ser suyo, enseñando las fauces a un presente que la devora, que la sepultará en el tiempo y en la roca para siempre.

Han pasado más de 2800 años desde su muerte. Y todavía queda ahí, en un bajo relieve, petrificada, demostrándonos que cualquier tiempo pasado no fue mejor, dando ejemplo de su trágico fin, sin llegar a desvanecerse jamás. Es una fiera, pero su dolor es tan humano que conmueve. Hay pérdidas, sufrimientos, dolores que se arrastran para siempre, que marcan una vida y que hacen que el presente no sea igual. Porque el dolor y las heridas también nos construyen. Porque nos hacen ser quienes somos. Porque hay lamentos que duran una eternidad.

Saturday, June 14, 2008

Canciones para escapar (VI)

Varios dias desconectado. He dejado sin contar muchas cosas. Porque en algo mas de diez dias deje Londres, me despedi de todo aquello con sorpresa/promesa de ultima hora incluida. Volvi a Granada, donde solo estuve dos dias. Despues Madrid, (escapaba de mi ciudad?) compartiendo un par de dias geniales con mi hermana, los libros y nuestro pasado al calor de un ribeiro en un barato restaurante gallego. El jueves escape a Barcelona: concierto de Radiohead.
El concierto, en la tomadura de pelo del Forum, solo de "6" para un grupo "10". La mitad del publico se durmio y los temas no estuvieron bien elegidos. "Street Spirit", por ejemplo, no estuvo entre ellos.
Ahora fin de semana con noruegos y gente variada. Todo, en un atico alquilado junto a la calle Aribau, donde Carmen Laforet pasaria sus agnos de estudiante en su "Nada". Ayer Sagrada Familia y barrio gotico. Hoy Parque Guell y algo mas. Y magnana temprano, Madrid y Feria del Libro otra vez.
Lo dije hace tiempo: tengo suerte. Aunque "me desvanezca, otra vez". Nos vemos pronto.

Wednesday, June 04, 2008

Judíos y masones: “enemigos de España”


Como es sabido, para Franco los enemigos de España eran los “judíos, masones y comunistas”. Daría prueba de tan temible amenaza para la integridad de la Patria hasta en su último discurso en el balcón del Palacio de Oriente. Ante un Juan Carlos atónito, el anciano y entrañable dictador que decidió morir matando, como si de una receta gastronómica se tratase, diría aquello de: “todo responde a una conjuración judeo-masónica en lo social y comunista en lo político”. Un poco de masones y tres cuartos de kilo de judíos.
Esta semana tuve la oportunidad de acercarme a estos terribles enemigos de España. Me faltaron sólo los “rojos” (¡y los separatistas1), pero de estos ya conozco a algunos.

Primero fue el turno de los judíos. Fui a la presentación de un libro en una sinagoga española y portuguesa de Maida Vale. Era un templo de judíos sefarditas: aquellos hijos de Sión expulsados de España y, más tarde, de Portugal. Mis sospechas no se vieron confirmadas: los sefarditas de Londres no tienen rabo ni cuernos. Todo lo contrario: demostraron ser seres encantadores, muy educados, que todavía tienen clavado el exilio de su tierra. Y han pasado más de cinco siglos. Mantener su identidad está por encima de todo: aunque tienen un aspecto plenamente occidental, se preocupan constantemente por lo que fueron. Tras la presentación y el consiguiente vino, el rabino nos dio un paseo por algunos de los cuadros y retratos del templo: conocía a la perfección la fecha y nombre de sus predecesores. La mayoría de los asistentes eran ancianos, conversando en inglés e incluso alguno en ese español con ecos medievales. Al escuchar al autor hablar sobre el tema del libro, la vida de los judíos conversos en España entre el siglo XVI y XVIII, lo observaban con tristeza, con la mirada perdida. ¿Sería cierto aquello de que todavía conservan en sus bolsillos las llaves de las casas de las que fueron expulsados?

