
Ya en Granada. Pero estoy molido. Varios días de despedidas, cervecitas, actividades, viajes... y bienvenidas, cervecitas, actividades... y Congreso, que empieza ahora. El jueves fue genial. Un buen ejemplo de las oportunidades que te ofrece Londres y, peloteo aparte, la gente que he encontrado allí.
Carmen,
Carmina y yo fuimos a una exposición sobre el
sexo en el arte. Ni que decir tiene: interesantísima. No sé que era mejor, si las obras de arte (algunas de Picasso o de Bacon), conocer otras culturas (los sexos de los japoneses nos dejaron impresionados), las "performances" en vivo con tiíllos desnudos con las pelotillas apoyadas en el frío mármol, o los comentarios entre nosotros... después escapamos a la zona del Covent Garden. Y por supuesto: pintas. De ahí está tomada la foto. Nos acompañaron Yen, mi malayo compañero de piso, y James, amiguete de Hong-Kong. Estuvimos en la gloria. Ya sabéis que con un par de pintas (o una), el inglés sale a borbotones. Tras secuestrar a Carmen un poco más, la acompañamos al metro los chinos y servidor, como siempre, justo antes de que cerrase. Luego James nos llevó a un restaurante koreano barato y que acababa de descubrir: acabé la noche hablando con dos chinos, con un camarero koreano (del sur) contándonos su vida, y comiendo cosas de las cuales sólo conocía el arroz.
3 horas de sueño, maleta, puerta, tren... y al aeropuerto de Heathrow. Ni que decir tiene que casi pierdo el avión. Luego Madrid, después Granada, familia, amigos, perros y cañas con tapas. También Chivas 18 años en casa de Alex. Confesiones y reconciliaciones. El sábado, más bienvenidas. Mi compañero Antonio, hermano de Carmen (la del sexo, en fin, exposición), se plantó en Granada. Al final las cervezas y el poco sueño pasaron factura: el sábado empecé a sentirme mal del estómago. Domingo: madrugón (otra vez). Acompañé a (otra) Carmen (¿qué me pasa con las cármenes?) a una misa gregoriana en la Capilla Real, frente a la tumba de los Reyes Católicos. Al terminar, me sentía cada vez peor. Se ofreció invitarme a desayunar. Cuando caminábamos por la puerta de la catedral, la blasfemia ocupó su lugar: vomité junto a la puerta.
En fin, cómico, trágico, sentido, humor, amistad, viaje, despedida, bienvenida, Granada, Londres, hombres, mujeres, chinos, españoles, pintas, cañas y vino... hoy me despierto y, antes de salir a la facultad, me confieso a mí mismo lo afortunado que soy y, de paso, me pregunto si podré renunciar a todo lo que estoy viviendo. Y también de paso, caigo en que siempre me sale la vena existencial escribiendo posts...