Y luego fue el turno de los masones. “La Gran Logia Unida” tiene su templo al otro lado de la LSE, por lo que era imprescindible conocerla. Visitamos gratuitamente el museo y un señor masón, también sin rabo y sin cuernos, nos ofreció un agradable “tour” por el edificio. En teoría la masonería nacería en la época medieval, se dice que impulsada por los canteros de las catedrales. Su principio fundamental es combatir la ignorancia, por lo que acogen en su seno a miembros de cualquier religión. Sostienen que la sabiduría puede cambiar el mundo y a los hombres, resolviendo cualquier problema. Utopía que, mañana mismo, podríamos abrazar cualquier de nosotros.
Visitar el “Gran Templo” fue sobrecogedor: una sala con símbolos masónicos en todas las dimensiones y colores. En un lado, casi en el centro, el sillón del “Gran Maestre”, actualmente el Duque de Kent. Y alrededor, 1.600 asientos para todos los hermanos. Impresionante. Al acabar, el guía se ofreció a responder “cualquier pregunta”. Me atreví a preguntarle qué se hacía en el templo, si se tomaban decisiones, se hacían discursos… Respondió que “las actividades del templo eran meramente ceremoniales”. Mi cara estupefacta de “no me has respondido” le hizo replicar: “las actividades del templo son secretas, salvo para los miembros de la masonería… pero en Internet puedes encontrar la respuesta”. Será por falta de interés o por reacción de repulsa… pero hasta hoy no lo he hecho; si algún lector conoce la respuesta, bienvenida sea.
En definitiva, dos ejemplos más de las oportunidades de la ciudad de Londres, donde es posible “bajar a los infiernos”, encontrarse con estos “seres infernales y diabólicos” y ver que nosotros también debemos ser criaturas del averno, pues somos tan parecidos…

Friday, May 30, 2008

Jordi


Y llegó Jordi Pujol. Desde luego, una de las cosas que aprendí ayer es que el aspecto tiene poco que ver con el liderazgo y el carisma político. Pujol paseó sus 78 años por la LSE, habló en un inglés casi perfecto (de gramática, que no de pronunciación), con los mismos "tics" que todos conocemos.

Reflexionó sobre los retos de Cataluña en el siglo XXI. Dio un repaso por los logros, problemas y defectos de Cataluña. Fue claro: ni su partido ni él quieren la independencia de España. Tan sólo aspiran a ser reconocidos y controlar algunas atribuciones. Su discurso fue de altura, independientemente de las opiniones que uno pueda tener. Si Carod era un propagandista, radical y sin fondo, Pujol era todo un líder, un político capaz incluso de hacer autocrítica en algún momento. Por ejemplo, admitió que no habían sabido explicar a España ni a sus regiones lo que pretendían, que habían estado distantes y que se habían olvidado de que España no era sólo Madrid.

Su discurso tuvo puntos de humor. Su personalidad le hace brillar y, seguramente, también su cultura: había leído a historiadores como John Elliott, hablaba francés, alemán e inglés (como mínimo) y también demostraba haber visto mucho mundo.

Al terminar el acto, estábamos encantados. Pero fueron pasando los minutos comenzamos a desinflarnos: pensándolo bien, Jordi no dijo nada. Pero sin duda algo más que Carod.

Tuesday, May 27, 2008

Josep Lluis


El 15 de mayo pasado nos visitó en la LSE Josep Lluis Carod Rovira, vicepresidente de la Generalitat catalana. Este post nace con todo el respeto que se merece alguien elegido en unas votaciones democráticas, pero no dejaré de exponer mi opinión.

La figura de un nacionalista que se declara de izquierdas es todo un retrato del estado patético al que ha llegado, en algunas cuestiones, el mundo contemporáneo. La nación y la igualdad entre los hombres son contradictorios: a la hora de gobernar y decidir, ¿qué pesa mas, el individuo o la nación? A no ser que estemos concibiendo las naciones como si de clases sociales se tratase, no entiendo nada; aunque bueno, eso lo explicaría todo.

Algunas pinceladas para situar a los lectores en el acto. Sala lujosa, con unos 60 asistentes. Según me comunica algún investigador amigo, llegó a contar 14 personas pertenecientes al séquito político que provenía de Barcelona. Si a eso le sumamos los alumnos de la sociedad catalana de la LSE y demás asistentes, y tenemos en cuenta que la charla fue impartida en catalán, comprenderemos el poco sentido crítico que tendrían las palabras de Carod en uno de esos "templos de la sabiduría", que diría Unamuno.

Vamos al contenido. O mejor, a lo que no se dijo: no se pronunció en ningún momento la palabra "España", y sí "Estado español". Tampoco se habló de la Comunidad Valenciana, Baleares o Cataluña de forma diferenciada: ni se empleó el término "Países Catalanes", sino "Cataluña" para referirse a todas esas regiones y, oh sorpresas de la geografía, al sureste de Francia ("Cataluña del Norte", fue llamada). También hubo sorpresas históricas: Cataluña tiene 1.200 años de vida cuando, oh ignorante de mí, pensaba que las naciones nacieron en el siglo XIX como fenómeno contemporáneo (Hobsbawm es un ignorante y yo sin saberlo).

El momento estelar llegó con las preguntas. Ninguna cuestionó el discurso homogéneo de Carod. A todo el mundo le pareció bien que Cataluña fuese sólo catalano-parlantes, que la identidad de los catalanes fuese homogénea, que no hubiese diferencias. En un momento dado, crecido ante un público fiel, domado y preparado para aplaudir, Carod afirmó que los "españoles y Madrid somos genéticamente centralistas". Hasta los más fieles se asustaron de sus palabras, pues el jefe del gabinete de prensa se levantó de su silla, se acercó a los periodistas y, apuntándoles con el dedo, les advirtió: "no apuntéis eso, que se ha pasado". En fin, homogeneidad al canto desde un discurso que pide el reconocimiento de su diferencia. Paradojas... o extremos que se juntan en un punto.

Durante la charla, mi amigo Peter, inglés e historiador, no paraba de darme con el codo y, con cara de sorpresa, apuntaba con su dedo a frases e ideas del texto repartido en inglés. Tras el acto, le pregunté qué pensaba. Respondió que le había parecido increíble, pero que también le había sorprendido que nosotros, sentados a su lado, estuviésemos tan indignados. Le comenté que quizá con el problema nacionalista de Escocia el se sentiría igual... y me contestó: "¿y a mí que más de da? Tengo cosas más importantes por las que preocuparme".

Seguramente el discurso homogéneo, victimista y, por qué no decirlo, esencialista del bueno de Carod es importante y consigue sacarme de mis casillas. Pero también es cierto que, a veces, la mejor respuesta es no prestarle atención y verlo en la distancia. El problema es que el nacionalismo, tanto español, catalán o cualquier otro, es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de otros. Pero lo cierto es que causa un hastío... En fin, mañana más: Jordi Pujol cerrará los seminarios.

Friday, May 23, 2008

Rincones secretos de Londres


A veces, para encontrar los "rincones secretos del alma", hay que visitar los servicios de chicas y echar un vistazo a sus muros. Algunas pruebas de ello en un bar londinense:

How do I know if he's the one? Is this love? (¿Cómo puedo saber si el es el chico de mi vida? ¿Es esto amor?)

Love is something you don't get (El amor es algo que no alcanzas)

Open your heart to love to enter (Abre tu corazón para que entre el amor)

Does anyone know what they want to do with their life? I have no idea. What's it all about? (¿Alguien sabe qué quieren hacer con su vida? No tengo ni idea. De qué va todo esto?)

Wednesday, May 21, 2008

Oslo, con suerte



Vivo entre las páginas de los libros y el aire de todo lo que me rodea. No hay tiempo muerto. O trabajo u ocio al 100 por 100. Probablemente este tipo de vida no parezca estable ni relajada, pero confieso que me he acostumbrado... y que seguramente a partir de ahora lucharé para que nada de esto cambie.

Este fin de semana nos escapamos a Oslo (Noruega). Me llevé a mis dos buenos amigos chinos a visitar a mis también buenos amigos noruegos. Como algunos lectores recordarán, ya nos vimos las navidades pasadas, e incluso en marzo en Londres. Prácticamente nos raptaron: debíamos conocer la fiesta del 17 de mayo, la Fiesta de la Constitución, el día nacional de Noruega. Esa era la excusa, pero el fin de semana no ha tenido desperdicio.

Oslo es una capital de provincia, fría, muy cara y muy bien ordenada. Pero a veces hasta en latitudes tan extremas pasan cosas excepcionales. Como que un grupo de noruegos, chinos y un español perdido acaben en un concierto del supremo Nick Cave. Como que en la fiesta de la Constitución nos inflemos de comer un desayuno noruego, español, chino, malayo y centroeuropeo mientras que brindábamos con champán. Y mientras tanto, el inglés, esa lengua tan ajena pero que a todos nos une, borraba las fronteras de países y seres tan distintos. Y también el alcohol, porque las calles de Oslo también estuvieron unidas por la cerveza noruega (e incluso las caipirinhas).

Al día siguiente, hubo tiempo para todo: para superar la resaca, visitar el fiordo de Oslo, el centro, la modernísima Ópera, el peculiar Vigelandspark (que razón tenías Polo), el Hollenkollen, el museo vikingo... o charlar con mi amigo Morten, tal vez la persona que más disfruta con una conversación, una confidencia o un pensamiento sincero.

Dos chinos, un español y muchos noruegos. Mi vida dista mucho de ser normal. Sé que es excepcional, que tengo suerte, mucha suerte.

Tuesday, May 13, 2008

La muerte de un perro


Hay cosas tan importantes en la vida, que al escribir un post como este a uno le tiemblan los dedos. Catástrofes que barren el globo. Injusticias que claman al cielo, al infierno o a cualquiera de los dioses que unen o dividen a los humanos. Por eso, hablar de la muerte de un animal, de un sólo animal, hace que se levante en mí el recelo de la culpa, el sentimiento de ser egoísta, de estar fuera de la realidad y de obviar los problemas que tejen o hacen sufrir al mundo.

Hoy ha muerto mi perra Malena. Algunos indicios me prepararon para el momento en que, en una conversación telefónica al final del día, he tenido conocimiento de ello. Ha sido en una clínica granadina. Las dos mujeres de mi vida tomaron la valiente decisión de interrumpir su vida, de acabar sus días.

Es complicado escribir sobre ellos, explicar la relación que tienen o han tenido con nosotros. Expresar cómo estaban con nosotros día a día, cómo nos han acompañado. Cómo nos miraban, se acercaban buscando una caricia o una mirada cruzada. Cómo esperaban al oirnos llegar y eran sinceros al vernos, agradeciendo nuestra presencia, una caricia, una palabra, un juego, un mimo. Y cómo, todo eso, era tan importante para nosotros.

Son tan poca cosa que pensamos que iban a estar ahí para siempre. Se hacen tan cotidianos que se hacen imprescindibles. Sabemos que llegará el final y, cuando nos viene a la cabeza ese pensamiento, lo apartamos rápidamente, pues quizá no queremos reconocer hasta qué grado nos importan. Nunca he alcanzado a comprender si son importantes porque nos ayudan, por el bien que nos hacen, o porque significan para nosotros mucho más de lo que reconocemos o queremos aceptar. Porque después de todo, somos sus "amos".

Después de todo, creo que sin ellos no sería yo. Gracias a ellos, cuando era niño, comprendí qué era la juventud, que era la vejez y qué era la vida y la muerte. Completaron el significado de palabras como fidelidad, nobleza, simpatía, compañía, alegría o cariño. Y también completaron lo que hemos vivido, pues desde hace mucho, han estado ahí: marcando los días con sus despedidas y sus bienvenidas en la puerta, haciendo que queramos volver a casa, a refugiarnos en ellos y a buscar el entendimiento y la comprensión que a veces nos humanos no nos damos.

Sean lo que fueren, son algo intrascendente para el resto del mundo. Tampoco tienen que cambiar la Tierra. Su pérdida seguramente será anónima salvo para un puñado de hombres, y seguramente, así debe de ser. Pero para esos, para unos pocos, cuando no estén la vida habrá cambiado.

Tuesday, May 06, 2008

Una ventana al lago Michigan


Que la vida no es lineal, que las ventanas del pasado se abren en el momento más inesperado, es algo de sobra conocido. Cuando menos lo esperamos, cuando estamos en el día a día de nuestro plácido y rutinario presente, se abren esas las ventanas de par en par. Porque son ventanas, no puertas: no podemos pasar por ellas, volver a deambular por aquellos días, ver esos espacios, hablar con las gentes que allí dejamos; pero sí podemos asomarnos a su recuerdo, ver una y otra vez lo que recordamos, revivir lo sentido, lo vivido, las alegrías y las penas que todavía hoy marcan a sangre y fuego lo que somos. Valoramos entonces qué ha supuesto aquello que hemos dejado atrás. Lo que no ha merecido la pena, ya sea bueno o malo, se difumina, se pierde, no vuelve a ser comtemplado. Pero lo que es importante, aquello que nos ha hecho lo que somos... retorna una y otra vez, acompañándonos en el hoy y condicionando lo que queremos que nuestro futuro sea. Es entonces, sólo en ese momento, cuando comprendemos en su justa medida lo que nos ha hecho felices e infelices, cuando separamos lo mediocre de lo excepcional, lo gris de lo brillante.

Hoy se ha abierto una ventana a Michigan. La excusa de unas más o menos corrientes fotos de barbacoa me han llevado otra vez allí. Hoy he vuelto a ver la inmensidad del Lago Michigan, su azul sin fin; las dunas blancas de Sleeping Bear Dunes; las casas de madera, idílicas, alzadas a más de metro y medio del suelo para escapar del frío; las sensaciones de andar, ya en manga corta, por las calles de Ann Arbor, por Main St, por Liberty St -la calle donde un día viví-, pasear por los parques, el campus o la biblioteca de la universidad. Y por supuesto, he vuelto a conversar con los amigos que allí dejé, a comunicarnos como solíamos hacerlo: hablando poco pero entendiéndonos más que he logrado entenderme con nadie. He vuelto a revivir las cenas con vino, carne, tabaco de liar y whiskey, a pensar que España y los míos estaban lejos pero que era feliz. Nunca pensé que todo aquello fuese tan importante. Nunca fui consciente: cuando más me alejo, cuanto más distante quedan aquellas noches, más vuelve a mí todo lo que fui y que, ahora, no puedo dejar de ser.

Tuesday, April 29, 2008

Si toleras esto... / If you tolerate this...

La memoria y la historia golpean la una en la otra, como las olas del mar en la interminable playa del tiempo.

“Si toleras esto, tus hijos serán los siguientes”. Esa es la respuesta que, un humilde campesino galés le dio al cantante y compositor de los Manic Street Preachers a su pregunta: ¿Por qué dejaste a tu familia, tu casa, tu tierra y fuiste a luchar como voluntario a España? Esa respuesta, que da título a esta canción sobre la guerra civil, siempre me había parecido llamativa. Sabiduría campesina, sentido común del hombre pegado a la tierra y a lo que más quiere, coraje en movimiento. Un día, en un libro vi un cartel dirigido a reclutar voluntarios para la defensa de la República: “If you tolerate this, your children will be next”. Este descubrimiento, pecado de historiador, no invalida poner en juego una vida por algo en lo que se cree.

Fueron muchos los que viajaron a España para ayudar a la República frente a los sublevados. Algunos de ellos célebres: George Orwell, André Malraux, el mítico fotógrafo Cappa, Hemingway… Otros eran hombres comunes, cuyos nombres se pierden en el tiempo o en el recuerdo de esas familias que cada vez los recuerdan menos, pues la muerte no diferencia entre republicanos o nacionales.

Conocí a algunos de esos hombres comunes el sábado. La organización de brigadistas, hijos de la guerra y exiliados españoles de Londres prepararon un evento conmemorando esos días: “¡Viva la República!”. Se sucedieron documentales, poesías, charlas, venta de objetos conmemorativos, confesiones de testigos… Fue algo agridulce. Dulce porque los ves en su mundo, reconocidos por sus familiares y amigos, charlando, abrazándose e incluso emocionándose con aquellos años, con un sufrimiento que marcó sus días. Y agrio porque nadie escapa al tiempo. Son cada vez menos los que quedan: el tiempo se los acaba tragando a todos. Ver a estos antiguos voluntarios, a esos niños envejecidos, con su mirada sonriente y perdida, sus pantalones de pana, algunos de ellos con boinas vascas, apoyados en sus bastones… entristece. Es obvio que el tiempo puede con todos nosotros. Pero quizá lo más triste es ver que quizá también puede con los sueños. Que no alcanzaron ni alcanzarán aquello por lo que lucharon. A cambio, tuvieron la tortura de que ese recuerdo, la trágica y mítica hora de la guerra civil, se convirtiese en el recuerdo central de su vida. Son seres sin importancia pero que, aún siendo vencidos, estando envejecidos, tienen en sus ojos la dignidad y la honra del que ha soñado, del que se ha atrevido a lanzarse a por aquello que creía.